lunes, 11 de enero de 2010
“Fascismo y nazismo en las letras argentinas”
Escrito por Daniel Muchnik*,
Un libro de Leonardo Senkman y Saúl Sosnowski.
Es un ensayo apasionante, vertiginoso y completo sobre la presencia de la extrema derecha, el racismo y la repercusión de patologías ideológicas surgidas al amparo del odio al bolcheviquismo en la literatura argentina. Algunos datos no son novedosos (la “novedad” no fue el propósito de quienes lo escribieron) pero el libro atrapa por el ritmo y la coherencia narrativa y por el análisis de vida y obra de los escritores que sus páginas van presentando y deshilachando.
Me otorgaron el honor de presentarlo en el Museo del Holocausto hace algunas semanas, junto al juez Daniel Rafecas y a uno de sus autores, Saúl Sosnowski, hombre vinculado a la historia y al fluir de las letras nacionales, desde siempre.
Saúl Sosnowski, argentino, es actualmente Profesor de Literatura y Cultura Latinoamérica de la Universidad de Maryland, Collage Park, y cuenta en su haber con varios trabajos de investigación sobre Cortázar, Borges y escritores judíos-argentinos. El co-autor es Leonardo Senkman que estudió en la Universidad Nacional del Litoral, es doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires y en estos días es profesor en el Departamento de Estudios Románicos y Latinoamericanos de programas académicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. A Senkman le debemos investigaciones claves sobre la identidad judía en la Literatura Argentina, el antisemitismo en la Argentina y sobre la inmigración de Europa del Este.
Es interesante tomar en cuenta que los “dueños de la tierra” y la Generación del 80, que promovieron en masa la inmigración a la Argentina (hubo algunas experiencias previas, emprendidas entre otros por Justo José de Urquiza ) miraron al extranjero como un elemento necesario para trabajar en el campo, cuidar al ganado y cultivar, pero al mismo tiempo lo mantuvieron a distancia, incluso como extraño objeto de curiosidad y de investigación. Tanto Ramos Mejía como José Ingenieros aportaron con su “Psicología de las Masas” herramientas de interpretación de ese fenómeno inmigratorio. Lo hicieron con una mirada desde el “positivismo”, cientificista, poco comprometida con el destino de esas masas. Había, en ellos, una especie de prejuicio de “elite”, de sobradora oligárquica mirada, aun siendo progresistas en su tiempo.
No todo el progresismo argentino entendió antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial la dimensión del exterminio judío. El tema “antisemitismo” no estaba demasiado presente en las publicaciones pro-aliadas. La especificidad de la Shoá no fue recordada por el antifascismo. Sí se habló del ingreso de inmigrantes nazis encubiertos bajo la protección del régimen del primer y segundo peronismo. Debieron pasar muchos años para que el antisemitismo ocupara el primer plano de la atención. Así, el Tribunal de Nuremberg atendió, para esas revistas progresistas, los “crímenes contra la humanidad” y sólo entre ellos, uno más, el crimen genocida. Ese criterio se extendió hasta 1960, hasta el secuestro por israelíes de Eichman en Buenos Aires.
El fascismo como ideología redentora de los grupos de ex-combatientes ya aparece desarrollado en la colectividad italiana en la Argentina con sus publicaciones y sus asociaciones, a partir de la década del veinte. El nazismo se instaló en la colectividad alemana en nuestro país y con fuerza en la década del treinta. Los pro-nazis levantaban las banderas del nuevo Terror en las colonias de rusos-alemanes en la provincia de Entre Ríos y brindaban una educación racista y antisemita en los colegios que mantenía la colectividad en Buenos Aires y en el Interior.
Fue el entusiasmo liberal anti-nazi de Alfredo Hirsch (dirigente del grupo Bunge y Born) y de la familia Aleman (cuyo jefe de familia fue periodista, padre de los dos hermanos, Roberto y Juan, de plena actuación en la vida económica del país en la segunda mitad del siglo XX) lo que posibilitó la creación del Colegio “Pestalozzi” que frenó la ideología totalitaria en las aulas.
No es de extrañar el comportamiento progresista distante en un comienzo frente a la masacre judía. Se ha dicho y repetido que un luchador antifascista, de abierto criterio progresista como el escritor Césare Pavese, uno de los responsables de la Editorial Mondadori en Italia, le rechazó en 1946 a Primo Levi la publicación de la primera versión de su brillante libro “Si esto es un hombre”, donde narraba sus terribles experiencias en Auschwitz. El argumento de Pavese fue: “Es una historia terrible, muy triste. Ahora debemos olvidar el horror de la guerra y las desgracias personales y pensar en el futuro”. Es el mismo Pavese que pocos después, desasosegado y aplastado por un rechazo amoroso se suicidará. Sólo quince años después Primo Levi, en 1961/62 pudo ver impreso su libro, que tuvo un rápido éxito.
En ese mismo camino los stalinistas rusos se negaron a hablar (eso duró hasta después de la muerte del sanguinario Stalin, en 1953) del genocidio, lo taparon y prefirieron señalar que las víctimas eran rusas, que el genocidio fue contra el pueblo ruso. Fueron los mismos que prohibieron los textos de Vassili Grossman (autor de esa epopeya literaria que es “Vida y Destino”), el primer periodista–cronista de guerra que llegó a los campos de exterminio y los describió minuciosamente.
Fueron, también, los mismos que asesinaron a figuras del mundo judío ruso, que persiguieron judíos, que maltrataron judios y los que engendraron el mito del “complot judío cosmopolita” contra Rusia. Todo con la anuencia del Kremlin. Después de la guerra se generó una intensa ola de antisemitismo en la Unión Soviética. Recientes trabajos de investigación, en especial de historiadores ingleses que obtuvieron documentos recientemente liberados al conocimiento de especialistas, demuestran el terror antisemita que primó en la Unión Soviética hasta el Congreso del Partido que en 1956 reconoció los crímenes de Stalin. Sugiero la lectura de una joya de la indagación histórica, obra de Orlando Figes, titulada “Los que Susurran”, publicado por Editorial Edhasa.
En la Argentina, escritores abiertamente antisemitas como Hugo Wast (pseudónimo de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría) fueron juzgados como escritores “católicos” por plumas de pensamiento liberal. Para Wast el judío domina al mundo cristiano. Director de la Biblioteca Nacional (todavía hoy lleva su nombre uno de sus Departamentos principales) cuestionaba a los judíos por querer controlar la República y fomentó la lectura de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Había un complot para conquistar la República y sus responsables eran judíos.
Es absolutamente cierto -señalan los autores de “Fascismo y Nazismo en las Letras Argentinas”**- que el catolicismo integrista e importantes sectores jerárquicos de la Iglesia pregonaron el antisemitismo en la Argentina, abiertamente a partir de la llegada de fascistas y nazis al poder en Europa. La revista Criterio, en esa etapa, dirigida por Monseñor Gustavo Franceschi (derrotado en una famosa polémica sobre la existencia de Dios por Lisandro de la Torre) se identificó con el anticomunismo, con el franquismo, sugirió la prevención contra la actividad religiosa de los judíos en el país. Si bien, para ellos, los nazis eran materialistas, paganos y “anticristianos” no dejaron de castigar al judío. Cuando se desató la guerra, en 1939, el nacionalismo católico integrista fue sin tapujo antisemita y pro-Eje, muchos de cuyos dirigentes provenían de Acción Católica. Los de Criterio manifestaron, por el contrario, piedad por la persecución de los polacos católicos pero no abrieron la boca frente al Holocausto y sus víctimas.
Otros escritores pidieron en la Argentina un Estado fuerte, autoritario y disciplinado y adhirieron por etapas al fascismo. Uno de ellos fue Manuel Gálvez, quien había pasado del yrigoyenismo al primer peronismo, admiraba a Mussolini y en la vida diaria se posicionaba como un “fascista católico”. Otro caso es el de Leonardo Castellani, quien había sido formado sacerdote en Italia, admiraba al Duce y el texto de sus discursos. Despojado de la virulencia antisemita nazi, Castellani reprochó la mentada “Insolenta Judaeorum” de los intelectuales judíos , que se mostraran, que se exhibieran y en ese terreno fue un gran cuestionador del editor Samuel Glusberg. Por supuesto que tenía “judeofobia” porque juzgaba que eran las víctimas las que creaban el “problema judío”. Su santo y seña fue siempre: “Hacer Patria”, “Hacer Díos”, enseñar a los judíos a “subordinarse” a la “Nación Católica”. Apoyó al franquismo y criticó el capitalismo liberal y ofreció su candidatura al Parlamento en 1946 por la Alianza Libertadora Nacionalista.
El libro de Senkman y Sosnowski es un aporte fundamental para el estudio en detalle de la ideología fascista en las letras argentinas. Es imposible sintetizar en una nota la gran cantidad de autores analizados.
* Lic. En Historia, escritor, periodista
** Ediciones Lumiere, Buenos Aires 2009
Especial para CONVERGENCIA
domingo, 13 de diciembre de 2009
Fuente: Revista Convergencia (1-12-09)
Mónica Russomanno: Historias versas y perversas

SALAMANDRAS
Las salamandras somos espíritus elementales, compuestos por las más sutiles partes del fuego, en donde habitamos.
Danzamos entre las llamas y en eso reside nuestra maravilla y nuestro horror. Nos retorcemos, sí , nos retorcemos rojas y transparentes, azules cuando una tristeza nos tornasola, amarillas de vitalidad, naranjas.
Somos salamandras, piernas de rama joven, brazos espiralados. Ah las abuelas que prohibían la contemplación del fuego, ah los jóvenes fascinados de amor y quemados por las llamas deseantes. Ah de los hombres que se deleitan se eclipsan se desmenuzan contemplando el fuego. Ah de los hombres y los espantos del infinito arder, del constante ardor, de la punzada fatal de entrever nuestros cuerpos delicados e inasibles.
Habitamos el fuego nosotras, habitamos el fuego. Nuestra factura es de aire y de la evanescente naturaleza de lo perecedero. En el fuego habitamos. Nosotras.
Espíritus elementales somos. No tenemos espalda, carecemos de detrás, de sombra, no poseemos otra cosa que nuestra danza y nuestro ofrecimiento. Bailamos nuestra música, chasquidos y desgarros tenues, una melodía silenciosa que se crea en el largo instante en el único y eterno instante de la combustión. El fuego compone su propia música silente, cadencia de hojas que se mecen, crecimientos y pausas con su propio son.
Somos salamandras, la perversa imaginación de las madres asustadas nos mintió reptiles, nos otorgó cualidades de iguana. Más sutil es nuestra naturaleza ígnea.
Sabemos de hogueras, de brujas, sabemos de hechicerías y de chispas que alcanzan a los desprevenidos o a los durmientes. Sabemos de la seducción de la figura apenas entrevista. De la angustia de escamotear la posesión, de ofrecer y no dar. De mostrarnos bellas y luminosas, cercanas. Tan lejanas sin embargo, tan en un lugar inaccesible. Sabemos aparentar cercanía y sabemos quitar lo que nunca se tuvo.
Ah de los hombres que ceden a la tentación de desearnos. Ah de esos hombres condenados a la insatisfacción, al lento derrumbarse de los leños, a la ceniza. Ah de esos hombres, de esos pobres hombres a quienes matamos dulcemente con nuestro amor.
Pero somos salamandras. Eso somos para nuestro atroz deleite, eso somos porque no puede escogerse la naturaleza ni la propia condición.
Soy una salamandra. Pueden nombrarme, también, mujer.
Las salamandras somos espíritus elementales, compuestos por las más sutiles partes del fuego, en donde habitamos.
Danzamos entre las llamas y en eso reside nuestra maravilla y nuestro horror. Nos retorcemos, sí , nos retorcemos rojas y transparentes, azules cuando una tristeza nos tornasola, amarillas de vitalidad, naranjas.
Somos salamandras, piernas de rama joven, brazos espiralados. Ah las abuelas que prohibían la contemplación del fuego, ah los jóvenes fascinados de amor y quemados por las llamas deseantes. Ah de los hombres que se deleitan se eclipsan se desmenuzan contemplando el fuego. Ah de los hombres y los espantos del infinito arder, del constante ardor, de la punzada fatal de entrever nuestros cuerpos delicados e inasibles.
Habitamos el fuego nosotras, habitamos el fuego. Nuestra factura es de aire y de la evanescente naturaleza de lo perecedero. En el fuego habitamos. Nosotras.
Espíritus elementales somos. No tenemos espalda, carecemos de detrás, de sombra, no poseemos otra cosa que nuestra danza y nuestro ofrecimiento. Bailamos nuestra música, chasquidos y desgarros tenues, una melodía silenciosa que se crea en el largo instante en el único y eterno instante de la combustión. El fuego compone su propia música silente, cadencia de hojas que se mecen, crecimientos y pausas con su propio son.
Somos salamandras, la perversa imaginación de las madres asustadas nos mintió reptiles, nos otorgó cualidades de iguana. Más sutil es nuestra naturaleza ígnea.
Sabemos de hogueras, de brujas, sabemos de hechicerías y de chispas que alcanzan a los desprevenidos o a los durmientes. Sabemos de la seducción de la figura apenas entrevista. De la angustia de escamotear la posesión, de ofrecer y no dar. De mostrarnos bellas y luminosas, cercanas. Tan lejanas sin embargo, tan en un lugar inaccesible. Sabemos aparentar cercanía y sabemos quitar lo que nunca se tuvo.
Ah de los hombres que ceden a la tentación de desearnos. Ah de esos hombres condenados a la insatisfacción, al lento derrumbarse de los leños, a la ceniza. Ah de esos hombres, de esos pobres hombres a quienes matamos dulcemente con nuestro amor.
Pero somos salamandras. Eso somos para nuestro atroz deleite, eso somos porque no puede escogerse la naturaleza ni la propia condición.
Soy una salamandra. Pueden nombrarme, también, mujer.
del Libro: HISTORIAS VERSAS Y PERVERSAS, Edit. ATE, Santa Fe, 2009-
ARGENTINA.
jueves, 7 de enero de 2010
Falleció SANDRO de America, cantante argentino y universal

De pecador a hidalgo
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
Hubo un tiempo en el que representaba el pecado. Era, claro está, un pecado módico, una sensualidad decorosa, un erotismo sudoroso y cuidado, a la medida de toda esa época ingenua.
Luego sucesivos mitos argentinos ocuparon aquel lugar transgresor e inquietante: el pecado se volvió entonces más ominoso y explícito en la Argentina. Pero Sandro no se cayó de su trono. Reconvirtió su sensualidad física en seducción intelectual, y sus bailes acrobáticos y pélvicos en parodias tiernas. Le bastó para seguir siendo un cantante popular inoxidable, que hasta se burlaba de sí mismo.
Con el tiempo logró "desgrasarse" sin dejar el target plebeyo, y acceder a públicos más sofisticados, que lo veían como un Sinatra criollo y kitsch, y lo seguían con una mezcla de perplejidad, condescendencia y profunda admiración en sus conciertos del Gran Rex.
Sabiéndose ya unánime, Sandro gozó al final hasta del prestigio, el Olimpo que no muchas voces románticas alcanzan en vida. Después de muertas, cuando se vuelven inofensivas, esas voces suelen ser canonizadas por las clases medias biempensantes y hasta por los intelectuales. Sandro consiguió ese extraño privilegio cuando estaba lúcido y relativamente sano, y gozó varios años de esas mieles.
Era, en los temas rápidos, una broma de su pasado. Una broma compartida con su público. Y era, en los lentos, un cantante excepcional, una deidad de la canción melódica.
Como celebridad, levantó un muro contra las miserias del chisme y la delación. Y a pesar de ser tan grande, jamás se dio importancia. Le oí pronunciar una vez una extraña frase: nunca consumas la mercadería que producís. No te creas la farsa del éxito, quería decir. No te entregues al personaje que inventaste ni al ambiente falsamente brillante que te arropa ni al ego que te acecha. No caigas en la tumba de la gloria. Es quizás por eso que Sandro jamás pretendió aparentar lo que no era: muchas veces se regocijaba incluso desarmando el homenaje pomposo que le hacían con un chiste de barrio. Un chiste revestido de una carcajada abrupta y mefistofélica.
Hacía ayuda solidaria y social en la más absoluta de las reservas, y era generoso con sus amigos: a varios los rescató de la mala, y les prohibió que se lo contaran a los medios.
Es curioso. Murió un ídolo argentino que era un caballero, un campeón de la cortesía, un milagro de la amistad, un hidalgo. No muere un demagogo, ni un profesional del escándalo, ni un improvisado ni un caprichoso ni un fabricante de rencores. Muere alguien que se parece a lo mejor que los argentinos queremos ser, y también a lo que lamentablemente no hemos sido.
Vaya redención para alguien que representaba el pecado.
FUENTE: La Nación - Buenos Aires-
Martes 5 de enero de 2010 Publicado en edición impresa
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
Hubo un tiempo en el que representaba el pecado. Era, claro está, un pecado módico, una sensualidad decorosa, un erotismo sudoroso y cuidado, a la medida de toda esa época ingenua.
Luego sucesivos mitos argentinos ocuparon aquel lugar transgresor e inquietante: el pecado se volvió entonces más ominoso y explícito en la Argentina. Pero Sandro no se cayó de su trono. Reconvirtió su sensualidad física en seducción intelectual, y sus bailes acrobáticos y pélvicos en parodias tiernas. Le bastó para seguir siendo un cantante popular inoxidable, que hasta se burlaba de sí mismo.
Con el tiempo logró "desgrasarse" sin dejar el target plebeyo, y acceder a públicos más sofisticados, que lo veían como un Sinatra criollo y kitsch, y lo seguían con una mezcla de perplejidad, condescendencia y profunda admiración en sus conciertos del Gran Rex.
Sabiéndose ya unánime, Sandro gozó al final hasta del prestigio, el Olimpo que no muchas voces románticas alcanzan en vida. Después de muertas, cuando se vuelven inofensivas, esas voces suelen ser canonizadas por las clases medias biempensantes y hasta por los intelectuales. Sandro consiguió ese extraño privilegio cuando estaba lúcido y relativamente sano, y gozó varios años de esas mieles.
Era, en los temas rápidos, una broma de su pasado. Una broma compartida con su público. Y era, en los lentos, un cantante excepcional, una deidad de la canción melódica.
Como celebridad, levantó un muro contra las miserias del chisme y la delación. Y a pesar de ser tan grande, jamás se dio importancia. Le oí pronunciar una vez una extraña frase: nunca consumas la mercadería que producís. No te creas la farsa del éxito, quería decir. No te entregues al personaje que inventaste ni al ambiente falsamente brillante que te arropa ni al ego que te acecha. No caigas en la tumba de la gloria. Es quizás por eso que Sandro jamás pretendió aparentar lo que no era: muchas veces se regocijaba incluso desarmando el homenaje pomposo que le hacían con un chiste de barrio. Un chiste revestido de una carcajada abrupta y mefistofélica.
Hacía ayuda solidaria y social en la más absoluta de las reservas, y era generoso con sus amigos: a varios los rescató de la mala, y les prohibió que se lo contaran a los medios.
Es curioso. Murió un ídolo argentino que era un caballero, un campeón de la cortesía, un milagro de la amistad, un hidalgo. No muere un demagogo, ni un profesional del escándalo, ni un improvisado ni un caprichoso ni un fabricante de rencores. Muere alguien que se parece a lo mejor que los argentinos queremos ser, y también a lo que lamentablemente no hemos sido.
Vaya redención para alguien que representaba el pecado.
FUENTE: La Nación - Buenos Aires-
Martes 5 de enero de 2010 Publicado en edición impresa
miércoles, 6 de enero de 2010
Los niños fumigados de la Soja o el asesinato lento pero seguro !
LOS NIÑOS FUMIGADOS DE LA SOJA
Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe
Diario La Capital
Las Petacas, Santa Fe,
El viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años.
Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar.
Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros.
'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama 'esquinero'.
Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el 'mosquito', desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad.
El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.
Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar..
Los rocían con 'Randap' y a veces '2-4 D' (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos.
Tienen un olor fuertísimo.
'A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.
No hay protección de ningún tipo.
Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos.
'Con el 'mosquito' hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados.
Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza.
A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados.
-Nos buscan dos productores.
Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital.
Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día.
No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados.
A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños.
El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas.
La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos.
No hubo avances.
Los pibes siguen de banderas.
Es en Las Petacas, norte profundo santafesino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.
Fuente: Diario La Capital, Rosario, Argentina
Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe
Diario La Capital
Las Petacas, Santa Fe,
El viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años.
Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar.
Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros.
'Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama 'esquinero'.
Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el 'mosquito', desde el punto del medio de la máquina y pararse allí', dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad.
El 'mosquito' es una máquina que vuela bajo y 'riega' una nube de plaguicida.
Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar..
Los rocían con 'Randap' y a veces '2-4 D' (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos.
Tienen un olor fuertísimo.
'A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara', describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.
No hay protección de ningún tipo.
Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que 'va más lerdo', dice uno de los chicos.
'Con el 'mosquito' hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor', agregan los entrevistados.
Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: 'Que tengamos cáncer', ejemplifica. 'Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza.
A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza', dicen las voces de los pibes envenenados.
-Nos buscan dos productores.
Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital.
Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día.
No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados.
A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso', remarcan los niños.
El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. 'No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo', dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas.
La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos.
No hubo avances.
Los pibes siguen de banderas.
Es en Las Petacas, norte profundo santafesino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.
Fuente: Diario La Capital, Rosario, Argentina
Etiquetas:
FUMIGACION AGRICOLA,
HERBICIDAS,
LA FORESTAL,
LAS PETACAS,
SALUD,
SOJA
martes, 5 de enero de 2010
Kamasutra: El libro electrónico más pirateado
El Kamasutra
El clásico libro hindú sobre comportamiento erótico, fue el e-book más descargado ilegalmente el año pasado, según el sitio Freakbits, que publicó una lista de los 10 libros electrónicos más bajados. "El tema erótico domina en al menos cuatro de los títulos escogidos por estos lectores" admiten desde el portal. La cifra de copias descargadas por cada título de esta lista de los 10 más requeridos, oscila entre las cien mil y las 250.000, según informó el portal español del diario El País.
Luego del "Kamasutra", aparece "Adobe Photoshop Secrets", un tutorial sobre este popular programa de tratamiento de fotos, mientras que el tercero es "The Complete Idiot`s Guide to Amazing Sex", cuyas copias usadas se venden por 59 centavos de dólar.
Más abajo, se ubica "The Lost Notebooks of Leonardo da Vinci", una guía práctica para instalar un generador de energía solar en casa, y el sexto lugar lo ocupa "Before Pornography - Erotic Writing In Early Modern England".
fuente:http://www.hoycorrientes.com/vernota.asp?id_noticia=26468
El clásico libro hindú sobre comportamiento erótico, fue el e-book más descargado ilegalmente el año pasado, según el sitio Freakbits, que publicó una lista de los 10 libros electrónicos más bajados. "El tema erótico domina en al menos cuatro de los títulos escogidos por estos lectores" admiten desde el portal. La cifra de copias descargadas por cada título de esta lista de los 10 más requeridos, oscila entre las cien mil y las 250.000, según informó el portal español del diario El País.
Luego del "Kamasutra", aparece "Adobe Photoshop Secrets", un tutorial sobre este popular programa de tratamiento de fotos, mientras que el tercero es "The Complete Idiot`s Guide to Amazing Sex", cuyas copias usadas se venden por 59 centavos de dólar.
Más abajo, se ubica "The Lost Notebooks of Leonardo da Vinci", una guía práctica para instalar un generador de energía solar en casa, y el sexto lugar lo ocupa "Before Pornography - Erotic Writing In Early Modern England".
fuente:http://www.hoycorrientes.com/vernota.asp?id_noticia=26468
sábado, 2 de enero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
Zulma Molaro, poeta, artista plástica, fotógrafa...argentina
Antes, mi cartera era silenciosa,
Antes, mi cartera era silenciosa,
los papeles escondían su secreto en el silencio,
deslizaba mi andar cuidando su callado misterio,
mi cartera era un cofre de tesoros,
los papeles tenían escenas de mi vida,
desaparecían poco a poco a medida que el tiempo los usaba.
Me di cuenta que pronto el silencio llamaríase a silencio,
y para que use medidamente el resto
algunos papeles convirtiéronse en monedas
y su sonido me advertía:
apúrate, no olvides el tiempo que te queda,
haz,
todo,
no nos dejes como migajas en el camino,
no volverás sobre tus pasos,
gástanos,
no te preocupes por la última escena.
Cuando el silencio sea nuevamente,
podrás dar vuelta la cartera
y un espejo blandamente caerá,
mostrándote al pasar tu rostro.
Zulma Molaro
Zulma Molaro, nació y vivió toda su vida artística en Santa Fe.
Sus actividades las desempeñó en pintura, fotografía, arte digital.
Realizó numerosa exposiciones de cada una de estas disciplinas.
Habiendo comenzado en su juventud al mismo tiempo artes
visuales y poesía, decide por la primera quedando la poesía
como deuda pendiente que ahora retoma con antologías,
plaquetas, Maratón Nacional de Lectura para escuelas
secundarias, Encuentros Literarios, Mesa de Lectura del
Encuentro de Escritores de la UNL, Miembro de la CD
de SADE Santa Fe Capital.
Etiquetas:
ARTISTAS PLASTICOS,
FOTOGRAFIA,
POETAS,
POETAS SANTAFESINOS,
ZULMA MOLARO
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









