Mostrando entradas con la etiqueta Susana Persello de Marconetti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Susana Persello de Marconetti. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de abril de 2012

Susana Persello de Marconetti , escritora santafesina: Cuentos Breves

La escritora santafesina Susana Persello de Marconetti quiso compartir con Nosotros algunos de sus cuentos breves de una serie inédita, a propósito del Día Internacional de la Mujer que se conmemoró el pasado 8 de marzo.

Sabina


Sabina en el barrio Barranquitas, a media cuadra de la avenida, calle de tierra y la vía cercana. Vecinos buenos, cercos de ligustros, zanjas de aguas olorosas, necesarias para apagar el polvo en las tardes calientes y regar calas saludables y generosas. El lechero, el panadero y el sodero, todos con sus ruidos y pregones, voces conocidas, repetidas a la misma hora de cada día durante tantos años.

Sabina y una vida plena por los años sesenta con todos sus hijos, y ya unos cuantos nietos.

El tren de la noche y su silbato, el chirriar de la barrera que se baja y vuelve a subir, arrancar de autos, lo mismo a las siestas. Travesuras de chicos en casa de la abuela. Silencios forzados, corridas de pies descalzos, vigilancia de dormitorios con plácidos ronquidos. Sabina y sus cucos, que el chupasangre, que el hombre de la bolsa o la llorona, no salgan, no abran, no griten, no... Viene tormenta, todos abajo de la mesa, miedo contagiado y dientes que suenan.

Sabina y su comida, toda rica criolla y gringa. Fideos amasados -cámbienme la tabla, ésta está rajada-, manos y harina confundiendo su blancura y algún dolor en las muñecas, el reuma que empezaba. Pasteles de carne con orejitas parejas, dorado justo y azúcar -apenas-. Empanadas y polenta, locro, buceca y torta negra. Colores, formas, sabores, todo a punto.

Sabina y su genio, órdenes al marido, a los hijos y a los nietos -traeme fruta, encargá la carne, pagá el impuesto-, yendo y viniendo del frente al fondo, del tapial de la vecina al kiosco de la esquina -don Medina, présteme la última, le devuelvo el suplemento, déme el de los caballos ése le gusta al Negro-.

Sabina nacida con el siglo y su dulce niñez de gringa en el campo, muy cerca de la ciudad a la altura de la estación Piquete Las Flores. Juventud de una belleza sencilla y rústica, por lo mismo atractiva, perpetuada en una única foto del cuadro familiar. Su trabajo de niñera para los hijos del gobernador, un orgullo, de ahí sus hábitos de respeto, formalidades y delicadezas. Época de pretendientes... y Pablo buen mozo y de bien, pero se fue de voluntario a la guerra. Y ella esperando. Y Andrés que apareció, un criollo, simpático y querendón. La ganó para siempre. Boda sencilla y el comienzo de una familia grande... Y Pablo que un día volvió... ya era tarde.

Sabina y un hijo y otro y otro, hasta ocho. Los años duros, la crisis famosa, que agudizó la imaginación y el ingenio de tantos. La vida por entonces fue una lucha continua, pero digna. Ropa, escuela, calzados para todos y algunas salidas, mientras se podía. Fueron creciendo, se casaron, el dolor insuperable de haber perdido a dos. Mientras el reuma avanzaba hacia las rodillas, los brazos.

Muchos nietos y bisnietos seguían llenando su vida. Sabina y su coquetería, nada llamativo, ni lujos, pero sí el orgullo de su piel blanca, sana y siempre firme. Su rodete eterno que se desataba en secreto frente a la medialuna biselada del espejo de la cómoda y el enigma del largo de su cabello, hilos de seda tan finos y blancos ¿hasta dónde? Talco y colonia de rosas o lilas, sus fragancias preferidas. Y sus pudores -yo con el Negro ni un beso delante de la gente, no nena, eso no se hace-.

Los hijos que se van y la casa que va quedando grande. Un día muy de repente a Andrés lo venció una enfermedad corta, absurda, casi inexplicable.

El desamparo, el desasosiego y la soledad a pesar de todos los que la rodeaban. Y sus caprichos, su genio y su poder doblegados, sus órdenes sin sentido, el no estar bien en ningún lugar, ni con uno ni con otro, ni sola... Sabina y la tristeza ganándola de adentro... El reuma dominándole hasta el corazón fue la excusa del final de su tiempo.

Sabina y el signo indeleble de su huella en nuestras vidas. Sabina y su sangre escribiendo estas letras.

Catalina


8 de julio de 1931.

Poveretti. Duermen con inocencia. Veinte días de barco. Hoy desembarcamos, se termina el viaje en el Conte Verde. Ya se ve la ciudad. No los voy a despertar hasta que el sol esté más alto y empiecen las órdenes para ir a cubierta. Mi baúl. ¿Lo encontrarán? Hay tantos baúles. íPobres hijos míos! Las muchachas que entienden más sufren mucho, lloraron casi todos los días del viaje. Mario no, sólo pregunta cuánto falta para ver al papá, y si enseguida volvemos a casa.

En su última carta dijo que nos esperaba en el Hotel de Inmigrantes... ¿Cómo estará? La guerra ya nos separó una vez... éramos novios y se lo llevaron al frente. También fueron tres años, no volvía y ya lo dábamos por muerto hasta que apareció. Era el día de San Valentín. No lo reconocí, su mamá no lo podía creer.

Flaco, enfermo, sucio y lleno de piojos pero vivo. Estaba medio perdido, preguntaba si la guerra había terminado... De mí sí se acordaba bien... íAy Albino!

Algunos años de tranquilidad. La familia, los hijos y la miseria sin esperanzas, y te viniste. ¿Qué será de nosotros? Ojalá sea un tiempo nomás... Yo, como Mario, también quisiera preguntar si volvemos a casa...

Otra vez esos golpes. íCómo gritan esos friulanos que juegan a la murra! Que se callen que todavía hay gente que duerme. ¿Y el del acordeón? ¿A esta hora se le ocurre tocar...? Esa música me hace llorar, aunque a mí se me caen las lágrimas por nada y no quiero que los chicos me vean así.

Parece que se termina la tranquilidad. Ya se despertaron los del sur que están en el último camarote, y ya se están peleando. Bueno empezó el último día de viaje, el último día en el Conte Verde, llegó el día Albino por fin... Santa Augusta de Treviso, ayúdame a ser fuerte, Madonna di Mont, dame tu bendición...


FUENTE: DIARIO 'EL LITORAL' de SANTA FE



viernes, 9 de diciembre de 2011

“El duende. Puntos de encuentro”: antología guiada con textos de autores santafesinos, compilado por Susana Persello.


1_FR.jpg

Susana Persello. Foto:Flavio Raina

En edición de autor y con el auspicio de la Subsecretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Recreo acaba de publicarse El duende. Puntos de encuentro, antología guiada con textos de autores santafesinos, compilado por Susana Persello. Se trata de un libro dirigida a quien esté interesado por leer literatura santafesina, pero especialmente dirigida a adolescentes y jóvenes, y también a padres y docentes.

Dividido en cuatro capítulos, la antología ofrece textos referidos a la historia, la cultura, la tierra (la casa de todos) y “tu mundo interior” (en referencia al entorno y a los sentimientos específicos de los adolescentes y jóvenes), con textos de numerosos autores santafesinos, como José Rafael López Rosas, Agustín Zapata Gollán, Ricardo Ríos Ortiz, Felipe Justo Cervera, Mateo Booz, José Pedroni, Norma Battú, Diego Oxley, Julio Migno, Luis Gudiño Kramer, Estrella Quinteros, Edgardo Pesante, Jorge Cappato, Gastón Gori, María Guadalupe Allassia, Horacio Rossi, Nora Didier, Marta Rodil y tantos otros.

En una suerte de prólogo se presenta el duende que da título a la compilación y expresa: “Soy un duende, el de la inquietud. Un ser que no tiene tiempo ni sustancia, pero que existe y está con vos, entre los seres y las cosas que te rodean, en todo lugar y siempre. Es por eso que tengo el privilegio de relacionarme con los hechos del pasado y del presente, recorrer los grandes caminos de la historia como los senderos de cada uno de sus hombres, también los tuyos.

“Por supuesto que para el ser humano el tiempo y la distancia son límites que yo no tengo, pero... dame tu mano, te invito a que caminemos juntos. El recorrido sería infinito, por eso deberemos seleccionar; optar por huellas diversas. Reviviremos épocas pasadas de Santa Fe, transitaremos su extensa geografía para conocerla más, lo que es decir para amarla más. A través de la lectura estaremos en acontecimientos históricos reales e importantes, pero también en hechos o circunsatancias imaginarias, creadas por escritores, quienes por querer tanto a su lugar y a su gente han logrado hermosas obras...”.

Susana Persello es profesora de Lengua y Literatura y ha publicado, entre otros libros: Lo que es del Agua, Recreando, Bocadito de Luna, Los días de sol, y ha colaborado en numerosas antologías.

fuente: DIARIO ' EL LITORAL' DE SANTA FE