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lunes, 27 de junio de 2016

LITERATURA SANTAFESINA Y UNIVERSAL: (Juan José) Saer, el persistente. La vigencia del escritor que creó su propio paisaje A 11 AÑOS DE SU MUERTE. El lanzamiento, esta semana, del Año Saer, en Santa Fe, acompaña un fenómeno que crece: nuevas ediciones, ventas sostenidas, ensayos críticos y adaptaciones de sus obras

















En  una entrevista que dio en 2005, pocos meses antes de su muerte en París, Juan José Saer se preguntaba por qué Cervantes llegó a ser el escritor que fue. Decía: "Para mí sigue siendo un misterio total. ¿Por qué le tocó escribir el Quijote a él, a ese soldado viejo, miserable, manco, que había estado en la cárcel?". Sobre la propia biografía y obra de Saer también podría extrapolarse esa pregunta: ¿por qué él, un hijo de inmigrantes sirios, cuya lengua materna no era necesariamente el castellano, se transformó en el escritor que fue, cuya relevancia traspasó las fronteras locales y lo colocó como uno de los más importantes escritores en lengua española de la segunda mitad del siglo XX?
Aquella entrevista figura en Una forma más real que la del mundo. Conversaciones con Juan José Saer, el libro que acaba de publicar Mansalva junto a Espacio Santafesino Ediciones, en el que Martín Prieto compila algunas de las entrevistas que dio el autor al que no le gustaban para nada las entrevistas. "No tengo nada que decir", afirmó en una de ellas, haciendo culto de un perfil bajo que lo llevaba a poner en primer plano sus textos para que fueran ellos los que hablaran.
Prieto lo conoció en la intimidad familiar. Su padre, el crítico literario y profesor Adolfo Prieto, fallecido recientemente, a quien Saer dedica La mayor, era un amigo cercano del novelista. Pero, además, Martín Prieto es uno de los estudiosos de su obra. A la pregunta "¿por qué él?" agrega: "¿por qué en ese lugar?". Y se refiere a la preponderancia de la geografía en la producción saeriana y a Serodino, en particular, el pueblo a 40 kilómetros de Rosario donde nació el escritor.
Y aún cabe otra pregunta: ¿por qué ahora? A once años de su muerte, con gran vigencia Saer ha ganado nuevos lectores que lo están descubriendo. Sus libros se siguen vendiendo como cuando vivía, se está reeditando en Francia y se continúan produciendo obras críticas y artísticas a partir de su legado.
El miércoles próximo, se inaugurará en el Museo Provincial de Bellas Artes de Santa Fe el Año Saer. Tendrá como escenario esa provincia, donde no han abundado los reconocimientos a su obra. Sin embargo, este programa ambicioso, que durará un año calendario, tiene como objetivo difundirla y celebrarla. Culminará el 28 de junio de 2017, cuando se cumpla el 80° aniversario del nacimiento del escritor.
En ese marco, durante el año se estrenará la película El limonero real, de Gustavo Fontán, y la ópera de Maricel Álvarez, ambas basadas en la novela homónima de 1974; habrá una muestra artística "Saer+Renzi+Espino"; una exposición con manuscritos del autor; fotos y un congreso internacional dedicado a su obra, entre otras actividades culturales.
Este jueves, para empezar, se presentará el libro Zona Saer, de Beatriz Sarlo, publicado por Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile, y el mencionado Una forma más real..., que se suman a los dos libros que salieron el año pasado: El espesor del presente, de Florencia Abbate, y Juan José Saer: la felicidad de la novela, de Rafael Arce.
Escribir sin concesiones
"Saer está más vigente que nunca", dice su editor histórico y amigo Alberto Díaz. Entre 1994 y 2015 lleva vendidos más de 400.000 ejemplares, en 27 ediciones y 123 reimpresiones. "Además de que se sigue vendiendo como cuando estaba vivo, hay que tener en cuenta que estas cifras son muy significativas, sobre todo para un escritor que no escribe para el mercado. Saer analizaba el tema del mercado Saer desde la escritura. Una cosa era 'escribir para' y otra, escribir de acuerdo con cierta estética o ética y fidelidad a una voz propia. Citando a Juani, él decía: 'Lo central, en literatura, es la praxis incierta del escritor que no se concede nada ni concede nada tampoco a sus lectores: ni opiniones coincidentes, ni claridad expositiva, ni buena voluntad, ni pedagogía maquillada. No quiere seducir ni convencer. Escribe lo que se le canta'".
Y él escribió lo que quiso, pero de acuerdo con un metódico plan de escritura. Con la aparición de los borradores inéditos que Díaz publicó en Seix Barral (Papeles de trabajo I, II; a los que siguieron Poemas. Borradores inéditos 3 y Ensayos. Borradores inéditos 4), quedó claro que Saer tenía un proyecto pensado para ser ejecutado. Unos documentos que muestran la cocina de la escritura, el espacio donde las lecturas, las notas, las conversaciones, la imaginación se entremezclan para dar lugar a la palabra. Una intimidad que, lejos de ser una exhibición de lo personal, es estrictamente literaria: la intimidad de un escritor que escribe. Su cuaderno de notas llevado durante 20 años.
Ante la pregunta sobre la vigencia, su hija y albaceas, Clara Saer, explica a la nacion que muchos jóvenes franceses en estos últimos años se mostraron interesados por la obra de su padre: "Una nueva generación de editores en Francia, pero también en otros países de Europa, están recién ahora descubriendo sus libros. Se reeditan en editoriales nuevas, como el Trypode en Francia, que esta por sacar La pesquisa, después de El entenado. Pero también músicos como Ezequiel Menalled trabajan a partir de su obra. Esto prueba que su escritura tiene su propia sonoridad. Y no hablo de la cantidad de jóvenes estudiantes e investigadores que presentan constantemente trabajos por todo el mundo, ya que está traducido hasta al japonés".
Cuando en 1974 se publicó El limonero real, editado por una casa española, la novela pasó inadvertida, salvo por una reseña que Sarlo escribió en la revista Los Libros. Cuarenta y un años después, una película y una ópera están basadas en ella, sólo por mencionar dos manifestaciones que indican que es un texto que sigue leyéndose en varios sentidos.
"Como decía Ezra Pound de los textos clásicos: 'Una novedad que sigue siendo una novedad'. Y eso sí es una sensación creciente respecto de su vigencia. La construcción del mundo Saer hacia los lectores fue de paso muy lento. Fue sólo a principios de los años 80 cuando empezó a ser leído, reconocido y estudiado, a partir de que Susana Zanetti publicó en el Centro Editor de América Latina Narraciones 1 y 2, La mayor,Cicatrices y El limonero real, en tiradas de 12.000 ejemplares que se agotaban en la semana... Y de que María Teresa Gramuglio, en 1984, dedicó su programa de Literatura Argentina del siglo XX en la Universidad de Buenos Aires a Saer (con el agregado de que muchos de los alumnos de la carrera de entonces resultaron críticos y narradores muy influyentes en la literatura argentina). Ahí empezó la cosa", dice Prieto, que estuvo a cargo de la curaduría del Año Saer para el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe.
"Creo que Saer siempre va a tener vigencia porque, por la vastedad de su obra, por su coherencia interna, por la contundencia en la concreción de su proyecto narrativo, por su radicalidad y por su altísimo valor literario y estético, es el novelista argentino más importante de la segunda mitad del siglo XX", dice Florencia Abbate, cuyo libro, publicado por Eduvim, propuso una nueva lectura de las novelas del santafesino como "variaciones imaginativas de la experiencia subjetiva del tiempo" y la historia argentina. "Sus novelas no representan la historia de un modo realista tradicional -explica-, sino a través de formas mucho más complejas, entre las cuales se destaca la construcción de un tiempo subjetivo que tiene características distintas a las del tiempo histórico en el cual se fundamenta la historiografía."
El paisaje como clave
Y a la pregunta sobre el tiempo se suma la pregunta por el espacio. El programa que se presenta esta semana en Santa Fe revisará la obra a partir del vínculo de Saer con el territorio en tres líneas definidas. "Una será la infancia en Serodino, el hecho de que Saer, hijo de inmigrantes sirios (una colectividad pequeña en un pueblo pequeño), en un contexto no extremadamente favorable para el ejercicio de las letras -el padre quería que fuese abogado o que siguiera sus pasos en la tienda-, haya terminado siendo uno de los grandes escritores argentinos cuya obra, además, se asienta sobre virtudes compositivas, sintácticas, prosódicas. Todo esto hace que pueda volcarse sobre Saer la pregunta que el mismo Saer se hacía sobre Cervantes en su poema ?Reales': ¿por qué hubo de ser él?", explica Prieto.
Otras dos líneas analizarán su etapa de formación en Santa Fe y en Rosario, entre 1958 y 1968, cuando partió a París definitivamente. Sus maestros y amigos escritores de entonces: Juan L. Ortiz, Adolfo Prieto, Hugo Gola, Aldo Oliva, unos años mayores, entre los primeros; María Teresa Gramuglio, Hugo Padeletti, Nicolás Rosa, Noemí Ulla, Jorge Conti, Rubén Sevlever, Rafael Ielpi, entre los segundos. Su relación con dos instituciones: el Instituto de Cine de Santa Fe y la Facultad de Filosofía y Letras; en la primera como profesor, en la segunda como estudiante inconsecuente. Y el modo en que ese territorio, ese paisaje (Santa Fe, Colastiné, Rosario, Rincón) se convierten en el magma de su obra. "No sólo de la escrita y publicada antes de su viaje a Francia en 1968, sino de toda su obra. El imaginario de toda su obra", agrega Prieto.
Siempre se sintió un inmigrante en Francia, estuvo siempre de paso. En El río sin orillas, dedicado a sus padres, de algún modo deja claro que él mismo repitió esa historia de inmigración. "Si bien Saer está poco tiempo en la Argentina, todo el imaginario de su obra, inclusive todo lo que escribe en Europa, es el universo de su juventud en Santa Fe, en Rosario, en Colastiné. Esto está claro en las cartas que le manda a la madre y a las hermanas desde que se va en 1968 hasta que se compra un teléfono en 1978. Hay diez años de correspondencia en la que todo el tiempo habla de volver. Compra una casa en Colastiné... vive una vida de inmigrantes. Los primeros tiempos la madre le mandaba encomiendas con ropa para él y su mujer. Su relato se diferencia del viaje mitológico a París que hace Cortázar, en el que cuenta que se la pasaba en el Louvre, en la bohemia del café. Saer no tuvo ese vínculo con París. Se fue quedando. En una entrevista que dio en los años 90 dijo que en París no había surubíes. Estaba todo el tiempo comparando París con Santa Fe y el mundo familiar", relata Prieto.
En el año en que se recuerdan los 30 de la muerte de Borges, un sector de la crítica coloca a Juan José Saer en un lugar de sucesor. Su editor, Díaz, cree que de algún modo lo es. "A partir de Glosa, Ricardo Piglia lo ubica en el canon posborgiano que inventa y repite en sus clases, conferencias y artículos. Ubica a Saer en el polo de la negatividad, junto a Puig, al que vinculaba con la cultura popular, y a Walsh como el escritor de la no ficción. Los tres, en la lectura de Piglia, conforman los vértices de la vanguardia argentina."
Para Prieto, sin embargo, no son mundos dominantes: "Hablando de la generación de Contorno -que decía que no se puede leer a Arlt sin eliminar a Borges-, Saer pensaba que eran mundos diferentes y por lo tanto, compatibles. La literatura argentina después de Borges incluye a Saer, a Puig, a los poetas y también a César Aira. Están además los gustos personales, los textos a los que uno quiere volver. Pero la literatura argentina tiene una dimensión que permite que convivan escritores de sintaxis diferentes. En términos personales es Saer el que más me gusta por la proximidad que siento con su mundo referencial".
En cualquier caso, reeditado, leído desde otras perspectivas (desde el arte, el cine, el teatro, la ópera), formando parte de la bibliografía obligatoria de todas las carreras de Letras del país, la de Saer pareciera ser nuevamente una novedad, volviendo a Pound, lejos de haberse convertido en una pieza de museo.











Año Saer
Apertura. El jueves, a las 18, se abrirá el Año Saer, en Santa Fe. Beatriz Sarlo presentará su libro Zona Saer. Y Guillermo Saavedra, Hinde Pomeraniec y Francisco Garamona lo harán con Una forma más real que la del mundo. A las 21.30, se presentará el unipersonal Sombras sobre un vidrio esmerilado.
Programa anual. Durante el año se estrenará la película El limonero real, de Gustavo Fontán, y una ópera de Maricel Álvarez; se realizará una muestra artística, una de manuscritos y un congreso internacional.

Clara Saer: "Decía que sólo se debe leer por gusto"
Clara Saer nació en Rennes en 1980. Es la hija menor de Juan José Saer. Vive en París donde trabaja como periodista para el diario Metronews escribiendo noticias sobre las grandes ciudades (Lyon, Marsella, Touluse, Niza). Junto a su madre Laurence Gueguen, es la responsable de cualquier decisión que se tome sobre la obra del escritor. Es la primera vez que en lugar de periodista es la entrevistada. Se comunica en castellano, lengua que paradójicamente practicó más con su madre francesa, ya que con su padre solía hablar en francés.
-¿Realiza alguna tarea relacionada con el legado literario de su padre?
-Como sabrá el año pasado murió mi hermano Jerónimo. Desde la muerte de nuestro padre éramos los dos sus albaceas ya que mis padres nunca se casaron. Tengo una sobrina de nueve años, Helia. Todas las decisiones artísticas las discutimos con mi madre; Alberto Díaz, el amigo y editor argentino de mi padre y nuestro agente, Guillermo Schavelzon. Es un deber para respetar a todas las personas que estudian la obra de Saer, a sus lectores y también a Helia, quien nunca conoció a su abuelo pero que hoy es su heredera directa.
-¿Cuál es el primer recuerdo de su padre escribiendo?
-Yo siempre lo vi escribir. La escritura era parte de nuestra vida cotidiana. Él no era una persona que se presentara como "escritor", y menos todavía ante su familia. Así que nunca se quejó del ruido o de la presencia invasiva de sus hijos. Él se adaptaba a nosotros y no lo contrario. De pequeña yo no lo veía mucho escribir porque lo hacía cuando yo estaba en la escuela, o de noche. Después me venía a buscar, me compraba una merienda, preparaba la cena, discutía con nosotros. Cosas de padre con sus hijos. Cuando crecí y no necesité más que se encargara de mí, sí que lo veía escribir en su despacho a la tarde. Pero igual, si estaba con mis amigos, escuchando música o charlando, se conformaba con cerrar la puerta de mi cuarto. El decía "para mis hijos no soy un escritor soy el padre", y así eran las cosas.
-¿De niña entendía cuál era su oficio?
-Yo entendía pero cuando uno lo interrogaba sobre este tema él contestaba que enseñaba, porque también era cierto y porque jamas se presentaba como escritor. En 25 años nunca lo oí referirse a sí mismo como escritor. Le parecía totalmente ridículo. Pero de muy joven yo sabia que él era mucho más escritor que profesor. De pequeña lo oía decir a mi madre: "hoy escribí tanto" u "hoy no pude escribir nada". Sentía que era importante para él. Cuando escribía Glosa yo tenia 5 o 6 años. Siempre me quería sentar en sus rodillas y escribir con la máquina. Un día que él necesitaba un poco de tranquilidad para acabar el libro me dijo. "Mira, necesito la máquina para escribir mi novela, pero a penas la termine te la regalo". Contaba riéndose que fue la peor idea que tuvo porque a partir de este día hasta que terminó Glosa, yo entraba en el despacho a cada rato para preguntarle "¿y para cuándo la máquina?"
-¿Cuál es su libro preferido?
-Por razones sentimentales diría La pesquisa, porque ocurre en París, en el Distrito XI donde vivimos hasta mis 13 años y donde también vivió mi hermano hasta su muerte. Tengo muy buenos recuerdos en ese barrio.
-¿Les inculcó el hábito de la lectura? ¿Les leía a la noche, al irse a dormir?
-A mí me encanta leer. Leo mucho y cosas muy diferentes. Yo creo que viene del hecho de que siempre vi a mis padres leer y que siempre hubo en mi casa un montón de libros. De pequeña, para dormir, él nos inventaba historias (la de un gorrión a quien le gustaban las pizzas... esa me encantaba). También leíamos mucho al lado suyo en el sofá. Como muchos niños mi hermano y yo estábamos un poco obsesionados con las colecciones: Jeronimo, con los comics de Spider Man y yo con los de Tintín. Nuestro padre nos los regalaba y le interesaban mucho las historias que a nosotros nos gustaban. Después creciendo descubrí la literatura norteamericana que me fascina y él me aconsejo la lectura de algunos autores que son muy importantes para mí: Kerouac, Fante, Steinbeck, Salinger y, por supuesto, los clásicos franceses Balzac, Zola. Pero entre estos sus preferencias iban a Proust, a Flaubert y a Faulkner cuyos ejemplares de su propia biblioteca conservo yo.
-¿Recuerda algo que él haya dicho respecto de la literatura?
-Mi padre siempre decia: «la littérature doit rester un plaisir», lo que quiere decir que se debe leer por gusto. Tenía razón. No hay peor cosa que leer por obligación.


Fuente- DIARIO LA NACION - BUENOS AiRES- 26 JUNIO 2016

FOTOS DE INTERNET.

jueves, 13 de agosto de 2015

Los mil y un Pessoa(s)






















 Por Rodolfo Alonso *

Nadie podía imaginar en 1888, cuando Fernando António Nogueira Pessoa nació en Lisboa, y tampoco incluso muchas décadas después de su muerte, que su poesía alcanzaría al mismo tiempo la canonización universal y la intimidad de tantos que lo siguen viviendo como un secreto personal.
Los argentinos bien podríamos preciarnos de haberlo “descubierto”. O, al menos, de haber sido de los primeros en hacerlo. Mucho antes de que empezara a hablarse de él, cuando hasta en Portugal era casi desconocido, en 1961 Fabril Editora publica en Buenos Aires la primera traducción de Fernando Pessoa en América latina. Que fue, al mismo tiempo, la primera en castellano de todos sus heterónimos. El reconocimiento llegó incluso a Portugal, donde esa edición argentina tuvo el honor de ser celebrada en Lisboa por Maria Aliete Galhoz, que en 1963 dijo: “Rodolfo Alonso nos restituye un poeta a través del amor de otro poeta”.
Cuando Aldo Pellegrini (1903-1973), siendo yo tan joven, me ofreció seleccionar y traducir una amplia antología de Pessoa, recuerdo que no sólo fue arduo conseguir sus libros sino también convencer a su cuñado, Francisco Caetano Dias. Como si su familia se avergonzara de ese extraño pariente, de vida más que anónima, que recluyó bajo la humilde apariencia de esporádico traductor de correspondencia extranjera para casas comerciales la gestación de su “drama en gente”, la múltiple obra de creación que lo poblaba.
Pero lo relevante de esa primicia argentina no se limita a su carácter pionero, sino también a la intensidad con que fue recibida. La aceptación fue tan inmediata que en contado plazo, sin publicidad alguna, exigió sucesivas reediciones, anticipando lo ahora evidente: Pessoa conquista sus admiradores de persona a persona, por la propia potencialidad de sus poemas, sin que se trate en absoluto de un éxito programado, superficial, y de forma tan indeleble que todavía –me consta– aquella edición se conserva como un entrañable compañero, de huella perdurable.
Ahora que una canonización universal confirma la premonición de Adolfo Casais Monteiro, que ya en 1958 lo vio como “el más universal y el más portugués de los poetas de este siglo”, me sigue sorprendiendo la exquisita avidez, la delicada fidelidad con que tantos lectores, en esta era de banalidad globalizada, viven como descubrimiento propio, trascendente y enriquecedor, a ese gran poeta distante, multifacético, exigente y oculto. Una de las condiciones de cuyo encanto será siempre el carácter auténticamente enigmático, la irónica altivez de quien supo desnudarse a fondo: “Trata de seducir con lo que hay en tu silencio”.
Pero aún ahora, es del legendario baúl que en Lisboa conserva en hojas sueltas su disperso y al parecer infinito legado, de donde se continúa haciendo surgir nuevos “libros” de quien sólo publicó uno en vida: Mensaje. Y sus lectores, ya que se trata de obras exigentes, no son los de tanto best seller predigerido sino aquellos que, como dijo alguna vez Ricardo Piglia, son los únicos para quienes vale la pena escribir: los que siguen buscando el texto único en la maraña de las librerías marginales.
Pessoa no sólo concretó lo que el genial adolescente Rimbaud (1854-1891) había intuido: “Porque YO es otro”. También nos dejó no pocos enigmas contagiosos. El hecho sorprendente de que su apellido signifique al mismo tiempo “Persona” y “Hombre” en portugués ya sería premonitorio pero, además, su etimología nace en “Máscara”, mientras que en francés se aplica también a “Nadie”. De esas máscaras que son uno y muchos, de esas máscaras que revelan y velan, que cubren y descubren, Pessoa hizo nacer espejos, imborrables y hondos, que nos siguen hablando a la vez de él y de nosotros. Porque el arte no puede ser ni juego, ni entretenimiento, ni espectáculo, sino apuesta desmedida. Como él mismo sostuvo: “la literatura es la prueba de que la vida no alcanza”.
Susan Sontag afirmó: “El gusto es el contexto y el contexto ha cambiado”. Y Luis Cernuda señaló, citando a Bécquer, que la obra de arte alcanza las dimensiones de la imaginación que impresiona. Y se refería, sin duda, al legítimo alcance que una gran obra podía lograr, al ser descubierta y valorada. Pero hoy, emasculándola al masificarla, oscureciéndola al exhibirla a plena luz, la sociedad del espectáculo destruye con bárbara inocencia el sentido crítico, la negatividad de una gran obra mediante el simple recurso de hacerla triunfar en el mercado, sin volverla cultura.
No creo que sea posible con Pessoa. A pesar de encontrarse traducido casi en todo el mundo, a pesar de los incontables estudios sobre su obra y su persona, algo lo mantiene fuera de la desoladora tiranía del mercado. Algo secreto seguirá siempre vigente en el Pessoa público. Algo intransferible. ¿Qué puede hacer la sociedad de consumo con alguien capaz de expresarse con la ferocidad que sigue? “Si escribir –en el sentido de escribir para decir algo– es un acto que tiene el cuño de la mentira y el vicio, criticar cosas escritas no deja de tener su correspondiente aspecto de curiosidad mórbida o de futilidad perversa.”
Fernando Pessoa es felizmente irrecuperable. Como su gemelo no menos oscuro e indeleble, Franz Kafka, en una carta de 1923, bien hubiera podido decirnos: “¿De qué estás hablando? ¿Qué ocurre? Literatura, ¿qué es eso? ¿De dónde viene? ¿Para qué sirve?” Lo cual prueba que ambos fueron y son auténticos escritores, escritores de raza, nunca apenas meros literatos.
* Poeta, traductor, ensayista.

 fuente: Pagina12.com
       foto: google.



sábado, 6 de junio de 2015

FEDERICO GARCIA LORCA, en la actualidad es el poeta español más leído de todos los tiempos.



Desechad tristezas y melancolías. 

La vida es amable, tiene pocos 

días y tan sólo ahora la hemos 

de gozar. 


Federico García Lorca
























Federico García Lorca (Fuentevaqueros, 5 de junio de 1898 - Víznar, 19 de agosto de 1936). Poeta y dramaturgo español. 

En 1915 comienza a estudiar Filosofía y Letras, así como Derecho, en la Universidad de Granada. Forma parte de El Rinconcillo, centro de reunión de los artistas granadinos donde conoce a Manuel de Falla. Entre 1916 y 1917 realiza una serie de viajes por España con sus compañeros de estudios, conociendo a Antonio Machado. En 1919 se traslada a Madrid y se instala en la Residencia de Estudiantes, coincidiendo con numerosos literatos e intelectuales.
Junto a un grupo de intelectuales granadinos funda en 1928 la revista Gallo, de la que sólo salen 2 ejemplares. En 1929 viaja a Nueva York y a Cuba. Dos años después funda el grupo teatral universitario La Barraca, para acercar el teatro al pueblo, y en 1936 vuelve a Granada donde es detenido y fusilado por sus ideas liberales.
Escribe tanto poesía como teatro, si bien en los últimos años se volcó más en este último, participando no sólo en su creación sino también en la escenificación y el montaje. En sus primeros libros de poesía se muestra más bien modernista, siguiendo la estela de Antonio Machado, Rubén Darío y Salvador Rueda. En una segunda etapa aúna el Modernismo con la Vanguardia, partiendo de una base tradicional.
En cuanto a su labor teatral, Lorca emplea rasgos líricos, míticos y simbólicos, y recurre tanto a la canción popular como a la desmesura calderoniana o al teatro de títeres. En su teatro lo visual es tan importante como lo lingüístico, y predomina siempre el dramatismo.
En la actualidad Federico García Lorca es el poeta español más leído de todos los tiempos.

Cronología de obras


Poesía


1918.- “Impresiones y paisajes”

1920.- “Suites”

1921.- “Libro de poemas”

1921.- “Poema del cante jondo”

1927.- “Canciones”

1927-1931.- “Viaje a la luna”

1928.- “Romancero gitano”

1929-1930.- “Poeta en Nueva York”

1931.- “Diván del Tamarit”

1931-1934.- “18 poemas breves”

1934.- “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”

1935.- “Primeras canciones”

1935.- “Seis poemas galegos”

1936.- “Sonetos del amor oscuro”



Teatro


1919.- “El maleficio de la mariposa”

1923.- “El misterio de los reyes magos”

1923.- “Mariana Pineda”

1923.- “La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón”

1923.- “Lola la comedianta”

1928.- “Teatro breve”

1929.- “Viaje a la luna”

1930.- “La zapatera prodigiosa”

1931.- “Tragedia de Don Cristóbal y la Señá Rosita”

1931.- “El retablillo de Don Cristóbal”

1931.- “Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín”

1931.- “Así que pasen cinco años”

1933.- “El público”

1933.- “Bodas de sangre”

1934.- “Yerma”

1935.- “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”

1936.- “La casa de Bernarda Alba”

1936.- “La comedia sin título”

1936.- “Los sueños de mi prima Aurelia"

1936.- “La destrucción de Sodoma”



Varios


“Granada. Paraíso cerrado para muchos”

“Historia de este gallo”

1926.- “La imagen poética de Luís de Góngora”

1927-1928.- “Degollación del Bautista”

1927-1928.- “Degollación de los inocentes”

1927-1928.- “Suicidio en Alejandría”

1927-1928.- “Santa Lucía y San Lázaro”

1927-1928.- “Nadadora sumergida. Pequeño homenaje a un cronista de salones”

1927-1928.- “Amantes asesinados por una perdiz”

1927-1928.- “La gallina”

1928.- “Las nanas infantiles” 

1929.- “Imaginación, inspiración y evasión de la poesía”

1930.- “Teoría y juego del duende”

1935.- “Charlas sobre teatro” 

1935.- “De mar a mar”

1936.- “En homenaje a Luis Cernuda”

1936.- “Semana Santa en Granada”

                                                                  

 http://www.cervantes.es/imagenes/File/biblioteca/bibliografias/garcia_lorca_bibliografia.pdf