domingo, 1 de mayo de 2011

Con Ernesto Sabato se va un tipo de intelectual, típico del siglo XX, un intelectual comprometido con la ciencia, la política y la cuestión pública


La literatura argentina despide a uno de sus íconos populares. El velatorio a Ernesto Sabato comenzó pasadas las 17 horas en el Club Atlético Defensores de Santos Lugares, que abrió las puertas de su salón de actos para que quienes esperaban en la vereda pudieran ingresar al velatorio del notable escritor, quien murió esta mañana a los 99 años. Desde ese momento, el ingreso de lectores, vecinos y admiradores es constante, y ya se han acercado hasta el lugar varias figuras de la política y el periodismo.



La primera en llegar fue la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, que aseguró que “conocer a Ernesto y Matilde – su compañera durante décadas – fue un gran honor y una satisfacción” y que “cuando se muere una persona tan buena e inteligente, el país sufre”. Graciela Fernández Meijide, que compartió con el autor de El túnel el trabajo en la Conadep, destacó sus principios, su ética, y su valentía “para aceptar formar parte y dirigir una comisión investigadora cuando nadie podía asegurar que los militares habían abandonado su ambición de ocupar el poder”.



Enseguida llegaron el diputado nacional Francisco De Narváez, que definió al escritor como “un gran argentino, no sólo un gran escritor sino un gran luchador por la libertad y los derechos humanos”, y Daniel Filmus, senador nacional y precandidato a Jefe de Gobierno porteño, que lo recordó como un humanista y como un “defensor de la paz”, más allá de la profundidad de su obra literaria, señaló el funcionario, que también destaco su rol en la Conadep.


José Miguel Onaindia, abogado y ex director del Centro Cultural Rojas, comentó que “con Ernesto Sabato se va un tipo de intelectual, típico del siglo XX, un intelectual comprometido con la ciencia, la política y la cuestión pública; él fue el último de todos ellos”. Juan Carr, presidente de Red Solidaria, coincidió con Filmus al definir a Sabato como “un hombre de la cultura por la paz, que marcó a toda una generación y que arriesgó su vida; merece un gran aplauso y que su herencia se desparrame”.



El salón del Club Defensores, donde Sabato pidió expresamente ser velado, mezcla los saludos a su hijo Mario, el silencio respetuoso, el olor de las flores – entre ellas, la corona que envío la presidenta Cristina Fernández de Kirchner -, y el llanto de muchos; que apenas salen cruzan la calle y leen atentos los mensajes que se multiplican en la puerta de su casa: “Gracias, maestro”, le dicen.


La presidenta, Cristina Kirchner, la secretaría de Cultura y la embajada de España ya enviaron coronas para expresar sus condolencias. También los vecinos acercaron flores y pegaron carteles expresando su dolor por la partida del escritor.


El adiós a un intelectual emblemático


El fallecimiento de Sabato fue confirmado por su colaboradora, Elvira González Fraga. "Hace quince días tuvo una bronquitis", contó en diálogo con Radio Mitre. "Estaba sufriendo hace tiempo, pero todavía pasaba algunos momentos buenos, principalmente cuando escuchaba música", le contó al canal de cable Todo Noticias.


Testigo y paradigma de su tiempo, la figura de Sabato adquirió una dimensión diferente luego de la dictadura militar con su labor al frente de la Conadep (Comisión Nacional de Desaparición de Personas).


Lejos de asumir un rol incontrastable, el autor de la trilogía de novelas "El Túnel" (1948), "Sobre héroes y tumbas" (1961) y "Abbadón el exterminador" (1974) fue un escritor y un ser humano polémico, cruzado por sus propias contradicciones, presentes en algunos de sus personajes literarios.


"Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año. Por el contrario, a menudo, en la tarde quemaba lo que había escrito a la mañana", declaró una y otra vez para referirse a esa obra que marcó las generaciones del 60 y 70 y se desdibujó cuando sus ojos comenzaron a fallar, para ser reemplazada por la pintura.


Sus escritos finales, que incluyen memorias y crónicas de la vejez, constituyen su postrera despedida con la escritura, más allá de algún destello vital como la conmovedora confesión de amor a su colaboradora Elvira Fernández Fraga, hoy al frente de la fundación que lleva su nombre.


Su figura recobró fuerza como portavoz de valores añorados por una sociedad atravesada primero por la dictadura militar y luego por el neoliberalismo de los 90. Su mensaje se concentró en los jóvenes: "Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía -dijo- serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido".


Sabato había nacido el 24 de junio de 1911 en la ciudad bonaerense de Rojas. Iba a ser homenajeado mañana en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, ya que este año iba a cumplir 100 años.


Durante su larga trayectoria, por solicitud del entonces presidente Raúl Alfonsín presidió entre 1983 y 1984 la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación, plasmada en el libro Nunca Más, abrió las puertas para el juicio a las juntas militares.


Sabato en 1984 recibió el premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana, por lo cual fue el segundo escritor argentino en recibir este premio, luego de Jorge Luis Borges en 1979.


En 1975, Sabato obtuvo el premio de Consagración Nacional de la Argentina y un año más tarde se le concedió el premio a la Mejor Novela Extranjera en Francia, por Abaddón el exterminador.


Luego, en 1977 Italia le otorgó el premio Medici y al año siguiente le otorgaron la Gran Cruz al mérito civil en España, y en 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.





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