jueves, 21 de abril de 2011

Delia Crochet, escritora-narradora rosarina de fina pluma y humildad, partió en su viaje sin retorno



Camino de sol y diamante



"Contar historias. No quedarme en las sensaciones. Contar qué le pasa a la gente. Narrar es relacionarte con el mundo", decía Delia Crochet en una entrevista. Con esas palabras definía su oficio de narradora, que ejerció con maestría y sutileza. En un ambiente como el literario donde la mayoría trata de hacerse visible, se destacaba por su bajo perfil, su humildad, su afectuosa capacidad de escucha.




Delia Crochet falleció el domingo pasado a causa de una enfermedad. Nacida en 1947 en Rosario, pasó su infancia y adolescencia en Totoras. "Mi vida en el pueblo es el paraíso perdido para mí. Tengo una cantidad de cosas en la memoria, vivencias muy intensas, lo que me da un espacio recurrente. La llanura, el tránsito a Totoras y de Totoras a Rosario, ese camino, el río Carcarañá, todo eso es mi paisaje", dijo.



Ese paisaje y sus personajes fueron la materia de muchos de sus relatos. Un mundo narrativo que elaboró casi en secreto, a través de muchos años y que al revelarse mostró a una de las grandes escritoras de Rosario. "Trabajé, formé una familia y después, sólo después, empecé a escribir", aclaraba a propósito de la aparición de su primer libro de cuentos, Bajo la quieta luz de un farol, con el que en 1999 ganó el premio Manuel Musto. Entonces tenía 53 años, una edad que los estándares editoriales sancionan como tardía para un autor. Pero el dato resultaba absolutamente insignificante al momento de leer sus relatos.



El premio Musto fue el punto de partida de su obra. Publicó relatos en varias antologías y otros dos libros de cuentos, Decir ahora (2007) y La forma de la manzana (2008). En 2000 inició una larga investigación sobre la vida de Irma Peirano, que permitió localizar textos inéditos y precisar circunstancias de la vida de la poeta rosarina y que finalmente dieron lugar a la reedición de su obra. También hizo entrevistas, crónicas y notas sobre escritores rosarinos, en este diario.



"Narradores de la talla de Delia Crochet, aprendices, genios, ciegos de palabras, seguirán escribiendo y mostrando a los ojos de quienes leen que no todo está perdido —dijo Angélica Gorodischer, a propósito de uno de sus libros—. Que el camino de sol y diamante se tiende desde la página frente a nuestros ojos hasta el remate de la torre que, esperemos, no llegará nunca al cielo". En ese camino persistirá su memoria, su palabra sencilla y profunda, plena de sugerencias y de belleza, imborrable para sus lectores.



fuente: diario LA CAPITAL, de ROSARIO

Pcia. de Santa Fe, 03-Abril-2011




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