viernes, 12 de marzo de 2010

Lucía Topolansky, la dama de la otra orilla. Esposa de Pepe Mujica, nuevo presidente de Uruguay, la senadora cuenta su pasado tupamaro y su presente

MONTEVIDEO.- Seguramente, si se habla de Lucía Topolansky, mucha gente no sabrá de quién se trata. Si, en cambio, se alude a ella como Lucía de Mujica, la primera dama de Uruguay, su nombre podrá resultar más familiar. Pero sería injusto. Porque Lucía Topolansky Saavedra, nacida en Montevideo el 25 de septiembre de 1944, es una política uruguaya de larga trayectoria, perteneciente, junto a su hermana melliza, al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) desde 1967.
En ese momento conoció a José Mujica, con quien comenzó una relación de pareja. En 1972 fue apresada por la policía y detenida hasta 1985, cuando se firmó la amnistía. En el año 2000 ingresó en la Cámara de Diputados. En las elecciones de 2004 encabezó las listas del Movimiento de Participación Popular (MPP) y su sector político fue el que más votos recibió dentro del Frente Amplio. En 2005, después de varios años de convivencia, se casó con José "Pepe" Mujica. El 25 de octubre de 2009 fue elegida senadora.
Esta mujer, de 65 años, habla de todo en forma muy tranquila, haciendo sentir al otro confortable, incluso cuando se refiere a su salud, ya que parece haber salido airosa de un reciente cáncer de mama. Explica cada paso de su vida de manera amable, fácil, sencilla. Su pensamiento es elaborado, pero no se hace la intelectual: lo es. No se hace la socialista: lo es.
La cita es a las 11.30, en la sede del MPP, en pleno centro de Montevideo, y llegamos en compañía del ex embajador argentino en Uruguay Hernán Patiño Mayer. Se saludan con un abrazo. Tienen una buena amistad. "Lo vamos a extrañar", confiesa luego.
En la sala en la que se apresta para la charla hay una gran foto del Che Guevara, una bandera uruguaya y diversos afiches de la campaña Mujica-Astori.
A las 13.30 nos trasladamos hasta Rincón del Cerro, a 20 km del centro, donde está su chacra, en la que cultiva flores y alfalfa. Una casa muy modesta. Unas plantas de lavanda prácticamente tapan la entrada del alero. Paredes sin pintar y techo de chapa, un aljibe, pasto crecido, perros. Mezcla de casa y taller. Ella, pelo cortito con sus canas, pantalón marrón claro, camisa blanca y zapatos negros muy cómodos.
Todos hablan del Pepe Mujica y de Lucía. Ella va a la farmacia, camina las cuadras necesarias, compra el remedio indicado y nadie la acompaña. Ninguna formalidad.
"Voy a ser durante quince días vicepresidenta de la República, y Tabaré, presidente", dice, orgullosa. Cuenta que la modista le está haciendo un trajecito. Tacos no puede usar porque está operada de la cadera y le han colocado una prótesis. El pelo se lo está dejando más largo para hacerse un corte especial. Mañana tendrá que esperar por Pepe -presidente electo de Uruguay- en la puerta del Palacio Legislativo. "Lo tengo que acompañar hasta la Asamblea General; ahí le tengo que tomar el juramento."
Es muy interesante escucharla comparar la experiencia uruguaya con la argentina. Habla sin rencores. Estuvo trece años presa y no se hace la víctima. Habla con mucho respeto. Nadie la trata de usted.
-Esta pareja tan relajada, sin ningún protocolo, ¿va a poder mantenerse invicta a los ofrecimientos del poder? Hablo del auto oficial, los adulones...
-Sí, bueno..., ahora, a partir del 1° de marzo, vas a ver que eso no se va a dar en Uruguay [se ríe]. Pepe va a tener un auto de Presidencia, pero no te extrañes de que un día salga en el auto de él porque se le antojó ir a tal lado.
-¿No tiene miedo de que Pepe cambie?
-No, no [convencida]. A la edad que tiene y con la vida que tiene, no va a cambiar. En eso, no va a cambiar. El va a pelear por no poner distancia con la gente.
-Dan ganas de apostar. ¿En un año nos volvemos a ver?
-Nos vemos, vas a ver que yo tenía razón [se ríe]. Nosotros, habitualmente, los sábados o los domingos vamos a una feria que hay cerca de casa, una feria que es toda de chacareros donde la gente que produce lleva en forma directa sus productos. Y como en casa se plantan flores y alfalfa, hago compras para la semana. Esa costumbre siempre la tenemos, desde tiempo inmemorial. Después de que lo eligieron a Pepe hemos seguido yendo y la gente ahora grita: "¡Mirá, está Pepe, está Pepe!". Se empiezan a juntar, y entonces se sacan fotos, y piden firmas. Vamos con la perrita.
-Pero, Lucía, la vida no ha sido tan amable con usted. Salvo Nelson Mandela, no conozco a nadie que haya estado tanto tiempo preso por cuestiones políticas.
-En el mundo hay unos cuantos. La dictadura uruguaya, que en esencia pudo haber sido igual a la dictadura argentina, prefirió tener a la gente presa, aun tratándola de enloquecer y no desaparecerla [habla lento y claro, para dar énfasis al concepto que quiere expresar]. Esa fue una opción consciente, porque los militares argentinos venían acá, visitaban las cárceles y decían: "Y estos, ¿por qué están vivos?". En Uruguay hubo muertos, fundamentalmente en enfrentamientos, algunos otros en tortura y algunos desaparecidos, pero comparado con Argentina te diría que nada.
-¿Cómo es tener una hermana melliza?, ¿es vivir en espejo?
-Preguntale a Mirtha Legrand, que tiene una hermana melliza que, además, no se produce... Es tener que aprender desde muy chico a pelear por tu identidad. Y máxime cuando yo era niña, que buscaban vestirte igual; cuanto más igual era como que les parecía mejor. Entonces, tú peleabas por diferenciarte, por tu personalidad. Pero después hay un momento, en esa misma infancia, en que siempre tienes un compañero de juegos, alguien que está en la misma que tú.
-El haber ido al Sacre Coeur, un colegio de monjas dominicas, ¿ayudó a buscar actitudes heroicas?, ¿ayudó a esta idea de la lucha armada?
-Claro, fíjate que yo estuve presa con una monja que había sido profesora mía de francés. Yo les reconozco a la orden de los dominicos que es una orden peculiar, de grandes pensadores, teólogos. Y ellos son predicadores, hacen misión. Dentro de lo que era el ámbito montevideano de aquellos años, eran monjas progresistas, te diría, de avanzada.
-Leí una entrevista de la agencia EFE en la que parecía que usted seguía reivindicando la violencia. Y luego salió a aclarar. ¿Qué pasó?
-Yo percibo que los europeos no conocen a los países pequeños de Latinoamérica. No conocen su historia. Entonces, para que nos ubiquen, nosotros siempre damos como referencia si estamos al lado de Argentina o de Brasil. La periodista me preguntó si yo alguna vez volvería a usar las armas. Yo le contesté: mire lo que le pasó a Obama cuando asumió, hace un año. El dijo: "Voy a cerrar la base de Guantánamo y me voy a retirar de Irak". Y ahora no pudo cerrar Guantánamo y está mandando tropas a Afganistán. En política, nunca digas nunca.
-¿En qué momento se enamoró de Mujica?
-Lo conocí en la militancia en un local. Y ahí se dio. Yo lo conocía de bastante tiempo atrás.
-¿Era seductor?
-Y, bueno, sí. En la lucha clandestina, el ser humano está bastante solo, porque ha cortado con su familia. Entonces, por eso, tiene lugar el afecto, tiene lugar el amor. Erich Maria Remarque, que cuenta toda la Primera Guerra Mundial, dice: "El ser humano en las trincheras se conoce desnudo". Y es ahí cuando lo quieres más. ¿Sabes por qué? Porque lo ves con todas sus virtudes y todos sus defectos; sin nada, sin maquillaje.
-Hablemos de los 13 años de cárcel: ¿cómo es?, ¿cómo pasan los días?, ¿cómo es el día a día?, ¿cómo se espera?, ¿cómo se hace para soportar?
-Y, uno se tiene que defender, ¿no? Cuando está en una situación así, se tiene que defender. Yo siempre partí de la base de que de algún modo iba a salir. Salí en el año 85, y allá por el año 73 un oficial, que me hostigaba, me decía que había soñado que él vendría dentro de miles de años y yo seguiría estando presa. Entonces le dije: "Mira, ni te preocupes, porque si en doce o trece años no me voy por la puerta grande, me voy a ir por la chica". Y se dejó de embromar.
-¿Cómo se hace para que pasen los días? Pepe decía que hablaba con las hormigas, ¿y usted?
-Pepe y un puñado de compañeros estuvieron en aislamiento total. Esa es una circunstancia que yo no viví y que es durísima. Yo tuve períodos de aislamiento, pero en el grueso de mis años de cárcel estuve con otras mujeres. Entonces, tú tratas de hacer actividades, de llenar esas veinticuatro horas del día. Si no teníamos libros, porque se les había ocurrido a los militares sacarnos los libros, escribíamos y nos leíamos, nos contábamos. Quien sabía una cosa se la enseñaba a la otra; hacíamos cursos de idiomas. Increíblemente, el día se te iba.
-¿Sabía qué pasaba afuera, en la política, en el mundo? ¿Qué les decían? ¿Cómo se informaban?
-Muy, muy poco. Nos enterábamos por las compañeras que caían, que te contaban lo que iba pasando. Ellos tenían una red de parlantes, pero trataban de pasar todas las cosas tétricas. Si mataban a unos compañeros en la Argentina, esa noticia te la pasaban con todos los detalles, para que quedaras bien amargado. Cuando mataron a Salvador Allende, pasaron con lujo de detalles cómo habían bombardeado La Moneda. Todo eso te lo informaban bien. Pasaban todo con marchas militares.
-¿Usted cree que su tema de salud actual es consecuencia de aquellos años?
-No sé... Yo tengo un cáncer maligno del que me he salvado [completa la frase con una risita un tanto irónica]. Yo lo asocio al estrés de la militancia del hoy, que...
-¿En serio?
-Yo me mato por la militancia. Soy una persona adicta a la cuestión militante. Lo asocio más a eso.
-¿Nunca pensó en el suicidio?
-¡No! Creo que hay que tener mucho valor para suicidarse... [en voz más baja]. Pensaba en el futuro, hacía hipótesis.
-¿Cómo se enteró de las elecciones de 1983 en Argentina?
-Más o menos nos enterábamos. Yo estuve presa con dos muchachas que eran argentinas y montoneras. Las habían detenido junto a un grupo de gente en la frontera, en uno de los operativos Cóndor. A algunos se los llevaron para la Argentina y a otros los trajeron para Uruguay. Entre los que vinieron, el más conocido era Miguel Angel Estrella, el pianista.
-¿Pudo entender el fenómeno del peronismo?
-Con las dos muchachas argentinas peleamos muchísimo. Discutíamos de política, y discutíamos el fenómeno del peronismo, porque si no se entiende el peronismo, no se entiende a la Argentina. El día que se iban en libertad les cantamos la marcha peronista para despedirlas.
-Usted sabe que, más allá de la ideología, hay una estética de la izquierda y una peronista. La estética peronista es un poquito de taco aguja, un poquito de pelo arreglado, largo, y maquillaje. En mis años de facultad, las chicas de izquierda usaban taco bajo, nada de pintura, como usted.
-Yo tuve veinte y también me gustaba tener pinta. Tenía el pelo largo y era bastante hincha de la minifalda. Después, probablemente en los largos años de cárcel, que te decantan lo superficial de lo trascendental, aprendes a vivir como dice Machado: liviano de equipaje, casi desnudo. Yo no critico a nadie... Yo lo que pido es libertad. Me parece fantástico que cada uno se empilche de lo que sea... Me parece muy bien que Evo Morales se vista con la tradición boliviana. No critico nada, porque yo lo que pido es libertad.
-Entonces, usted, no tiene una mirada crítica sobre lo que se llama frivolidad...
-No, si la persona se siente mejor. Esto tiene mucho que ver con el estado de ánimo o del alma de la gente y si quiere expresarlo exteriormente, está muy bien que lo haga.
-En los momentos extremos, ¿piensa en Dios?
-Yo no soy creyente en un Dios así, formal, como lo puede formular el catolicismo o los protestantes o quienes sean. Mi familia era un tanto sui géneris, porque mi padre era batllista. Los batllistas eran todos ateos: escribían "dios" con minúscula y los curas eran "los pollerudos". Todo bastante despectivo. Mi abuela paterna era luterana. La familia de mi madre era católica. Entonces, cuando llegaba Navidad, íbamos todos a misa de gallo y mi padre y mi abuelo se quedaban. Y nadie me explicaba nada.
-¿Cómo le impactó la Revolución Cubana?
-Mira, recuerdo haber estado un mediodía en el patio de mi casa escuchando Radio Carve, que transmitía la caída de La Habana, y en mis manos tenía un diario con un juicio de Fidel Castro: "La historia me absolverá". ¡Hay que ver lo que era la dictadura de Batista! Para entender a Fidel hay que entender su contexto.
-¿Llegó a ser su ídolo Fidel?
-Yo no tengo ídolos así, como ahora se usa en la gente joven. Tengo gente que admiro históricamente.
-La guerrilla en Uruguay hizo su autocrítica; la argentina, no. ¿Por qué será?
-Este país parió el Congreso del Pueblo: se juntaron todos los sectores sociales y sindicales, la gente con inquietudes y se discutió un programa de gobierno: cómo debía arreglarse el Uruguay. Como consecuencia de ese Congreso se formó la Central Unica de Trabajadores. Nosotros tenemos una sola central, no tenemos un divague [elige la palabra] de cosas. También una Central Unica de Estudiantes. Y en esos años también nace la guerrilla. Entonces, es el mismo Uruguay que pare distintas cosas. Y nace el Frente Amplio, esa cosa que le cuesta tanto a la gente que no es uruguaya entender, esa unidad en la diversidad.
-Este personaje militante que es usted, viendo el caso Bachelet, el caso Cristina Kirchner, el caso de Dilma Rousseff, ¿se plantea ser presidenta o candidata?
-[En voz más baja] No me planteo nada. Ahora me planteo ser senadora y pelear por este período de gobierno. Este período lo termino con setenta años, y tanto Dilma como Fernández y Michelle Bachelet son mucho más jóvenes que yo.
-Lucía, ¿cómo se toman las decisiones en esta pareja? ¿Cómo es un día de esta pareja?
-Pepe se tiene que levantar a hacer el mate aunque sea presidente; lo va a tener que hacer [se ríe].
-¿Escuchan radio?
-Sí. A Pepe le gusta escuchar el informativo agropecuario. Viste que a esa hora casi todas las radios tienen. Y después, el informativo común lo escuchamos, porque es lo primero que uno tiene.
-¿Y luego del mate?
-El desayuno lo hago yo, porque Pepe es muy torpe para el tema de la cocina. Además, a mí me gusta cocinar, y nosotros somos dos. Lo de mi casa es una papa.
-¿Cocina bien?
-Sí, cocino bien. Me sale bárbara la pizza, sé hacer pascualina, sé hacer pasteles, empanadas... A él le gusta lo que yo le cocine. Le pongo la mesa bien adornada, porque me gusta la estética de la mesa. Nos gusta tomar un poquito de vino con el almuerzo o con la cena. A veces miro el canal Gourmet, porque aprendo cosas y me divierte experimentar.
-Hablemos de su familia y de su idea de una familia.
-Mira, yo vengo de una familia muy grande, sobre todo mi familia materna, que es fundacional de Uruguay: son descendientes de Cornelio Saavedra. Mi segundo apellido es Saavedra. [Se queda pensando] A mí me hubiera gustado tener un familión, pero yo...
-¿Familión significa hijos?
-Sí, hijos.
-¿Nunca pensó en adoptar?
-En el momento en que lo pensé, la ley uruguaya era tan complicada que desmoralizaba al más tenaz. Ahora, por suerte, hace dos años la pudimos modificar.
-¿Con qué se relaja y se divierte esta pareja, aparte de la militancia?
-Nos gusta ir a espectáculos de tango. Nos gusta el tango. Ojalá supiera bailar tango [suspira]. Me gustan Troilo, Piazzolla. Estos días que estuvimos en la Argentina, fuimos a El Viejo Almacén. Me reconforta que haya bandoneonistas de pelo largo, porque quiere decir que la juventud hizo suyo el tango. Mi tango preferido es "Che bandoneón", cantado por Héctor Mauré.
-Hablemos del mundo. ¿Qué significó para usted François Mitterrand?
-El socialismo francés es, antes que socialismo, francés. Es europeo. Ellos no tienen incorporado el concepto de "internacional". Los intereses de Francia están por sobre todo. Entonces, vos no ves demasiada diferencia cuando viene un gobierno de una orientación diferente.
-¿Y le pasa lo mismo con el socialismo español, con Felipe González?
-España me duele de una manera diferente. Yo conocí la España franquista. Estuve en el 63 en España, y vi a esa España doliente pero luchadora. Y ese año lo conocí a Perón en Torremolinos. Después volví a España, a esta España actual. Hay cosas en las que España se europeizó muchísimo. Mi gran discrepancia es la monarquía, porque yo soy republicana. Ahí, ellos tuvieron que transar: un socialismo monárquico. Es raro, ¿no?
-Cuando tenga que saludar al rey, ¿cómo se imagina?
-Bueno, veré lo que hago. Al príncipe ya lo saludé. Mira, yo respeto la cultura de todos, pero no viajaría a Irán si me tengo que poner velo. Pero respeto que ellos quieran el velo.
-¿No le haría una reverencia a la reina de Inglaterra?
-Con la reina de Inglaterra tengo un problema que te lo voy a explicar en dos palabras. Desde que lo vi a [Antonio] Gasalla imitando a la reina de Inglaterra, ya no la puedo mirar con demasiada ceremonia, ¿entiendes? Me pasa eso [risas].
-¿Le dijeron que usted tiene un aire a Michelle Bachelet?
-Michelle Bachelet me parece una mujer estupenda. Qué lástima que en Chile no exista el mecanismo de la reelección, porque irse con un ochenta por ciento de aprobación... Me da pena por Chile. Con Piñera me preocupan los organismos que tenemos en común en Latinoamérica: la Unasur, organismos nuevos que habían empezado, que tenían un promisorio futuro. No sé qué va a pasar, pero desearía que esa magia que conducía hacia la patria grande no se rompiera.
-¿Quién tiene esa magia?, ¿Lula?
-Sí, Lula la tiene, la tiene Morales, la tiene Correa, la tiene Chávez... A su modo, la tiene Alan García. La tiene Lugo, la tiene Fernández.
-¿Cuál es su opinión acerca de Chávez?
-Mira, yo creo que Chávez es víctima de los esquemas de la prensa internacional. ¿Por qué digo esto? Porque los caribeños, los tropicales, son exuberantes, son coloridos. Nosotros, los rioplatenses, somos agrisados; nuestro ritmo es el dos por cuatro, andamos con la pálida al hombro, criticones, todo eso. Pero ellos no, ellos son exuberantes y son floridos en la expresión, y les gusta hablar y mostrarse. Entonces, a mí, que Chávez hable una cantidad de horas, ni me fu, ni me fa, porque Chávez llegó legalmente, no le usurpó el gobierno a nadie; lo han reelegido. Y hay cambios. Hay muchísimos problemas en Venezuela, y hay mucha corrupción. Es un país que tiene mucha corrupción. Pero para la gente común hay un antes y un después de Chávez.
-Para una mujer socialista como usted, ¿cuál es su mirada sobre Punta del Este, lugar que parece la síntesis de la frivolidad?
-Sí. Pero nos deja muchas divisas [se ríe]. Es como si les dijeras a los cubanos: "Cerrá Varadero". Te van a decir que no. En realidad, es más argentina que uruguaya, y ahora hay brasileños y de otras nacionalidades, pero el grueso del turismo es argentino. Para nosotros, económicamente, es muy importante.
-¿Y será por eso que Mujica se reúne con los empresarios en el Hotel Conrad de Punta del Este?
-Yo tengo amigos millonarios y amigos recontrapobres, y puedo ser amiga de los dos, porque en realidad yo soy amiga de la persona, no de la plata que tiene o no tiene. Ahora, mis amigos millonarios saben que a mí no me van a poder usar para influencia política, porque las reglas del juego están claritas.
-¿Y los amigos de la política no van a poder hacerse millonarios?, ¿lo garantiza?
-Mis amigos de la política no se han hecho, por ahora, millonarios [se ríe]. Mira, en este sector al que yo pertenezco, todos los que tenemos cargos políticos tenemos un tope salarial. La organización política nos pone un tope. Lo que está por encima de ese tope hay que entregarlo todos los meses al partido. El tope es de treinta mil pesos [unos 1500 dólares]. El dinero va a un fondo para microcréditos que ayudan a una cantidad de gente que no accede a créditos bancarios. Otro fondo para comprar remedios o cubrir enfermedades y otro para formación política. Cada funcionario viene y entrega el sobrante acá.
Por Any Ventura
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Botnia, la cuenta pendiente
-¿Cuál es su posición sobre Botnia y el corte?
-Hay que conversar. Hay que encontrar una salida. No puede haber vencidos ni vencedores. Tiene que tener dignidad para ambos lados. Eso es lo más difícil.
-¿No está la idea de tirar abajo la fábrica?
-Si la fábrica se tirara abajo, sería la demostración palmaria de que empeoró la situación del río. Esa fábrica, de todos modos, fue concebida para que el día de mañana, si se quiere, en lugar de pasta de celulosa se pueda producir, a partir del chip de madera, energía eléctrica. Pero el río tiene un montón de problemas que no pasan por Botnia. Mucho antes de que entrara a gobernar Tabaré, Pepe mandó a un ingeniero forestal de nuestra confianza, lo mandó calladito la boca a Finlandia, porque en los viajes oficiales te muestran lo que quieren... Tenía que traer todo el relevamiento. El hombre fue, estuvo allá y la verdad es que vino sorprendido porque ellos contaminaron en su momento y se dieron cuenta de que ese no era el camino. Entonces, trabajaron técnicamente y han logrado estándares que nos convencieron. Y es ahí donde tenemos un punto de desencuentro con la gente de Gualeguaychú, en el que ellos manejan una información muy distinta de la nuestra. Ahora se discute más del corte que de la contaminación.

Domingo 28 de febrero de 2010 Publicado en edición impresa

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