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sábado, 4 de julio de 2015

Monica Laurencena, poeta y escritora santafesina nos regala su poesía "Existencia de la edad madura"










Existencia de la edad madura

Cuesta marchar, tanto...
cuesta abrir ventanas y mirar
cuesta no recordar áquel trinar
en el momento exacto de amar.
ay! y cuesta saber que la vida es como
el inescrutable, inexorable mar.
Vayan, busquen, sostengan ideas.
Levanten las buenas banderas.
Cuesta salir hacia los nuevos días
que vendrán, envueltos en bruma de rocíos
que seràn, los últimos remansos de los ríos.
Cómo no preguntarse sobre la existencia,
sobre lo que pasará. sobre la edad madura.
sobre lo que les podra ocurrir a los hijos.
Vendrè siempre preocupada por ser madre,
aún cuando sean ya mayores...
Cantaré con mesura una eterna canción de cuna,
en mi vientre de soles,
y por fin, decidida marcharé hacia la vieja luna.
Haré un collar de flores con los cabellos de mis niñas,
y una espiga de oro con un mechón del varón,
y la ronda del amor, se instalará para vencer a la noche,
como los hermanos de la tierra, bendeciré el àrbol
y el cielo, la semilla y la lluvia, la noche y la montaña.
Todo es vida, No habrá alternativa: deberé abrir
las puertas , las ventanas, y mi corazón será
potro salvaje en medio del día que me va llegando,
que me va llamando
que me va gritando.

dd/rr Mónica 
Monica Laurencena


fuente: difundida en Facebook, y
publcada aquí con la autorizacion 
escrita de la autora, mi amiga 
Mónica, a la que agradezco y felicito.

lunes, 18 de noviembre de 2013

El escritor y poeta Carlos Antognazzi presentó su libro “Sísifo” en Rosario

 
 
Se presentó en Rosario el nuevo libro del escritor santafesino Carlos Antognazzi: “Sísifo”. El libro, que reúne cuentos y una nouvelle, y que fuera publicado en setiembre de este año, se presentó el sábado 16 con la organización del grupo “Cuando el río suena”, integrado por las escritoras Graciela Aletta de Sylvas, Gloria Lenardón, Florencia Lo Celso, Alejandra Méndez, Marta Ortíz, Jorgelina Paladini, Ana María Russo, Antonia Taleti y Mariana Vacs.
 
La poeta Ana Russo hizo la presentación del acto, y luego se referirió al libro el poeta Lisandro González, reciente ganador del premio “José Pedroni” de la provincia de Santa Fe. El acto tuvo lugar en el bar “Lúcuma”. Entre el público presente estaban la escritora Angélica Gorodischer y la poeta Clara Rebotaro.
 
González hizo notar el oficio avezado de Antognazzi, las relaciones subterráneas que articulan diversos textos en distintos libros, el paso del “realismo” a la “ciencia ficción apocalíptica”, en registros de variada índole. Destacó asimismo el papel del paisaje en sus escritos, aunque no en clave “regionalista” o “pintoresquistas”, sino con un enfoque particular que escapa a los clisés habituales.
 
Antognazzi por su parte argumentó que hay una intencionalidad en esas relaciones, y que esos registros variables responden a que a la hora de escribir no diferencia ni géneros ni actitudes en forma tajante, sino que se deja llevar por distintas aproximaciones al mundo cotidiano, de todos los días, pues, en sus palabras, “según la mirada o el interés que pone el autor el argumento será más realista o más fantástico”.
 
Cerrando el acto Antognazzi leyó el cuento “Trabajar con papá”, que integra el libro, y que obtuviera en España el premio “Ciudad de Huelva” y que fuera publicado también en Alemania.
 
Restan ahora tres presentaciones más en el mes de noviembre, en las ciudades de Paraná, Santa Fe y Rafaela.



Carlos O. Antognazzi

1983-2013: 30 años de trabajo, 23 libros

Páginas personales:

http://www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=58104
http://www.mundoculturalhispano.com/spip/auteur.php3?id_auteur=142
http://axxon.com.ar/wiki/index.php?title=Antognazzi%2C_Carlos_O.

jueves, 5 de abril de 2012

María Guadalupe Allassia, poeta y escritora santafesina y su libro “Luna, espejo del tiempo”

Por Luis Varossi

“Luna, espejo del tiempo”,
de María Guadalupe Allassia.
Edición de autor. Santa Fe, 2011.


En La diosa blanca, un libro clave de la teoría poética, Robert Graves sostiene que la poesía nació y se desplegó a través de los siglos como invocación a la Luna, y que persiste en esa condición aun cuando el poeta de hoy pueda haberlo olvidado y sea inconsciente de su misión. No es casual, entonces, que María Guadalupe Allassia haya decidido rendir un explícito homenaje a la Luna en el título, la apertura y en varios de los textos incluidos en su nuevo libro.

El título apela a la sentencia persa: Luna, espejo del tiempo, que Borges no se cansaba de citar, admirándola porque allí “está la fragilidad de la luna y la eternidad también. Está esa contradicción de la luna, tan casi traslúcida, tan casi nada, pero cuya medida es la eternidad”. Ya la dedicatoria de Allassia manifiesta la importancia que otorga a esa diosa que dio en llamarse Diana, al decir, tras nombrar a los seres queridos: “Al pronunciar sus nombres los inscribo en la luna de jade. / Traslúcida./ Eterna. / Espejo del Tiempo”.

También el Prólogo apela directamente a la “diosa blanca”: “Ay, luna de oro que iluminaste tantos siglos... tú, Luna,/ como una flor de ámbar, me develaste los ensueños imaginarios./ Lunarios de unicornios y sirenas, soles verdes, ángeles ...”.

El primer texto lleva también como título la mencionada sentencia persa, y relata poéticamente un descenso de la Luna a la Tierra, y un desgraciado accidente que la ahoga, hasta que gracias al conjuro de buenos hombres una barca logra rescatarla y flotarla nuevamente al cielo.

Cuatro grandes puertas (Puerta respiración de mariposas; Puerta del ángel fosforescente mirada de alondras; Puerta cabellera de guindos y Puerta del escarabajito de oro) nos introducen en los más de sesenta textos que fluctúan entre los cuentos, relatos, rarezas y maravillas, pero cuya esencia constante es el tenor poético de la escritura.

Tal como la propia autora señala “Yo no sé cuándo abrí las Puertas Mágicas, del Sol y de la Luna. Al entrar dije un conjuro secreto, un acertijo que no puedo revelar, un nombre de hechizo y sueños. ¿Tal vez, Luna, espejo del Tiempo? Las Puertas se abrieron y vi a un unicornio que me indicaba un camino de espejos y luciérnagas. De lunas de melocotón maduro. Lo seguí y crucé un río de estrellas donde se asomaba una sirena de plata que cantaba entre la niebla. Así anduve caminos de magia que brillaban como un bordado de piedras de colores. Encontré personajes maravillosos. Aprendí a hilar palabras como un tejido de sueños. Escribí cuentos, poesías, canciones y otras rarezas y maravillas, ensueños de fantasía que permiten el vuelo infinito del corazón humano. Nunca dejé de leer. Busqué a los niños. O ellos me encontraron, comiendo naranjas entre los duendes”.

María Guadalupe Allassia ya nos tenía acostumbrados a su gracia sutil y al hechizo de su fantasía a través de sus cuentos y poemas infantiles (desde Paí-Luchí, cuentos del Litoral, y Puerta de Sol, Puerta de Luna a La Chirusa y Mi Tía Amorcito. Nanas del Mundo; hasta la contundente narración de su Secreta Memoria y el sabor dulce de la crónica en Santa Fe Antiguo. Tiempo y memoria). De alguna manera todas esas virtudes están presentes en la variedad de textos que ofrece en su nuevo libro, donde además de la Luna, son convocados pintores (Rousseau, Miró, Chagall), escritores (Mark Twain, Borges, Mujica Láinez, Syria Poletti), animales fabulosos (el dragón, el unicornio, la sirena) y otros no menos extraordinarios (pájaros en ramo, un torito blanco, un tigre pacífico) y los árboles, las flores, los ángeles...

Gran parte de estos textos, tal como consigna la autora con agradecimiento en la nota introductoria, fueron publicados en las páginas literarias de El Litoral a lo largo de catorce años de colaboración.


María Guadalupe Allassia.
Fuente: diario EL LITORAL- SANTA FE

jueves, 3 de marzo de 2011

Carlos Roberto Morán, escritor y periodista santafesino nos atrapa con uno de sus cuentos

La infinita venganza

o el olor de la muerte

CARLOS ROBERTO MORAN

“En una mano llevaba un

revólver Harrington &

Richardson, calibre 32; en la

otra, un ramillete de flores”.

De una nota periodística


Abrió una de las ventanas, la de la izquierda.

La aseguró con una traba que habían

hecho colocar muchos años atrás. Por allí,

al correrse las cortinas, penetró la llovizna.

Sólo mojaba el parquet, protegido a su vez

por láminas de plástico. Era una costumbre

que habían adquirido, la de dar la bienvenida

a la lluvia. Por la otra ventana, la de la derecha,

cerrada, a través de los visillos levantados a

medias, miró cómo el agua ibacorriendo las

cosas, lavando ese pequeño mundo de la calle,

las casas de los vecinos, los hilos tendidos de

la electricidad y los teléfonos.

Se miró las manos observando las crecientes

manchas oscuras. Levantó la vista y quedó

detenida, no demasiado tiempo, en una

fotografía de paseo en domingo y en un

cuadro con flores, una jarra de vino, una

pipa disonante, amarronada, ubicada en

un costado de la pintura. Ni ella ni el resto

de la casa producían ruido alguno. Llegaba

sí una débil voz más allá de las paredes.

Alguien que está diciendo su mundo, pensó.

Todos tenían su mundo, era cierto.

Se corrió a la cocina para comer unas

galletitas algo resecas y tomar un té con

edulcorante. Después se levantó y fue

encendiendo y apagando las luces de la casa.

El gato le maulló y ella le dio carne y leche

que sacó de la heladera.

Había regresado a la cocina revisando

prolijamente la lista de compras que debería

hacer a la mañana siguiente. Anotó algo más

y tachó las compras ya hechas.

Se dirigió al primer piso de la casa, subiendo

con cuidado las escaleras. Siempre se agitaba

y por eso se prometía vivir en una casa de

una sola planta, sabiendo que esa promesa,

como tantas otras, nunca sería satisfecha.

En el dormitorio revolvió un cajón y sacó

aquello que fue a parar a un bolso grande

que levantó también para después salir de

la habitación apagando las luces y cerrando

la puerta delicadamente, como si alguien

durmiera dentro.

En el pasillo arregló los jazmines colocados

en los pequeños floreros. La planta alta

mantenía el olor de las flores. A ambos les

gustaban.

Pasó de nuevo a la planta baja y esta vez

cerró la ventana abierta. No tenía tiempo

de limpiar los plásticos del piso, cosa que

le molestó. Dejó entonces que el charco se

extendiera más allá del sector protegido y

avanzara sobre el parquet, ensanchándose,

siendo lo mismo y también otra cosa que

crecía en la casa.

2

Apagó las luces y cerró todo. El paraguas

que usaba era negro y cómodo. No le

pertenecía, pero hacía abstracción de

eso como de tantos otros objetos y

situaciones.

Esperó un taxi, detenida en el umbral de

la vivienda y protegida por el porche que

en su imaginación veía como el pórtico

de un mausoleo.

Debió esperar antes de que apareciera el

coche negro y amarillo con su lucecita roja

encendida marcando “libre”. Le hizo señas,

chistando con un chistido agudo que en

general evitaba porque le hacía recordar

a un pájaro ridículo.

El chofer le habló de la lluvia y de los

baches y ella le contestó con monosílabos

al comienzo, pero después se limitó a

quedar callada, pensando en sus asuntos,

revisando el bolso sin sacar nada de él,

palpándolo, como si fuera un animal vivo.

Al bajar del coche sólo lloviznaba. Retornó

a la protección del paraguas hasta el

momento en que, al comprobar que

apenas goteaba, lo cerró permitiendo

que esas gotasla mojaran para refrescarse,

porque pese al agua persistía el calor.

Su rostro era alargado. Caminaba apretando

los labios mientras sus ojos buscaba una

numeración, una vivienda precisa.

La casa buscada estaba a media cuadra,

era de tipo chalet y tenía algunas luces

encendidas en su interior.

En el jardín delantero había jazmines.

Los miró, revividos por el agua. Se decidió a

tomar unas cuantos, armando un pequeño

ramo.

De su bolso sacó la llave que había

encontrado en el saco ajeno y que –sabía-

correspondía a la puerta de entrada. Abrió

sin ruido, como era su costumbre, y penetró

en el lugar.

Se fue guiando por deducciones, por lo que

–entrecortadamente- había logrado

establecer a partir de las conversaciones

que el hombre sostenía por teléfono con la

mujer y que ella había podido escuchar

por el aparato supletorio que permanecía

a su lado, en el piso superior.

Desembocó en el dormitorio donde estaban

la mujer joven y el hombre maduro.

Sobre sus cuerpos desnudos y traspirados

les arrojó el ramo de jazmines, sin hablar,

pensando en un ambiguo mensaje de las

flores, en cuánto reconocería él en cada

flor, en cada pétalo: costumbres, hijos,

viajes, planes, gustos, promesas, las voces

idas y el tiempo irrecuperable.

Después apuntó, en medio de la confusión

de los cuerpos, entre gritos y advertencias.

La bala fue certera: su cabeza se expandió

por toda la pieza, sembrándola del olor a

la muerte.

3

Fue una multiplicación sin término de su

carne chamuscada, ante el horror de la

mujer joven que miraba sin comprender,

ante el terror del hombre maduro que

entendía de qué forma ella, matándose

delante de los dos, se tomaba su infinita

venganza.

Santa Fe, Argentina, 1989 – 2000

CARLOS ROBERTO MORAN



Carlos Roberto Morán nació en Santa Fe, Argentina, el 17.8.1942, ciudad en la que reside. Es escritor y periodista y ha publicado los libros “Territorio posible” (México, 1980), “Noticias desde el sur” (México, 1986), “Noticias de Sergio Oberti” (Argentina, 1990) y “Ella cuenta sobre el mar” (Argentina, 2006) Sus trabajos han aparecido en diversas antologías y publicaciones, tanto de la Argentina como del exterior. Las más recientes antologías en las que se incluyeron sus cuentos son: “Antología del nuevo cuento argentino”, Widawnictwo Literackie, Varsovia, Polonia, 1988; “La otra realidad”, Desde la Gente, Buenos Aires, 1994; “Cuento argentino contemporáneo”, UNAM, México, 1996; “Padre río”, Desde la Gente, Buenos Aires, 1997; “Narradores argentinos”, Cultura de Veracruz, Xalapa, México, 1998; “Octopus”, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1998 (el relato largo “Ella hablaba sobre el mar”); “No hay dos sin tres. Historias de adulterio”, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, España, 2000; “Hazañas bélicas”, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, España, 2001; “Molto Vivace”, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, España, 2002; “Octopus II”, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2002; “Leer la Argentina” , Ministerio de Educación de la Nación, Buenos Aires, Argentina, 2005; y “Cuentos de magia”, Editorial Páginas de Espuma, Madrid, España, 2007.

Ha recibido distintos premios y distinciones, tanto en su país como en el exterior.

La revista “Cultura de Veracruz”, que aparece en Xalapa, México, dirigida por Raúl Hernández Viveros, le dedicó un “homenaje” en su N° 31, mayo de 2008, con la publicación de fotos, cuentos y reportajes.


--
Carlos Roberto Morán

blog:
http://lacomunidad.elpais.com/cmoran24/posts



lunes, 7 de febrero de 2011

Beatriz Eva Ortiz, poeta santafesina





Figura del miedo


Si me preguntan: ¿Cómo dibujarías el miedo?

Sin duda, diré: Con el dedo índice


clavado entre mis ojos




¿Por qué?


Sólo veo entre mis ojos


Ahí, en ese pequeño gran espacio,


un dedo, el dedo firme,


instalándome una figura.




La figura del orden


que grabó a fuego los NO.


Los muchos NO


que definieron mis miedos




Teníamos tantos NO


que sentíamos no había lugar


para la risa




La risa rondaba sin poder entrar



La risa lloraba fuera del hogar


El miedo, entonces, reinaba

con el dedo siempre en custodia



Sin embargo, no reniego


del dedo, su imagen, su signo.



Porque la vida me enseñó


que tampoco ellos supieron


que lo que sentían


era sólo miedo


por lo que vendría




Así nos preservaban, así nos amaban



Así…, se nos iba la vida



Hoy, grafico el miedo como una figura


amable, simple… que me desafía


a andar por la vida sin dedo en la mira


Beatriz Eva Ortiz






Curriculum vitae de Beatriz Eva Ortiz



Nacida el 27 /02/46, en Santiago del Estero, Argentina, pero reside desde hace muchísimos años en Santa Fe, Capital. Es maestra, bibliotecóloga y técnica correctora periodística y editorial, egresada de la Universidad Nacional del Litoral.


Integró el Consejo Redactor de las Revistas “Casa del Maestro” y “Sistema de Apoyo Educativo”. Participó en el Primer Encuentro Comunitario de escritores de San Juan, en el Primer Encuentro Internacional de escritores en Montevideo, Uruguay.


Integra las Antologías “El hacer de las palabras”, “Poetas de dos orillas”, “Antología literaria santafesina para adolescentes y jóvenes”.


Publicó “Poemas tardíos”. Realizó talleres de comprensión lectora, corrección de tesis, etc.



Actualmente está trabajando en su libro “Otro día”.