lunes, 14 de enero de 2013

CARLOS ROBERTO MORAN, periodista y escritor santafesino y universal nos presenta "MICROHISTORIAS" del Dr. Jorge Taverna Irigoyen, quien es un reconocido crítico argentino de arte y presidió hasta hace poco tiempo la Academia Nacional de Bellas Artes.

Jorge Taverna Irigoyen es un reconocido crítico argentino de arte (presidió hasta hace poco tiempo la Academia Nacional de Bellas Artes). Médico retirado, ha escrito diversos libros, artículos y ponencias y sus preocupaciones culturales son vastas. En los últimos años viene escribiendo unas “microficciones” muy celebradas, puesto que en ellas confluyen la amplia erudición, el juego, la poesía y, también, un seco humor. Los lectores del blog ya conocen varias de ellas, publicadas en sus libros ”Fragancias de magnolias” e ”Historias verosímiles”
 

Ahora, como invitado del blog, de Taverna Irigoyen les hago conocer algunas de las muy buenas “micro-historias” de su inédito “Mundo de ortigas y azahares”:


Tendida en la esterilla, advierte que su alma se desprende para refrescarse en el estanque.


Entran al templo sobre la ribera de Nawa. Allí, en un altar dorado, fina como un cabello está la eternidad esperando. La beben con los ojos en una penetración intensa, y salen.


Un ramo de alelíes es suficiente para que la abuela sueñe que el samurai no ha muerto.


El emperador Sutoku se saca el gran manto de seda. Queda al descubierto su cuerpo de osamenta frágil. Se mira en la luna del espejo. Siente que alguien se acerca. Rápidamente vuelve a entrar en la vestimenta.


No es el jardín de Ptolomeo, rey de Macedonia, ni el palacio de los jardines colgantes. Es un jardín dibujado por el pincel de Foujita, en que cada estanque permite que un pececito –sólo uno- salte del agua a la palma de quien hojea el álbum.


Descuelgo el invierno de mis ojos. Es demasiado quieto, como si estuviera muerto. Y sin embargo, a Eloísa le gusta vestirse de hojas caídas, como si eso fuera un gran lujo. Ayer, -no sé si como castigo- los barrenderos la llevaron en el camión de la basura.



Abre el álbum de fotos familiares y se detiene en esa que sacaron en el invierno que nevó. Están todos muy abrigados, serenos, mirando fijamente al frente. Pero hay un hueco en la segunda fila. Falta tía Eulogia. Aquella que nunca tuvo buena relación con nadie. La que se fue a vivir sola cuando cumplió los veinte. La que nunca escribió ni asistió a los sepelios. Se ve que no estaba a gusto con nosotros y salió de la foto.


De mí heredarás nada más que el oficio, que te lo he enseñado bien. Si sabes ser cauto, nunca caerás preso, y ante denuncias, búscate un abogado sin escrúpulos, que ellos se entienden con los jueces probos. Pero eso sí: que todo termine contigo. No quiero que le enseñes el oficio a mi nieto. Él será doctor.


A Epaminondas (que todavía no sabe por qué sus padres le pusieron nombre de general griego) le encanta la jardinería. Pero nada de hablarle a las plantas. Cuando una se niega a crecer o lo hace inarmónicamente, le da con la pala. A la bromelia la golpeó tanto que se quebró toda y a los días murió. Ayer le avisaron los de la Sociedad Amigos del Jardín que hoy lo visitarán porque hay una denuncia.


No contará nunca lo del plagio. Tampoco la razón de no presentarse a concursos. Él sigue escribiendo para sí solo. Rompiendo, siempre rompiendo originales. Ella juntando páginas que después ordenará, releerá y finalmente rubricará con su nombre.


Colgado con las manos en alto, se balancea. Ha olvidado cómo debe bajar. No recuerda cómo subió. La viga cruje.


Estamos a yardas de la frontera. Tú no quieres llegar. Yo tampoco. Nada decimos y sin embargo la frontera se va desplazando según nos acercamos y hoy ya es inalcanzable.


Le han puesto de mote Buster Keaton a la vendedora de diarios del barrio. Nunca sonríe. Y sin embargo, hay algo dulce en ella. Alguien murmura que su madre murió de diabetes. Y que tiene dos hermanos más con la misma enfermedad. Hoy, cuando fui a buscar el diario, me sonrió con tristeza –por primera vez, lo juro- y cayó exánime en mis brazos.


Promesantes de la vida, han cruzado campos, han sorteado ríos. No los impulsa el amor. Los mueve el pedido de igualdad. Van ancianos. Van niños. Van hombres y mujeres fuertes. Igualdad para todos los pueblos del mundo. En cada lugar preguntan y van directo. Abren puertas. Violan ventanas. Y siguen. Les queda mucho por hacer hasta que no quede un solo político sobre la faz de la tierra…


Fue un milagro que olvidara las muertes familiares, los abandonos, las traiciones. Su cerebro se limpió de resabios y rencores y se sintió hombre libre. Hombre sin compromisos como para decidir que hoy domingo, después de la misa, se pegará un tiro.


Su vida vale un chelín, dijo el notario. Al menos, vale un chelín para su tío, que es lo que le dejó de su fortuna. Dice aquí que usted es rico en ilusiones. Y que, para él, no hay que cambiarle el esquema de vida porque el dinero ensucia y envilece la mente…


Después que pasó lo de la herencia, Eudoro razonó que algo de perspicacia animaba a su tío. Entonces, tomó una a una las ilusiones, las miró y acarició con ternura y, finalmente, les rompió el cuello sin clemencia.


Esta noche viajo a Carmagnola, en el Piemonte. Unas horas y regreso. Es il mio mestiere, con las pompas fúnebres de la región. Soy el primo de Roma, que llega al velatorio para prestigiar al muerto ante los amigos de sus familiares. Cuando entro, siempre un murmullo y decenas de ojos curiosos siguen mis pasos hasta el féretro. Discreto, doy la mano, algunas palabras de circunstancias y quizá el pañuelo. Después, salgo al aire. Mañana tengo otro en Portognaro, en el Veneto… 

fuente:http://lacomunidad.elpais.com/cmoran24/2013/1/13/el-invitado-jorge-taverna-irigoyen

Es el Blog del excelente escritor y periodista
santafesino y universal,Carlos Roberto Morán 
Publicado aquí por una previa autorización de Carlos
Roberto Morán. 
  

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