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sábado, 26 de mayo de 2012

HUMOR ARGENTINO: LA RISA ES EL MEJOR REMEDIO




Te cuento:

Recién cuelgo de hablar con un viejo y querido amigo de Río Gallegos. Me dijo que desde esta mañana no para de nevar y que la nieve ya llega a la cintura.  La temperatura ya bajó a -12° C y hay viento norte con ráfagas de hasta 120 km/hora. 

Me contó que su mujer no ha hecho otra cosa que mirar por la ventana de la cocina todo el día. Me dijo también que si el tiempo empeora no le va a quedar otro remedio que dejarla entrar. 

Que amigazo, y sobre todo muy comprensivo.

domingo, 5 de junio de 2011

HUMOR O REALIDAD???: NUNCA LLEGUES TARDE


Al Padre Pascual le estaban haciendo su cena de despedida tras 25 años de trabajo en una Parroquia. Un político miembro de la comunidad fue invitado para dar un breve discurso.



Como el político tardaba en llegar, el sacerdote decidió decir unas palabras él mismo para llenar el tiempo:




- "Mi primera impresión de la Parroquia la tuve con la primera confesión que me tocó escuchar. Pensé que me había enviado el Obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que había robado un televisor, que les había robado dinero a sus padres, había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener aventuras sexuales con la esposa de su jefe. También en ocasiones se dedicaba al tráfico y a la venta de drogas. Y para finalizar, confesó que le había trasmitido una enfermedad venérea a su propia hermana. Me quedé asombrado, escandalizado y asustadísimo... Pero cuando transcurrió un tiempo, fui conociendo más a la gente y vi que no eran todos así, vi una parroquia llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe. Y así he vivido los 25 años más maravillosos de mi sacerdocio".




Justamente en este momento llegó el político, por lo que se le dio la palabra. Por supuesto, pidió disculpas por llegar tarde y empezó a hablar diciendo:




- "Nunca voy a olvidar el primer día que llegó el Padre a nuestra Parroquia... de hecho, tuve el honor de ser el primero que se confesó con él..."




MORALEJA: Nunca llegues tarde.


FUENTE: llegó en un e-m.


jueves, 11 de noviembre de 2010

CUENTO SUFI: Nasrudím el sabio

Los sufis constituyeron una corriente mística -que nosotros conocemos más como la filosofía de los derviches-, que utilizaba la parábola y el cuento para transmitir sabiduría, como casi todos los pueblos místicos de la historia.

El protagonista de las historias sufis es siempre el mismo, se llama Nasrudím y es un personaje muy particular. A veces es un viejo decrépito, a veces es un joven; otras, un sabio y otras un torpe o un tonto. También aparece como un hombre adinerado, o como un mendigo. Pero siempre se llama Nasrudím. Que esos personajes tan distintos tengan el mismo nombre, quizá sirva para mostrar que nosotros somos, también, cada uno de esos personajes. O tal vez, que tenemos la capacidad de ser de diferentes maneras.






Específicamente en esta historia, Nasrudím es un hombre que, por alguna razón que él desconoce, ha cosechado fama de ser lo que entre los sufis se denomina "un iluminado", esto es, alguien que ha logrado un cierto conocimiento sobre cuestiones importantes y trascendentes para otros. El, sin embargo, sabe que en realidad no sabe nada; está convencido de que lo único que él ha hecho es viajar y escuchar, pero que con certeza no tiene grandes cosas para decir).



El cuento empieza cuando Nasrudím llega a un pequeño pueblo en algún lugar de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudím, que en verdad no sabía qué decir, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo: - No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Háblanos!

Nasrudím contestó: - Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes, mientras Nasrudím se alejaba, dijo en voz alta: - ¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "sí, claro, qué inteligente". Y entonces, todos empezaron a repetir: - ¡Qué inteligente!.

Hasta que uno añadió: - Sí, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agregó: - Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudím, aludiendo que su conocimiento era demasiado para reunirlo en una sola conferencia. Nasrudím dijo que no, que de ninguna manera, que su conocimiento apenas alcanzaba para una conferencia y que jamás podría dar dos. La gente dijo: - ¡Qué humilde! E insistió en que querían escucharlo una vez más, hasta que finalmente, después de mucho empeño, Nasrudím accedió.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, se paró frente al público e insistió en su técnica:

- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.

La gente, cuidando de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia, dijo:

- Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudím bajó entonces la cabeza y añadió:

- Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetirlo.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente volvió a quedar estupefacta. Hasta que alguien, otro alguien, gritó: - ¡Brillante!, tras lo cual el resto comenzó a decir:

- ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer! - ¡Qué maravilloso! - ¡Qué espectacular! Y enseguida se oyó: -

¡Queremos más, queremos escucharlo más. Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!

De manera que una delegación de los notables fue a verlo para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. A pesar de la negativa de Nasrudím, la gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez, hasta que aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, aceptó.

Por tercera vez, se paró frente al público, que ya era multitudes, y les dijo:

- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del pueblo contestaría. El hombre, desde la primera fila, dijo: - Algunos sí y otros no...

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos siguieron a Nasrudím con la mirada. Entonces, el maestro respondió:

- En ese caso, los que saben... cuéntenle a los que no saben.

Y nuevamente se levantó y se fue.

fuente: http://www.nuevaregion.com/index.php?






martes, 19 de octubre de 2010

Presentación en Santa Fe del libro 'QUIJOTE URBANO' de la escritora Lilia R. Testi. ESTAN INVITADOS !!!! Viernes 22 de Octubre- 20 horas

LOS INVITAMOS A LA



Presentación de

"Quijote urbano"

(cuentos)

de Lilia R. Testi


Viernes 22 de octubre, 20:00 hs.

Centro Cultural Municipal
(Cortada Falucho 2450,


Ciudad de Santa Fe)

Presenta: Carlos O. Antognazzi
Participa el cantautor Rubén del Solar
(compositor de “Costera, mi costerita”)

Auspicia Ediciones Tauro

Vino de Honor

Entrada libre y gratuita



Lilia Testi (Santa Fe, 1942) es Maestra Normal y Profesora de Inglés, actualmente jubilada. Es integrante del Taller Literario que coordina Antognazzi, y ha sido premiada en diversas oportunidades. Obtuvo el Primer Premio de cuento “Magdalena Bruno”, otorgado por ERA (Escritores Rafaelinos Agrupados) en 2009. Obtuvo además el primer premio en el concurso de cuento “Clelio Pedro Villaverde” 2009 de San Cristóbal.

Obtuvo también el Primer Premio del Concurso Literario convocado por Proyecto 3 (Red de Universidades abiertas), 2005; Primera Mención del Certamen Nacional de Cuento Breve “Gastón Gori” organizado por la S.A.D.E Santa Fe, 2005; Segundo Premio del Certamen Nacional de Cuento Breve “Gastón Gori” organizado por la S.A.D.E Santa FE, 2006; Séptimo Premio en el Concurso de poesía a nivel Nacional de la Municipalidad de Venado Tuerto, 2006; Primer Premio en el concurso de narrativa a nivel Nacional de la Municipalidad de Venado Tuerto, 2006; Mención en el Décimo Concurso Literario Provincial de la Municipalidad de Rafaela, 2007; Primer Premio del Certamen Nacional de Cuento Breve “Gastón Gori” organizado por la S.A.D.E Santa Fe, 2007; Mención especial y publicación en la antología Cuentos por deporte, organizado por Homo Sapiens ediciones, Sport 78 y diario La Capital de Rosario, 2007. Integra diversas antologías, como “Antología 5” (2009).

“Quijote urbano” es el primer libro individual de Testi, y está conformado por 27 cuentos.

Auspicia Ediciones Tauro, que tuvo a su cargo la edición del libro.


Carlos O. Antognazzi
Páginas personales:
http://www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=58104
http://www.castalia.es/Shop/Detail.asp?IdProducts=1324
http://www.mundoculturalhispano.com/spip/auteur.php3?id_auteur=142
http://axxon.com.ar/wiki/index.php?title=Antognazzi%2C_Carlos_O.
http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/
literatura/escritores/Antognazzi/Antognazzi.html

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG:

Compartí con Lilia el 5to y 6to Grado en la entonces
Escuela Bernardino Rivadavia, de Avda Rivadavia al
2.900, frente a la Plaza España(alla lejos y hace tiempo)


Lili era ya una linda niña, buena persona y alumna
aplicada. Amiga inseparable de Nelly de los Reyes,
rubia simpática y delgada, de largos cabellos.

Las recuerdo con mucha estima y cariño.
Al terminar nuestros estudios primarios, cada uno
marchó a un nuevo destino, etapa de estudiantes
secundarios.

De vez en cuando nos cruzamos en alguna de las
calles centricas de Santa Fe, nos saludabamos y a veces
conversabamos brevemente.

Siempre me sentí contento de volver a verla.

En las últimas decadas, debido a mi ausencia de
Santa Fe, la he visto muy pocas veces.

No sabía que ella escribía, y que escribe muy bien,
como lo atestiguan la cantidad de premios recibidos.

Lamento no poder asistir a la presentación de su
primer Libro propio. Me gustaría poder estar allí
y abrazarla y felicitarla personalmente por el
Evento.

Le deseo a Lili todo lo mejor, una hermosa Velada
Literaria-cultural, rodeada de familiares, amigos,
colegas y mucho público.

Y que su libro sea bien recibido por los lectores y la
crítica.

La saludo desde Haifa, con la esperanza que algún
día venga con su esposo de visita a Israel, Tierra de

la Biblia y podamos encontrarnos. mi esposa y yo,
a tomar un cafe y charlar sobre tantos temas y
amigos en común.

Desde este BLOG, va un abrazo y beso fraterno a

Lili Testi, a quien conozco y aprecio desde mi infancia
santafesina.

INVITO AL PUBLICO SANTAFESINO A CONCURRIR
A LA PRESENTACION DE 'QUIJOTE URBANO'

Felicito al escritor y poeta Carlos O. Antognazzi por su

dedicación a formar nuevas generaciones de escritores
y poetas, y tener la suerte de que estos salgan excelentes
como todas las que han concurrido a su Taller Literario
en los años de su existencia, y como el mismo lo es.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterraneo


MIS POESIAS EN:

http://www.pivin.es.tl/
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MIS BLOGS CULTURALES:

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EDITOR/DIRECTOR DE:

"PAGINA 1, REVISTA DIGITAL DE CULTURA,
LITERATURA, ARTE, ACTUALIDAD, NOVEDADES
Y TANTAS COSAS BELLAS DE LA VIDA.
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domingo, 12 de septiembre de 2010

"La casa de mi vida", que obtuvo el PRIMER PREMIO CUENTO “EL QUIJOTE DE PLATA XXXIII”





Por Gustavo M. Galliano

Elena, la joven empleada inmobiliaria, atractiva y curvilínea tan dulce como su sonrisa, -aunque aquellas curvas fueran más sugerentes y sumamente más peligrosas que su sonrisa, indudablemente más turbantes- me recibió cordialmente en el portal, haciendo uso de un verborrágico monólogo finamente estudiado en cada detalle, para indicarme finalmente que le acompañara en el ingreso a la casa.

Era la encargada de mostrarme la bellísima mansión, que se alzaba en pleno Boulevard Carmesí, una magnífica mole de mármoles y finas maderas, caobas, robles; adornos imponentes de cristal, bronce, plata y oro, escaleras con barandales macizos, cuadros y pinturas de exquisitos autores. Y su mejor sonrisa para ocultarme las pocas bondades que los años se atrevieron a robarle a aquel inmueble impresionante.

Pero mi ojo clínico, mi sagaz perspicacia, mi delicada intuición, ya habían dictaminado, apenas cruzado el umbral, apenas traspasado el dintel, que aquella era “la casa”. La residencia donde acabaría mis días. Lo sentenció la fragancia a jazmines proveniente de los jardines, la luz pura que penetraba los ventanales. Adoré la fachada de ladrillos antiguos, la firmeza energizante de sus cimientos, la fuerza rojiza de sus tejas. Desde la amplitud del living y la comodidad extensa de los dormitorios, hasta los marmóreos baños de griferías en oro. Desde el hogar rústico de acogedores leños ardientes hasta la sobria biblioteca repleta de libros nunca leídos. Desde la increíble cocina, hasta le inexistencia de un sótano que detesté desde niño.

Una pena que Elena resultare tan eficiente en su trabajo. No cesaba de hablar y hablar sobre las bondades de la casa.

Una hermosa mujer no debería hablar constantemente, pues abrumando se desmerece. Un buen vendedor debería aprender que en ciertas oportunidades debe aprender a callar. A mirar a los ojos. Como cuando un sommelier se toma unos instantes y cierra sus ojos para dejar descansar el buen vino en su paladar, antes de dar el veredicto. Pero Elena era una máquina posmoderna preparada para avasallar, no dejar pensar. De la terrible escuela sacrílega del “confunde con tus palabras, al extremo que no piensen, utiliza el engaño para que no vean defectos, luego será tarde, cierra el negocio, cobra tu comisión y vé por otro cliente, tiempo y vida convergen finitos. Mañana vivirás”. ¡Vaya si conozco sobre esto!

Respiré hondo, antes de suplicarle, cortésmente y mirándole a los ojos: -“Cállate, por favor”- Ella titubeo, confundida. -“Esta es la casa, entiendes Elena. Es la mejor, y tú eres la mejor. La he escogido entre cientos. Despreocúpate. Tan solo necesito unos minutos a solas, en la terraza del ala Norte, si puede tu enérgica verba otorgármelo, luego estaré a tu plena disposición, dalo por hecho. He escogido esta casa. Aquí viviré hasta el último de mis días. Lo juro. El precio no será obstáculo alguno”-.

La joven sonrió, en una mezcla de ambición, codicia, perversión y satisfacción. Seguramente resultaba la venta más rápida y sencilla que había logrado en su corta carrera. Un antecedente meritorio rumbo a una carrera brillante. “El cliente perfecto”, pensó casi en voz alta. Aunque también eso llegó a molestarle un poco: necesitaba demostrar todas sus habilidades; había resultado demasiado fácil, y no era una mujer que gustara de lo fácil, necesitaba retos que movilizaran la adrenalina de su cuerpo. De todos modos, el resultado era el mismo: dinero y buen concepto, lo cual calmo su ánimo.

Me indicó con una sonrisa casi distraída la dirección del pasillo hacia la terraza, y me explicó que estaría en la biblioteca preparando los documentos pertinentes, para la firma. Le respondí que me parecía correcto, siempre que respetara mi cuarto de hora de intimidad en la terraza del ala Norte. Accedió con un gentil gesto, fingiendo una sobriedad que ahogaba la total euforia del triunfo.

Una vez instalado en la terraza, me dejé caer en un cómodo sillón de esterillas, ubicado allí, no casualmente. Observé los picos nevados de la majestuosa Montaña Clamor, sobre mi diestra. Como contraste, a mi siniestra, las luces insinuantes del atardecer próximo a devorar Ciudad Santa Fe.

Respiré relajado, imaginando a Elena, habitante de un cuerpo tan hermoso, capaz de generar tanta pasión, y sin embargo convertido en un frasco de codicia, completando formularios a ultra velocidad. Encendí un cigarro con la última lumbre que me quedaba. Siempre fui bueno para no desaprovechar últimas oportunidades. –“Esto sí resulta majestuoso, y es todo mío”- pensé. –“Tal como lo imagine”- Exhalé una intensa bocanada, una nube maciza y condensada de nicotina y recuerdos.

Hurgué en el interior de mi abrigo, comenzaba a castigar la brisa. Saqué la pistola. El marco era perfecto, como una pintura a la que solo le falta el pincelazo final. Lamentaba que Elena tuviera que ser quien pusiera el broche final, hacerse cargo, ella, tan plena de belleza y superficialidad, pero no podía hacerme cargo yo por ella. Debemos optar. Sacrificios. Tantos años me llevó encontrar la casa de mi vida. Donde pasar hasta el último de mis días. La boca de acero me beso la sien. Y la piel se erizo ante el frío del incipiente invierno que la convertía en más frío aún, pero sólo por un instante. La visión era maravillosa, la naturaleza posee tanta belleza que solemos obviar sólo por distraídos. Quizás por ser tan imperfectos como humanos que no recalamos en la perfección que nos rodea, quizás por encerrarnos en nuestras cápsulas de dolor, por dedicarnos a atormentar nuestras almas en lugar de cuidarlas, quizás por aferrarnos, costumbristas, a las penas hasta que la carga se torna insoportable, antes que escoger la libertad.

Luego creí escuchar la voz de Elena reclamándome y decidí apresurarme. Una obra de arte no debe desperdiciarse. Aquél paisaje, aquella terraza, la comodidad del sillón, la musicalidad de la brisa, el pico nevado en el celeste de Montaña Clamor, las amarillentas luces relucientes de Ciudad Santa Fe. La casa perfecta, para el partir adecuado. No sirve ya repensar las causas, demasiado frío afuera y adentro, no comprenderían. No se comprende jamás el dolor ajeno. No por incapacidad, solo por genuino desinterés espontáneo.

Toda la firmeza que no tuvo mi alma hasta entonces, se concentró en mi diestra. La mano responde al cerebro y al corazón, supongo. Porque los ojos se llenan de lágrimas, que pueden ser producto de penas, recuerdos, o del viento frío que azota ya incesante la terraza del ala Norte.

–“Vamos, ya es hora. Es la casa de tu vida, aquí soñaste siempre que fuese el fin”-, me dije en voz alta, para insuflarme esa fuerza que comenzaba a flaquear.

A la distancia, la nieve de las montañas comenzaba a vestirse de un ostentoso manto azul. Las luces de Ciudad Santa Fe ya presumían su expansivo color naranja flúo, casi prepotente. Desde la biblioteca la voz de Elena llegaba lejana pero clara: -“Apúrese, ya anochece, debemos regresar”-. Pero no había regreso, ya no. La detonación fue única y retumbó en cada rincón de la magnífica mansión. La joven dudó unos instantes antes de correr hacia la terraza.

Al llegar al Ala Norte supo que era más tarde de lo tarde que había presumido. Más allá de la terraza todavía el eco del disparo aún escapaba y se escondía entre montañas y luces que fulguraban distraídas. Mi cuerpo estaba tendido en el cómodo sillón de esterillas, ella no atino a acercarse. Tampoco a pronunciar palabras. Su verba parecía haberse agotado inexplicablemente.

Mientras la nieve comenzaba a dislocarse en suaves y ligeros copos, un hilo purpúreo descendía por mi hombro y mi brazo izquierdo, apoyado en el piso de mármol, e iba dando paso a una mancha que se expandía conformando una extraña figura. Figura de contornos extraños, formada por sangre casi tibia. Tibia de apasionados recuerdos, fría de vida y mutiladas esperanzas. Demasiado fría por inmensas desilusiones. Sacrificios.

Anochecía, y el reflejo inexpresivo de la oscuridad trataba de cubrir con un manto de piedad el piso de Mármol de Carrara, de la Terraza en el Ala Norte de la bellísima Mansión ubicada en el Boulevard Carmesí, de Ciudad Santa Fe, cercana a Montaña Clamor.-



Por su obra “La casa de mi vida” (Cuento Breve), el autor obtuvo por unanimidad el primer premio en esta versión XXXIII, del año 2010. San Lorenzo, Santa Fe, República Argentina.



fuente: Premio Nacional “El Quijote de Plata XXXIII” en género cuento.
Recibido de :Alexia Marcinyuk

"El escritor argentino Gustavo M. Galliano nos ha remitido
la actualización Septiembre 2010, de su columna
Cultura y Arte, en el portal de Rossana Azuero (Florida, USA)."

Nota del EDITOR,

Felicito al autor por el Premio Obtenido y le deseo siga cosechando premios y
aplausos. Las columnas de este Blog están a su disposición para difundir sus
creaciones.

Lic. Jose Pivín
frente al puerto de Haifa
frente al mar Mediterráneo.
\


domingo, 21 de febrero de 2010

Ian Welden: La Venganza de la Palta







Milagro
LA VENGANZA DE LA PALTA


Hacía tiempo que la venía contemplando. Estaba ahí en la
vitrina del mercado entre muchas otras frutas y verduras,
verdecita ymadurando tranquila como una adolescente en
celo. Finalmente decidí comprarla. La lleve rápidamente
a mi casa y la ataqué desesperado con mi magnífico cuchillo
de cocina.
Sólo quedaron el cuesco y las tristes cáscaras.
Planté la semilla con sumo cuidado en un macetero y la
puse al sol en mi ventanal junto a mis tres soberbios
rojos.
Al mes brotó un tallo minúsculo e ingenuo. A los dos meses
ya tenía pequeñas hojas.
A los tres meses se había transformado en un bello arbol
de un metro de altura.
Y ahora que ha transcurrido un año me arrepiento
profundamente de haberme enamorado de ella.
La monstruosa criatura no me deja caminar por la casa.
Ha invadido todos mis viejos rincones. Devoró a mis amados
cardenales. Sus raíces se arrastran por mis pisos, mis muebles,
mi cama y mis mantas. Debo dormir a la intemperie de pié en
el balcón.
Y acumula arena polvo y tierra. Mi alfombra está cubierta de
hierba silvestre y han brotado nuevos árboles. Pequeñas
manadas de búfalos, jirafas y leones pastan en mi cocina.
Dos diminutos seres humanos, un macho y una hembra,
deambulan por un jardín exótico y muy hermoso. Están
totalmente desnudos. Él es alto y tiene músculos muy
abultados y visibles.
Su cuerpo está cubierto entero por vello oscuro. Ella es
pálida y frágil y su figura voluptuosa es coronada por una
cabellera larga y dorada como los rayos de su diminuto sol.
Han aparecido nubes de vapor en el techo y de entre ellas se
escucha una muy clara voz masculina que le habla a la
pareja con una vocecita de trueno, muy severa, en un
idioma desconocido para mi.
Extrañamente la pareja se alimenta de frutas y verduras
pero jamás se acercan a un hermosísimomanzano que crece
en el centro del jardín cargadodedeliciosos frutos rojos
como rubíes.
Parecen no conocer el fuego ni tener noción de la muerte.
Son como dos niños candorosos y juguetones.
En el manzano vive una serpiente que se dirije
constantemente a la mujer. Me da la impresión de que
intenta seducirla. El hombreno se ha dado cuenta de esta
situación.
Las fieras y los humanos, las aves y los peces -porque
también ha aparecido un pequeño océano en este singular
mundo en mi departamento- viven en plena armonía. No
son agresivos y curiosamente parece que todos son
omnívoros.
Yo observo esto ahora atrapado en mi buhardilla.
Los humanos se han acercado al manzanito y se ha
establecido un dialogo entre ellos y la serpiente.
La hembra saca una fruta, come de ella y se la entrega
al macho.
Él termina de comérsela.
Oh! El cielito se oscurece y hay minúsculos truenos y
relámpagos y se escucha la voz severa desde las nubes.
Los humanos corren despavoridos y se ocultan tras una
frondosa higuera.
La voz se transforma en un rugido casi animal, como el
de un padre desobedecido y encolerizado.
Otro ser humanoide con pequeñas alas blancas y una
espada de fuego en sus manos persigue a la pareja y los
obliga a marcharse hacia un vasto sector árido y hostil.
Van llorando.
El ser alado se instala en la entrada del jardín y hace
guardia devorando a una hermosa palta.
Y planta con sumo cuidado la semilla en la tierra.

Ian Welden
Copenhague, Dinamarca.

ian.welden@mail.dk

http://milagroswelden.blogspot.com
http://1234qwer.ohlog.com



Ilustración de Maritza Álvarez
Villa Alemana, Chile.

martitza_alvarez_vargas@hotmail.com
http://verbal-maritza.blogspot.com/


lunes, 25 de enero de 2010

Alfredo Di Bernardo: La memoria de los dedos

"El cuerpo tiene más memoria que el cerebro".

(Philip Roth
)

La única decisión que mi abuela paterna tomó respecto del destino final de sus pertenencias fue la de legarme el piano. Un piano vertical alemán sexagenario. El mismo con el que le había dado clases a cientos de niños santafesinos que pasaron por el Conservatorio Di Bernardo.en las décadas del '20 y del '30. El mismo en el que mi tía había estudiado metódicamente hasta obtener su título de profesora. El mismo en el que mi papá se las ingeniaba para sacar canciones usando solamente su dedo índice.

Para cuando mi abuela manifestó su voluntad respecto del piano, yo tenía veinte años y hacía rato que había dejado atrás mis precoces logros musicales. Tocaba de oído, con mucho entusiasmo pero escasa técnica. Sin embargo, aún con mis limitaciones a cuestas, a ella le gustaba que yo hiciera sonar el piano cuando iba a visitarla. No sé, supongo que, acostumbrada como estaba a vivir rodeada de música, le habrá parecido un pecado imperdonable que un instrumento permaneciera mudo.

Cuando mi abuela murió, el piano recaló en mi casa, tal cual ella lo había dispuesto. Desde entonces, sentarme a tocar en él se transformó en una costumbre casi cotidiana a la que dedicaba gustoso aunque más no fuera unos minutos. No hablo de estudiar, ni de practicar, ni de esforzarme por progresar. Hablo de tocar; simplemente tocar. Me resultaba casi terapéutico hacerlo. En esos momentos, mi mente lograba desembarazarse de las preocupaciones diarias y de las existenciales. La música interrumpía ese vicio mío de pensar demasiado y me concedía un espacio de paz interior que, fuera de esa circunstancia, se volvía inalcanzable.

Continué con tan saludable hábito por unos años, hasta que mis sucesivas mudanzas me fueron llevando a viviendas cuyas características edilicias tornaban poco recomendable incluir un piano en el mobiliario.

El 1º de enero pasado, después de los brindis de Año Nuevo en casa de mis padres, me dejé llevar por el impulso de levantar la tapa del "Rachals" y garabatear algunos sonidos en su entrañable mixtura de madera y marfil. No estaba tan desafinado como esperaba, pero algunas de sus teclas evidenciaban signos de una considerable disfonía. Me senté en el viejo taburete giratorio y me puse a tocar. Llevaba realmente mucho tiempo sin hacerlo, y cierta enojosa insistencia de mis dedos en desobedecer mis órdenes mentales se encargó de recordármelo con suma franqueza. Seguramente, el continuado de boleros y música de películas antiguas al que recurrí para darle el gusto al auditorio presente se escuchó esta vez un tanto deslucido, pero nadie de entre los oyentes me lo reprochó.

De pronto, en medio del concierto, mientras decidía qué tocar a continuación, mis manos se desentendieron de mi voluntad y se deslizaron por su cuenta hacia el dibujo de una melodía dulzona que al principio no logré identificar con precisión. Tardé varios segundos en reconocerla: era el valsecito que había compuesto para mi abuela y que solia tocar en aquellas visitas que le hacía. Me pareció asombroso, ya que, como mínimo, yo no había siquiera tarareado esa melodía en los últimos diez años. Y sin embargo, ahí andaban mis dedos, jugando caprichosos con aquella sucesión de notas que había permanecido sumergida en mi subconsciente durante tanto tiempo, demostrándome que eran capaces de recordarla sin mi ayuda.

Fue como abrir la compuerta de un dique. En cuestión de segundos, me vinieron a la cabeza numerosas escenas familiares en las que, invariablemente, el piano ocupaba el centro de la anécdota evocada. Pensé en mi otra abuela, la materna, que también tocaba, y eso me llevó a volcar mi repertorio hacia ciertos tangos y valses con los que ella acostumbraba satisfacer mis requerimientos infantiles: "Adiós muchachos", "Lágrtmas y sonrisas", "Santiago del Estero"...

Me puse contento. Acaso antojadizamente, sentí que estaba homenajeando a mis abuelos. Y no quisiera incurrir en sentimentalismos baratos, pero mientras tocaba imaginé que ellos andaban por ahí cerca, escuchando con alegría, aprobando reconfortados que su nieto los recordara de esa forma.

Algo cansado, interrumpí mi recital por unos minutos y pedí que me acercaran algo fresco para reponerme del calor. Mientras bebía, caí en la cuenta de algo en lo que nunca había reparado hasta ese momento, y es que mis dedos guardan una herencia familiar intangible pero invaluable, atesoran una historia poblada por remotos paisajes sonoros de los cuales provengo, y que han contribuído a hacer de mí lo que soy.

Tuve la certeza de que iba a escribir algo al respecto. Vislumbré un pantallazo general de lo que iba a ser el texto, y hasta supe cómo iba a titularlo. Hubiera podido permanecer suspendido en esa fantasía creadora durante un buen rato pero, apenas advertí que -una vez más- estaba pensando demasiado, detuve mi maquinaria mental de inmediato.

Mis abuelos me estaban pidiendo un bis, y no era justo hacerlos esperar. Así que me acomodé de nuevo frente al teclado y me puse a tocar "Gricel".



Alfredo Di Bernardo

alfdibernado@ciudad.com.ar

El autor es poeta y escritor santafesino.

Edita una Hoja poetica/literaria llamada 'EL REGALADOR'
de distribución semanal via Internet