sábado, 7 de agosto de 2010

El 27 de agosto a las 20 hs., en el Centro Cultural Municipal de la ciudad de Santa Fe, estaremos presentando los primeros ocho números de

CUADERNOS Y PALABRAS

Colección LuzAzuL



El 27 de agosto a las 20 hs., en el Centro Cultural Municipal de la ciudad de Santa Fe, estaremos presentando los primeros ocho números de Cuadernos y Palabras. La experiencia no es nueva pero sí valiosa y posible de llevar adelante. Se trata de una edición cooperativa, donde once voluntades adhieren al proyecto y lo materializan con su obra editada.

Se pueden resaltar aspectos valiosos de este emprendimiento. Uno de ellos hace referencia a lo económico como una barrera real: el autor no debe desprenderse de una suma importante para editar y puede ofrecerlo a un precio aceptable, lo que hace posible recuperar sino todo, parte de lo invertido de su bolsillo.

Otro de esos aspectos es la importancia de poder editar trabajos de pequeñas dimensiones –de bolsillo, prácticamente- a un costo sumamente accesible para el autor. De este modo, se suma a la creación de una colección integrada por diversos autores, la posibilidad de ser difundido y, para el lector, de acceder a una variedad de temas y estilos que aportan a su crecimiento individual y social. La cultura no es, meramente, una definición, sino hechos donde podamos recalar para reconocernos.

Cuadernos y Palabras aparece como Colección LuzAzul. Es una idea que teníamos con Horacio Rossi y que, ahora, la concretamos. Podemos decir que es una continuidad de la hoja de poesía que lleva el mismo nombre y que hace once años se edita mes a mes, tanto en su versión electrónica como en papel.

Es un espacio que queda abierto y que, entre los que nos dedicamos a la escritura, podemos sustentarlo y hacerlo crecer, tanto en cantidad como en calidad.

En esta primera oportunidad me tomé el atrevimiento de invitar a personas amigas con quienes hace años nos venimos acompañando. Es una posta. Y es un anhelo personal de que el próximo año, por el 2011 digo, pueda asentar una nueva posta con nuevos autores.

Los que participan en la primera posta: Mónica Lucía Díaz (Villa Trinidad); Gabriela Meneghini (San Cristóbal); Verónica Capellino (San Cristóbal); Ángel Alassia (San Cristóbal); Nilda Moraz (San Cristóbal); Marta Goddio (Llambi Campbell); Teresa Guzzonato (Santa Fe); Elsa Hufschmid (Santa Fe); Zulma Molaro (Santa Fe); Danilo Doyharzabal (Santa Fe); Rita Bonfanti (Santo Tomé) y Oscar Agú (Santa Fe/Sto Tomé).



Cordialmente.

Oscar A. Agú




viernes, 6 de agosto de 2010

Dot-Torrent: Un conocido tipo de troyano con una novedosa manera de engañar

El troyano Dot-Torrent, una conocida amenaza dentro del mundo de los malware, está siendo utilizado por ciberdelincuentes para obtener números de tarjetas de crédito, enfocándose en el target de usuarios que realizan descargas por Internet de manera ilegal.

Esta nueva tendencia de engaño, está muy bien elaborada y orientada a usuarios que tratan de evitar las sanciones impuestas por algunos países al material descargado de manera ilegal y que violenta los derechos de autor. Así, la persona que desea realizar la descarga del archivo, es engañada con el cobro de una pequeña cantidad de dinero por dicha descarga, e inducida a ingresar el número de su tarjeta de crédito. Una vez hecho esto, los ciberdelincuentes obtienen el número de tarjeta de la victima, cargándose además el cobro por la descarga en la tarjeta.

Pero, esta descarga sigue siendo ilegal, aún si el usuario ha pagado una pequeña cantidad de dinero por ella, por lo cual estaría sujeto a sanciones si vive en un país donde las leyes sean estrictas al respecto. Como medida de seguridad, es recomendable no incluir números de tarjetas de crédito en formularios que no hallan sido obtenidos por nosotros mismos en nuestras búsquedas.


fuente: http://www.rompecadenas.com.ar/articulos/dot-torrent-conocido-troyano.php






" Fipan Santa Fe" realizará el próximo sábado 7 de Agosto una Jornada de Capacitación en Fibrosis Quística (FQ),en la Ciudad de Santa Fe

Fibrosis Quística en Santa Fe

Fipan Santa Fe realizará el próximo sábado 7 de Agosto una Jornada de Capacitación en Fibrosis Quística (FQ), dirigida a familiares de personas afectadas y profesionales de las distintas disciplinas médicas que atienden a los santafesinos que nacieron con esta afección genética.

El panel estará compuesto por profesionales médicos de nuestra ciudad:

· Dra Teresita Solis. Introducción a la FQ. La importancia del trabajo multidisciplinario.

· Dr. Fernando Meneguetti. Detección precoz de las infecciones. Exacerbaciones respiratorias.

· Dra. Marta Wagener y Lic. Jorgelina Olivera. Nutrición y uso de enzimas pancreáticas. Aspectos prácticos en una rutina diaria de alimentación

· Dra. Judith Pierini: adherencia al tratamiento.

Posteriormente, se realizará una charla para las familias de personas con fibrosis quística, encabezada por la Pisicóloga Margarita López.

Las inscripciones son libres, y se podrán realizar el mismo día de la Jornada, en la Sede Social y Cultural de UPCN (Rivadavia 2513), desde las 8 horas. La Jornada dará inicio a las 9 horas.

¿Qué es Fibrosis Quística?

La Fibrosis Quística (FQ) es la enfermedad genética hereditaria más común en la raza blanca. Se trata de un trastorno generalizado de las glándulas de secreción externa. Las secreciones anormales, viscosas y adherentes, originan complicaciones como: enfermedades pulmonares crónicas, insuficiencia pancreática, excesiva concentración de electrolitos en el sudor y en ocasiones, compromiso hepático.

Debemos pensar que una persona tienen FIBROSIS QUISTICA cuando aparecen algunos síntomas como sudor salado, ileo meconial (obstrucción del intestino del recién nacido), infecciones respiratorias a repetición, tos crónica, pólipos nasales, sinusitis crónica, malnutrición, deposiciones abundantes, blandas y frecuentes, retardo en el crecimiento, dificultad para subir de peso, prolapso rectal, dedos en palillos de tambor, azoospermia.

El tratamiento para controlar los problemas que la FQ ocasiona en el organismo consiste en consultas periódicas con el médico, nutrición con una carga hipercalórica, suplementos vitamínicos, toma de enzimas pancréaticas, nebulizaciones diarias, kinesioterapia respiratoria y antibióticos.

La FQ no es contagiosa ni afecta la capacidad intelectual.


Carlos O. Antognazzi
Páginas personales:
http://www.elfisgondigital.com/fsgnw/arte/nota.vsp?nid=58104
http://www.castalia.es/Shop/Detail.asp?IdProducts=1324
http://www.mundoculturalhispano.com/spip/auteur.php3?id_auteur=142
http://axxon.com.ar/wiki/index.php?title=Antognazzi%2C_Carlos_O.
http://www.tyhturismo.com/data/destinos/argentina/literatura/escritores/Antognazzi/Antognazzi.html



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Fernando Birri se reunió con los nietos de “Tire dié” en la Escuela Nro. 507 del Barrio Santa Rosa de Lima, en la ciudad de Santa Fe



Fernando Birri se reunió con los nietos de “Tire dié”


Cincuenta años después de filmar la película, Fernando Birri volvió al Barrio Santa Rosa de Lima para reunirse en “sesión de trabajo” con los alumnos de la Escuela Nº 507. Sus pequeños artistas serán los encargados de diseñar vestuario y escenografía del “Fausto criollo”, que rodará en nuestra ciudad el próximo mes.






“Esta escuela vuelve a ser una especie de vanguardia, no sólo pedagógica sino estética y política, en el sentido más limpio de la palabra”, sostuvo el cineasta. Foto: Guillermo Di Salvatore


Florencia Arri

farri@ellitoral.com


“Estoy feliz por esta ciudad, que todavía, entre tantos rincones oscuros, sigue teniendo lugares luminosos como éste, como esta escuela”. En la ancha sonrisa, esas fueron las palabras que Fernando Birri pronunció a este diario, sentado en el aula de la escuela secundaria Nº 507 Santa Rosa de Lima donde esta mañana realizó una “sesión de trabajo con los alumnos”. Allí, desde las diez y hasta casi el mediodía, sus paredes dibujadas en tiza fueron escenario de una reunión de producción de la película “Fausto criollo” de Fernando Birri. El filme, que comenzará a rodarse en septiembre con realización del Instituto Superior de Cine y Artes Audiovisuales de Santa Fe (Iscaa), tendrá una particularidad: “Será interpretado íntegramente por chicos, a excepción de los dos gauchos principales que serán actores adultos”, anticipó el cineasta. La de esta mañana fue una instancia previa, en que un grupo de realizadores del Iscaa se reunió con alumnos de esta escuela para participarlos de la producción. Sus pequeños artistas son los encargados de realizar el diseño del vestuario y de la escenografía del film.

La idea surgió cuando Fernando Birri tomó contacto con los frescos pintados por los alumnos respecto de la inundación que sufrió nuestra ciudad, ante los cuales se confesó “sorprendido; tanto por el resultado como por su fuerza estética, por la denuncia ética y la capacidad de transferir, transforjar o transformar la realidad”. A sus ojos, “si esto se hubiese hecho en París o en Roma, ciudades que se miran desde aquí como grandes centros culturales, hubiese tenido una repercusión impresionante; pero aquí queda como una hermosa aventura local, restringida, que no tiene mayor alcance. De allí que creí que, aparte del valor intrínseco que tiene la realización de una película al tenerlos como compañeros, me parece una forma de poner patas para arriba las formas tradicionales de apreciar cultura”.

Vanguardia pedagógica y estética

La sesión de trabajo comenzó a las diez, con el numeroso grupo de alumnos que cursa sus estudios secundarios en la escuela, con terminalidad de “Comunicación, arte y diseño”. Tras un primer acercamiento con la obra de Johann Wolfgang von Goethe, sustento argumental de lo que será el film, los alumnos deberán realizar dibujos y pinturas de los personajes -que serán convertidas por Osvaldo Pettinari en el vestuario de la película- y de sus espacios, que serán montados por Fabián Rodríguez en gigantografías que oficiarán de escenografía para el rodaje.

En la reunión, Fernando Birri hizo gala de sus dotes de narrador y compartió con los chicos una breve reseña de “Fausto”. El encuentro fue calificado como una “reunión de trabajo”, ya que después de la charla se proyectó la película muda del francés George Méliès -con diálogos y sonidos simulados por Birri- y una serie de pinturas y dibujos propuestos como “disparadores para la representación”.

A la atenta escucha de los chicos se sumó el entusiasmo de Juan Pablo Mendoza, director del establecimiento, quien se dijo “emocionado” por “este acontecimiento único, maravilloso e histórico. Es una experiencia única y una oportunidad que creo los alumnos nunca van a olvidar. También es inolvidable para nosotros los docentes, por contar con Birri otra vez en la escuela, después de 50 años de filmar “Tire dié’. Que vuelva otra vez al barrio, que ya está cambiado, y se reúna con los alumnos, algunos de ellos nietos de los actores de “Tire dié’. Por eso y más, este día es una celebración”.

De uno y otro lado, los alumnos de Santa Rosa de Lima fueron destacados como pequeños artistas por Mendoza, su director, quien enfatizó “su capacidad para la expresión. El vivir en este extremo de barrio los hace altamente sensible a poder comunicar. Son las artes y los distintos lenguajes lo que les dan la posibilidad de expresar aquello que con otro lenguaje no podrían”. Su otro director, el que los llevará a la pantalla grande, los destacó como “los nietos del cine santafesino. Lo importante de este hermoso encuentro es que la película que estamos tratando de hacer resulta de dos escuelas: la Santa Rosa de Lima y la Escuela de Cine. Lo importante es juntar fuerzas para hacer juntos una nueva película”. Para Birri, esta escuela de barrio “vuelve a ser una especie de vanguardia, no sólo pedagógica sino estética y política, en el sentido más limpio de la palabra”.

“No hay que minimizarlo. Creo que es un episodio súper importante lo que acabamos de hacer -agregó-. Estoy feliz no sólo por disfrutarlo sino también por el Instituto de Cine que propicia esta aventura y por la Escuela Santa Rosa de Lima que entra con todo su peso en esta aventura”.



“Fausto criollo”

La versión litoraleña de la obra Goethe comenzará a rodarse en septiembre, en el Teatro Municipal y otros rincones de nuestra ciudad. Birri anticipó que será “interpretada por chicos”, y plasmará en pantalla grande el relato en que “Pollo’ -su protagonista-, narra una puesta de “Fausto’ a la que asistió en el Teatro.

“Creo que Pollo con una operación fresca, antirretórica, hace de su versión del Fausto algo vivo que podemos compartir, que no está en el olimpo de la cultura sino en la sensibilidad de una forma nueva de contar una cosa muy vieja: las relaciones del diablo con el hombre. Quién mejor puede dar la visión de este mundo que los chicos, a quienes el mundo todavía no ha pervertido en su manera de ver la realidad”.



fuente: DIARIO 'EL LITORAL',2 DE AGOSTO DE 2010.

Nota DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
La foto superior, en la que se ve a Fernando Birri solo,
en blanco y negro ,fue "tomada prestado" por mi, de
INTERNET. Desconozco el autor.

Con gran alegría publico esta noticia sobre un nuevo film que mi querido amigo/HERMANO MAYOR -Fernando Birri (h) esta a punto de dirigir y filmar en la querida ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz.

Esto me lleva 50 años atras en mi memoria recordando mi fugaz pasada como alumno , por el ahora mitológico Instituto de Cinematografia de la Universidad Nacional del Litoral, que precisamente Fernando Birri creo y fue su primer Director.

Mi recuerdo nostalgiosos a Juan Carlos Arch, Gerardo Vallejos, Ninfa y Selva Pajon, Edgardo Pallero y su esposa Dolly Pucci, Jorge Goldenberg, el tucumano Mori, Rodolfo Nader, Coca Grioni, Carlos Gramaglia, el Regente Don Edmundo Blanco Boeri, Adelqui Camusso(segundo director del Instituto y Profesor de Fotografía), Alfredo Ariel Carrio (a cargo de la Editorial Documento), Manuel Horacio Gimenez, Juan Jose Saer,Diego Bonacina,Enrique Urteaga, Nelly Borroni, Juan F. Oliva y tantos otras/os que fueron alumnos, docentes, personal administrativo de esa 'escuelita de cine' que se convirtió en uno de los Mitos Cinematograficos Latinoamericanos, bajo la dirección del Gran Maestro, FERNANDO BIRRI.

A Fernando Birri, quien fuera mi vecino (nuestras casas se apoyaban una en la otra) desde mis 4 años de edad, mi amigo del alma, mi querido Maestro y "Hermano Mayor" le deseo larga y sana vida y exito en esta y proximas peliculas a filmar.

Con el inmenso cariño y amistad invariable de este ex habitante de calle 1 de Mayo nro. 3018, en la ciudad de Santa fe de la Vera Cruz.

Lic. Jose Pivín
Editor de este Blog







martes, 3 de agosto de 2010

Concepción Bertone:
La Concepción de la Poesía


Augusto Munaro







Se propende juzgar a la poesía proveniente de las provincias como muestra de un opacado provincionalismo. Una réproba superstición que no hace más que marginar y desacreditar aquellas voces que trascienden con legitimidad, desde el interior del país. El lugar físico donde compone el poeta, es sólo una circunstancia menor en relación al valor intrínseco de su obra. Que Alberto Girri haya realizado Playa sola en plena ciudad porteña, Alejandra Pizarnik su Árbol de Diana en una buhardilla parisina, o que Juanele conciba En el aura del sauce, a orillas del Paraná; poco tuvo que ver con su posterior inclusión y permanencia en el canon literario. Sin embargo esta miopía se ha arraigado en ciertos sectores de la crítica. Son decenas los líricos que afrontaron este reto adicional -algunos más tiempo que otros-, sea por problemas de difusión, o simplemente por ignorancia. Jorge Leónidas Escudero, Juan Manuel Inchauspe, Arnaldo Calveyra, y Juan Carlos Bustriazo Ortiz, entre otros, debieron remar contra la corriente durante décadas, hasta adquirir su demorado reconocimiento.

Lo mismo puede atribuirse a la producción poética de la rosarina Concepción Bertone (1947). En su caso particular, sin contar con una obra voluminosa, cuatro libros en casi cuarenta años de credo poético, le bastaron para erigir una voz profundamente personal. Sus poemarios son: De la piel hacia adentro (1973), El vuelo inmóvil (1983), ambos atravesados por el fantasma de la última dictadura, Citas (1993) y Aria da capo (2005). Son el fruto de una larga y rigurosa destilación que prescinde del manierismo, es decir de la ampulosidad formal.

Puesto que evita las repeticiones y lugares comunes -hoy por hoy, la fascinación por la puerilidad, la parodia y lo plebeyo-, ninguno de sus obras resulta unitonal, monotemático. A medida que se avanza en la lectura de sus textos, el lector percibe una sintaxis que tiende a la desarticulación, eludiendo la rigidez impostada. Sosteniendo una voz que se encarna en versos nítidos, depurados por una intensa emoción, sus poemas se cifran y vertebran a través de un ritmo ágil, recurriendo, en ocasiones, a las astutas elipsis que revelan un rico imaginario poético. “Las paredes separan lo que unen./ Dividen lo que aproximan./ Urden mi soledad. La tuya. Inclinan/ al solo a sus rincones.”

Hermanada generacionalmente con Mirta Rosenberg, Irene Gruss, Tamara Kamenszain, Paulina Vinderman, Diana Bellesi, el lenguaje de Concepción Bertone se destaca por la energía del concepto que enuncia: “Como hierba crecida entre adoquines/ de calles alejadas, calles quietas/ donde la piedra del fregado. De extramuros/ del alma sofrenada con mil bridas./ Dura ayer como hoy. Toda mi vida/ se exultó como hierba/ en una grieta” (Pessoa y yo). Las ideas y el pensamiento reflexivo no le resultan ajenos: “¿Qué son las cosas ahora que/ las cosas lo son todo/ para los que nada son sin las cosas?” Ha legado versos cuya unidad interior ofrecen un perfecto equilibrio técnico. No es casual que esta precisión estética sea el producto de una vasta erudición, puesto que la obra de Bertone yace cargada de referencias a la cultura grecolatina y a la literatura de los últimos dos siglos, desde donde ansía la universalidad. Sin caer en el hermetismo, pensamiento y sentimiento, confluyen consolidando una cosmogonía.

En carácter de antóloga, recientemente compiló Las 40. Poetas santafesinas 1922-1981 (UNL), una publicación donde se reúnen cuarenta voces femeninas de la poesía de Santa Fe. El volumen, además de rescatar la identidad cultural de la provincia, traza un amplio panorama de las ricas y variadas poéticas que conviven en el litoral.

Es lícito afirmar que sus libros no continúan ninguna moda o tendencia, sino el pulso interior con que laten sus inquietudes más íntimas. El resultado es una respiración apenas críptica, pero siempre accesible y profundamente humana: “De carne pasajera y de silencio/ es el puente que tiendes. Tanta noche/ para cruzarlo en vano y no alcanzarte./ No ser la flecha -su ápice-/ y el arte del que acierta en los blancos/ que no existen.” Su compromiso hacia la poesía, se revela además en su producción ensayística y crítica, que le permitió perfeccionar su vocación con el fin de restituir el valor de la palabra.

Sus versos remiten a la vida, la muerte, la alegría y la angustia, entretejiendo toda una gama, un arco de sentimientos con la sutileza de un ritual. Una ceremonia sagrada. La forma de conjugar las imágenes con fluidez, engendrando en ellas metáforas; la vinculan con la gran poesía. En una oportunidad la autora de Aria da capo escribió “amo sin una media tinta y escribo de la misma manera que amo”. Concepción Bertone, vive la vida poéticamente. Sus poemas yacen signados por el espíritu de la pasión.

El siguiente diálogo es muestra cabal de su abnegada entrega hacia la Poesia.

—¿Cuándo y cómo sintió la vocación por la poesía?, ¿cuáles fueron sus lecturas formativas, su itinerario poético antes de su opera prima?

—Ya sabía leer y escribir antes de ingresar al primer grado inicial de la escuela primaria, mis maestras detectaron esa inclinación literaria en el vuelo de mi imaginación, en la forma de expresarme en una composición escolar, y me dieron todo el espacio y el estímulo para que me formara en esa libertad artística, que también pasaba por el dibujo, la pintura, el canto, la creación de obritas de teatro. Ganaba todos los concursos ínter escolares. Y luego en la escuela secundaria fui “la poeta despeinada y llorona del curso”, según escribe mi compañera Esther Groisman en la portada antigua de una foto del 1° año, 4° división, del Colegio General Urquiza de Rosario. Mis verdaderas lecturas formativas fueron las que tuve que hacer para poder ser una interlocutora válida de los poetas que fueron mis amigos y de alguna manera, los que me guiaron y me permitieron sentarme con ellos en las mesas de algunos bares rosarinos: Descartes, Kant, Marx, Hegel, Nietzsche, Diderot, y lo que esas lecturas te llevan a leer. Borges además del endecasílabo me dio una ruta ardua y bella de lecturas. Inchauspe me regaló a Cavafis, a Ritsos, a Elytis, a Petrarca y todos los poetas italianos. En la librería de Isaías me enamoré de los poetas norteamericanos e irlandeses y lo encontré a Paul Celan como un milagro. Vallejo fue mi amigo desde que lo tuve entre las manos. Y también Martí, Drummond de Andrade, tantos. Pero el primer libro que leí, al margen de los escolares, me lo puso en las manos una tía que era casi una adolescente, y no era un libro para niños: LA PIEL, de Curzio Malaparte. Todavía guardo ese libro que me dijo de la guerra, todo lo que mi abuelo callaba.

—¿Qué significa para usted la poesía?, ¿es posible definirla?

—Cuando me hacen esta pregunta, trato de dar un significado y una definición. Pero lo cierto es que soy muy santafesina. La poesía es una manera de vivir aceptando que no podemos vivir de ella sino con ella y jamás sin ella. Como dijo alguna vez Juan Manuel Inchauspe y César Actis Bru, o podría decir Jorge Conti o Estela Figueroa: como haber nacido con los ojos negros y no de un color otro. Yo los tengo como mi abuela Concepción y mi padre, de un verde claro que vira al dorado, según la claridad del día. Y no importa cómo vire ese color, yo veo el mundo con estos ojos que heredé. Y esa herencia incluye una visión del mundo que sólo se puede expresar a través de la poesía. “La poesía es un monstruo”, dijo Montale. Un monstruo que no asusta a casi nadie, pero debería, vaya si… Muchos han querido matarla, pasarla por la guillotina, ponerla en el fuego de los inquisidores, ahogarla en la cámara de gas, arrojarla desde los aviones al río; la han torturado y desaparecido, la han obligado al suicidio y sin embargo no la han podido callar… ¿Cómo se define eso?

—¿Qué representó para Ud. la publicación de De la piel hacia adentro?, ¿qué le sugiere el libro hoy?

—Significó un vuelco inesperado de mi vida, porque yo ni pensaba en publicar un libro. Rosario era una ciudad de poetas que admiraba -y admiro- y a los que no me atrevía a acercarme. Ese original estaba en un cajón de mi escritorio y un amigo que lo sabía lo publicó como una sorpresa en complicidad con mi familia. Casi muero de un sentimiento inexplicable de vulnerabilidad e intromisión a lo más íntimo de mí. Sin embargo fue la puerta a mi amistad con esos poetas. Mis amigos fueron mis mecenas con la gracia de que no me debía a ellos más que en el cariño y el agradecimiento. Hoy me sugiere el comienzo de este camino que transito por la escritura y la vida. Y esa rebeldía esencial que está en ese librito me habla de que sigo siendo la que fui, que maduro sin que se aje mi amor por mi barrio proletario. Por ese origen de mi vida que salvó a mi abuelo de morir en una trinchera, salvado por su amigo Salvador. Y que salvó a mi abuela y a mi padre niño, cuando venían a encontrarse con él, de viajar en un barco que naufragó en ese viaje.

—En una entrevista usted dijo que Eugenio Montale era “el amor de mi vida, el padre capital”. ¿Qué aspectos de su poética son los que más admira y cómo cree que éstos, se divisan en su obra?

—Hace muchos años, cuando publiqué El vuelo inmóvil, recibí una carta de Alfredo Veiravé que me decía “¡Por fin una poeta que remata el poema con un verso final y el poema sin embargo sigue emitiendo una infinita resonancia!”. Eso aprendí de Montale, y también lo que en esa definición de Bettinelli que él menciona cuando adhiere a ella: “la poesía es un sueño hecho en presencia de la razón”, me sitúa en esa certeza. Se puede elegir explicarlo todo o no. Yo amo su no dar demasiadas explicaciones. La reticencia, el encadenamiento y la asociación de la carga semántica de las palabras, ese roce íntimo que produce mi goce. Barthes te lo puede expresar tan claradamente, tan amorosamente, que lo que yo pueda agregar sobre eso no tiene ninguna importancia. Pero lo que me marcó a fuego de Montale fue su compromiso y su terrenal ubicuidad. Los poetas somos como todo el mundo y vivimos y morimos como todo el mundo. No podemos estar sin el otro. Necesitamos a los demás, ser en ellos, reflejarnos en el otro. En esa alteridad, que este mundo de hoy aniquila con la trituradora de lo inmediato y de lo mediático como un sálvese quien pueda, los poetas seguimos pensando que nos salvamos todos o no se salva nadie, aunque muchas veces no nos incluimos y nos hundimos con el barco…

—Hablando de poetas enormes, ¿conoció a Juanele?

—Lamentablemente, no conocí a Juanele en persona. Sí a través de Juan Manuel Inchauspe, de Beatriz Vallejos, de Francisco Gandolfo, de Hugo Gola y los poetas que me han contado sus anécdotas con él. Y a través de su poesía que me habla del universo de su ser. Sí conocí a su hijo, que me regaló un ejemplar de El Agua y la Noche y una rama del ginkgo biloba (el árbol de los cuarenta escudos, el árbol de las pagodas) que Juanele trajo de oriente en un frasquito de vidrio, y que está plantado en la puerta de su casa de Paraná, Entre Ríos. El libro guarda entre sus hojas una hojita de ese árbol, que yo puse allí, y el espíritu de Juanele entre mis libros.

—Usted tuvo la oportunidad de conocer y mantener una perdurable amistad con Juan Manuel Inchauspe, poeta un tanto injustamente olvidado. ¿Cómo era él?, ¿qué valor cree usted que tiene su poesía y de qué modo marcó su escritura?

—Juan sigue marcando mi poesía todo el tiempo. No con la suya sino con la que el creía que era mi voz, y que me diferenciaba, en el contexto de la escritura femenina de esa época, de otras formas de expresarse en la poesía. Te cuento una anécdota: una tarde nos reunimos en la casa de Beatriz Vallejos, en Rosario, en su casa de la calle Laprida, tan acogedora y especial como era ella. Leímos poemas después de tomar te o café. Estaba Celia Fontán, Juan Manuel, su esposo Domingo y otros poetas. Yo leí un inédito que nunca publiqué. Se llama Retrato de Aurora. Un poema que escribí cuando mi hermana me dio una foto de nuestra madre que yo no tenía. Esas fotos antiguas donde mi madre era muy joven, con ese tono asepiado que le endulza la sonrisa y la mirada profunda. Mi madre siempre que tenía algún enojo conmigo, me decía que era el vivo retrato de mi padre. Durante años me sentí reflejada en la cara de mi viejo, que era sumamente bello y fuerte. Hasta que vi, esa foto de Lilia Aurora Matos Benitez, y me dije: yo soy ella. El mismo ceño, la misma nariz, los mismos pómulos. Y escribí ese poema donde me aparto de lo conceptual y me pongo simbólica. Juan estaba sentado en una escalera - que no sé por qué recuerdo como una escalera caracol- que llevaba a las habitaciones de arriba. Cuando terminé de leer, lo miré como en busca de aprobación pero encontré todo lo contrario. Me dijo como entre dientes y con un movimiento negativo de cabeza: eso no. Y nunca lo publiqué. A Celia le encantó ese poema, y está dedicado a ella aunque inédito. ¿Cómo era él? Era inmensamente generoso, en todo sentido. Me dio libros suyos, libros que le habían dedicado sus autores y que están en mi biblioteca. Pero lo que lo pinta de cuerpo entero, era su fervor por difundir la poesía de todos, menos la suya. Pasados los días de plomo, como vos decís, cuando todavía todo era muy duro y difícil, Juan trabajaba en la casa de la poesía de Santa fe y recogía ese papel que discrimina la guillotina al cortarlo, supongo que del piso de la editorial de la UNL. Con esos pequeños recortes hacían, junto con Jorge Isaías, unas plaquetas dobladas a mano con poemas de poetas santafesinos. Una hojita llamada Poesía Nuestra, con un escudo de la provincia. Eran extremadamente humildes, pero sublimes en lo que significaban. Jorge y Juan, hicieron esa tarea de difusión como muchos poetas de nuestra provincia, ese es un rasgo que hay que destacar de ese tiempo sin amiguismos y sin fatuidad. Rasgo de Juan poeta, ser humano, hombre. Ese hombre tierno y tímido que adoraba a su familia y a sus amigos. A veces parecía crispado, como si no pudiera distenderse o sentirse pleno. Escribía en una plaza arbolada con plátanos, cuyas hojas otoñales venían en las cartas casi semanales que me enviaba. Y que yo guardo como si hubiesen llegado ayer. Todo era un ritual para Juan, hasta cebar un mate era un ritual para Juan, hasta esperarte en la estación de ómnibus de Santa Fe con un pañuelo de seda recién estrenado en el cuello o el cogote, como él decía. El valor de su obra se resignifica en ese trabajo con la palabra que ahonda en lo humano y lo pequeño, en esa mirada de lo familiar y lo cotidiano que ausculta el corazón de las renuncias, de las pérdidas y de las imposibilidades. Quizás escribió más de lo que publicó y esa es una de las marcas que me ha dejado. Cuando leí su obra completa, me quedé muda, no podía creer en la coincidencia con lo que le digo a Juan en un poema de mi libro Citas que le dediqué, con uno de él inédito que recuerda palabras que conversamos una tarde en Rincón, mientras tomábamos mates junto al río, endulzados con miel recogida del panal. El nunca leyó mi libro Citas. Yo no había leído ese inédito suyo. Pero no es extraña la coincidencia, nosotros nos entendíamos sin hablar. Compartíamos el silencio, como se comparte el pan o el cielo. Juan pudo haber sido injustamente olvidado, pero justamente devuelto al recuerdo y al homenaje por los poetas más jóvenes. Eso lo haría y me hace infinitamente feliz y justifica cualquier otra cosa adversa que haya pasado. Cuando él murió, yo sentí como un remordimiento el no haberle devuelto todo lo que le debía, el no haber estado cuando más me necesitaba. Sea por lo que fuere, porque no lo sabía, porque nadie me lo comunicó, no importa, no estuve. No le di de mí todo tal como él daba de sí, todo. Eso me duele y me seguirá doliendo hasta que nos volvamos a encontrar y lo charlemos, si existe esa posibilidad, en la que creo. Cuando alguien dice o escribe que su obra fue breve, yo trato de recordarles que Catulo, Tibulo y Propersio caben en un solo tomo.

—Muy querida por sus colegas, usted tuvo la oportunidad de gozar de grandes amistades. Pienso en Joaquín Giannuzzi, Mercedes Roffé, Aldo Oliva, por nombrar sólo a tres. ¿La poesía debe ser una festividad que necesita, en lo posible, ser compartida con amigos?

—Augusto, vos sabés que hace algunos días fui a un encuentro de poetas celebrado en la ciudad de Córdoba, iba fatigada y con un gran pesar que no encontraba alivio alguno. Ese par de días con sus noches, entre abrazos y besos, comidas y vinos compartidos con los amigos queridos, que más que pares son nuestra familia elegida con el alma, me aligeraron de toda pena vieja o reciente, y volví liviana, flotando en esa gracia. Todos sentimos eso. Nos escuchamos leer nuestros poemas, nos aplaudimos, pero sobre todo reconfirmamos ese infinito amor que nos tenemos. Si la poesía no te da eso, no te da nada. Ese es el premio. El único que perseguimos y valoramos, los que como yo creemos que, el resto es literatura. ¿Y el ego, se preguntarán los que no piensan de esta manera? El ego es una quimera que no encuentra en la poesía y en amistad nada más que arena. Los poetas sabemos que cuando la poesía te da amigos que te corresponden en ese sentimiento inefable, ya te lo ha dado todo. ¿Y la competencia se preguntará alguno? Los poetas no somos atletas, no jugamos a nada que nos enfrente como rivales. No voy a negar que haya gente de la poesía que se maneja con otros parámetros que nada tienen que ver con lo que te estoy diciendo. Pero como dice Voltaire parafraseado: los príncipes tienen cortesanos, los políticos tienen partidarios, los delincuentes tienen cómplices, y los poetas no necesitamos ser absolutamente virtuosos para tener verdaderos amigos.

—¿Su poesía es entonces un homenaje a la poesía y a los poetas?

—Siempre.

—-El vuelo inmóvil, su segundo poemario, está atravesado por el fantasma de la última dictadura. ¿Cómo era versar y ser poeta en la Rosario de los años de plomo?, ¿qué aprendió de esa ominosa experiencia?

—Aprendí que el terror no me aterra. Estaba embarazada de mi hijo Mariano y estudiaba con un compañero que pasaba a buscarme dos horas antes de las clases para explicarme lo que yo no entendía. Era una persona mayor, un ser de esos únicos e irrepetibles en este mundo, que tenía un cargo - no sé cuán alto o lo olvidé ex profeso- en el ferrocarril. Lo ametrallaron en la puerta de su casa un amanecer cuando salía hacia su trabajo. Pero lo pudieron haber hecho cuando viajábamos en su auto rumbo a las aulas. Que yo sepa, no estaba en nada que no fuera el amor por su familia y su deseo de crecer intelectualmente. Fui la única de sus compañeros que estuvo en el velatorio, casi no había gente velándolo. Y lo recuerdo cada día de mi vida. Su serenidad y paciencia me edificaban. No enterré ni quemé ningún libro, ni los escondí. Sí rompí mis poemas, y me arrepiento de eso cada día de mi vida. Ser poeta durante esos años, era una especie de libertad soterrada que nos reunía en torno a las lecturas de poemas y las charlas en el bar. Un día lluvioso leíamos en la galería de arte de Armando Santillán, que estaba en el subsuelo del Pasaje Pam, había poca gente, pero estaba Beatriz Vallejos y su esposo Domingo Rigatuso -un ser que yo adoraba-, Ada Donato, seguramente Francisco Gandolfo y Eve, su esposa: jamás los vi al uno sin el otro. Francisco le decía a ella que era mi novio y a Eve la iluminaba una gran sonrisa llena de ternura. Estaba Santillán y no recuerdo muy bien quienes más. Entonces fui a Trilce, la librería de Jorge Isaías y Carlos Berrini, que estaba a unos pasos del subsuelo y busqué algunos libros: Pessoa, Vallejo, Cavafis, Drummod de Andrade, Cardenal… Y en lugar de leer mi poesía leí la de ellos: “La flor y la nausea”, de Drummond; “El poema en línea recta”, de Pessoa; “España aparta de mi este cáliz”, de Vallejo, “Itaca” de Cavafis, algunos epigramas de Cardenal. Y cuando terminé y levanté los ojos, estaban todos lagrimeando emocionados. No me voy a olvidar de eso nunca, y tampoco lo que decía mi amigo entrañable y gran poeta, Raúl García Brarda: si hubiese habido un buzón en cada esquina (para botonear a destajo y al voleo) hubiéramos desaparecido todos. Vivíamos en una cultura de catacumbas, pero nunca nos amedrentamos, sostenidos en esa vieja amistad que todavía nos reúne como en Trilce.

—¿De qué modo cree que se entrelazan la ética y la estética en su obra?

—Del modo más simple: no me traiciono. Como no me traiciono en la vida aunque me esté equivocando y aún no lo sepa. Cuando tengo la posta del error lo asumo como un bien, porque lo puedo rectificar. Me han matado por la espalda tantas veces y jamás eso me permitió escribir desde el resentimiento. Sí desde mi compromiso con mi ideología y con mi manera de estar en esta vida. Me respeto porque respeto a los otros, y no hago lo que mi conciencia considera no un pecado pero sí algo peor que eso: una forma de morir a lo bueno y a lo bello que nos sostiene y fortalece. Sólo puedo escribir desde allí. Y desde eso que dice Barthes y me retrata: no soy soldado de nadie ni de mi propia locura. No se puede escribir una línea si no sabemos desde dónde escribimos y para qué, y eso lo aprendí de Aldo Oliva.

—Citas, libro editado por un sello casi exclusivamente de poesía, es un título que le brindó la posibilidad de abrirse a un público más amplio. También es un volumen en el que rinde homenaje a una serie de escritores ineludibles. ¿Qué intentó explorar en él?

—En ese momento el sello era rosarino-porteño. El título que yo había elegido era El agua del miraje, es decir el agua del espejismo, en se aludir a las citas. Mirta Rosenberg cuando lo armaba consideró que Citas era más puntual, acepté su opinión de editora y amiga, cosa que ahora no lo haría porque ya no soy influenciable, al menos en ese terreno. A los tres meses de publicado ya los libros estaban agotados, y yo no creo que un libro de poemas se pueda convertir en un best seller, pero bueno, es uno de los libros agotado del catálogo de Bajo la luna. Les agradezco a los hermanos Balaguer esas tapas y el cariño que le pusieron. Siempre los quise como a mis hijos, también a Valentina la esposa de Miguel, seres entrañables para mí. Y los poetas que aparecen en Citas y en casi toda mi poesía, están allí porque en algo han tenido que ver con esa escritura y con mi vida. Pero más porque yo amo la poesía de los otros, y nunca pude sentir ese amor por la mía. La mía es lo que yo puedo hacer entre las cuerdas de que lo que es mi propia búsqueda. La poesía de los otros es la poesía plena que no conlleva esa imposibilidad, o sí, pero una no lee poesía pensando en eso. ¿Qué intenté explorar? Sólo intenté explorar mi alma y mi existencia en este mundo en correspondencia con los versos de esos poetas que me dieron la posibilidad de entramar la idea con la vivencia íntima y personal, universalizada. Y como en todo lo que escribo, escribí mi realidad ya que yo no puedo inventar nada. Es mi frontera, mi límite en la poesía. Mario Trejo me dijo - cuando lo conocí- que había escrito Labios libres a los 18 años, anticipándose a la experiencia de lo que dice ese poema que yo amaba desde el día que lo leí en Poesía Buenos Aires. Yo no puedo hacer eso. Escribo lo que viví. Lo que estoy viviendo será otro libro cuando se decante esa vivencia dentro de mí. Pero tengo un par de libros inéditos donde hay poemas de 5 páginas como la Elegía a Juan Manuel. Cambió mi respiración, demasiado tabaco quizás, y necesito más espacio para decir… Ya no me sujeto, no sé. Con los años la poesía te libera de todo.

—De no haber vivido en Santa Fe, ¿siente que hoy su poesía sería diferente?

—Seguramente. Por eso aunque la vida me tentó con las posibilidades y promesas de mayor realización en otro lugar donde un poeta, un escritor, pueden recibir quizás más fácilmente no sólo el reconocimiento sino la retribución que su obra merece, jamás, y sin dudar ni por un momento pensé en dejar mi ciudad, mi provincia, mi país. No sé vivir en otro lado. No sé qué hubiese escrito lejos del Savoy, de El Cairo. Lejos de mis amigos poetas, de las mesas de billar del centro, y de las calles de mi barrio rosarino. Lejos de mi jardín, que es lo único que permanece y se renueva.

—¿Cuáles han sido sus fuentes de inspiración?, ¿cómo nacen sus poemas?, ¿por un sentimiento de ausencia, un deseo de expresar lo inefable?

—Cuando era joven todo era fuente de inspiración. Ahora es puro desgarramiento. Cada vez más difícil decir lo que se quiere decir. Esto también lo dice Saer en un reportaje. Nunca me disculpo por el oxímoron y nunca me obligo con inspiración o sin ella a escribir poesía, porque la poesía es el lugar de mi libertad, de mi deseo, de mi tiempo sin tiempo. Lo otro que obliga está en la vida de todos los días, en lo arduo de lo cotidiano donde, como todo el mundo o la mayoría, lidiamos con la contingencia. Más con el avatar que con cualquier dicha que pueda tocarnos. Ahora cuando viene el poema, seguramente no lo estoy esperando. Igual que el amor, ese misterio que sobrevive en un mundo carente de ilusión. Ya casi no hay misterios en este mundo salvo el amor, o la esperanza del amor. Así que disfruto de la escritura de un poema como si fuera la última vez. No como, no duermo, me sacio en él. Y no averiguo las fuentes de la fuente. La poesía me tiene que asombrar como el amor. Es lo único que espero de ella. Aunque una trabaje y trabaje con un poema, si no me hace sentir que no sé cómo pude escribir algunos versos, mi cuerpo desconfía de ese poema. Para mí, en el amor y en la poesía el cuerpo debe gozar y descansar sobre una fe irreductible.

—En 2005 aparece Aria da capo, una publicación que reúne los poemas no incluidos en libros anteriores y una serie de nuevas composiciones. ¿Qué aspectos desearía destacar del mismo?

—Destaco el hecho que reúne en Aria a poemas de épocas muy distintas y que sin embargo parecen pertenecer todos al mismo tiempo de este libro tan caro para mí, de su edición feliz porque es factura de la bondad de Claudio LoMenzo, Javier Magistris y Carlos Pereiro, que lo pusieron en los quioscos de todo el país junto con la revista. Que la gente lo haya podido encontrar en la esquina de su casa y sólo pagando el precio accesible de La Guacha. Que Cristian Aliaga me haya dicho como muchos otros poetas: “Concepción, encontré tu libro en un lugar perdido como una botella arrojada al mar…”. Esa alegría que una siente de que así fuera, considerando que nuestros libros son casi inhallables en las librerías. Eso que me hizo sentarme a hacer una antología de poetas santafesinas en seis meses. Y diagramarla hasta el índice, casi sin comer y casi sin dormir, en un verano ardiente, que no me daba la tregua de una hora fresca.

—¿Qué libros de poesía la han marcado y acompañado durante toda su vida?

—Todos esos libros que ya te nombré me acompañan y me acompañarán junto con Los Cuadernos Filosóficos de Lenin, las obras completas de todos los rusos, poetas y narradores, el Ulises de Joyce. Y Homero, Catulo, Dante, Virgilio, Milton, los místicos y los barrocos españoles, los románticos alemanes, Los italianos y los griegos. Y Conrad, Beckett, Saint John Perse, Malcom Lowry con Eliot, Pound y mi amado D. H. Lawrens apoyado en el anaquel junto a Italo Calvino, Henri Michaux, Simon Weil, Barthes, Lévinas, Heidegger. Y lo que está en casa, nuestros poetas amados, nuestro extraordinarios poetas amados: Madariaga, Giannuzzi, Oliva, Girri, Orozco, Glauce Baldovín, Saer, Urondo, Inchauspe, Leónidas Lamborghini, Macedonio Fernández, Horacio Castillo… Y todos los que lamentablemente no puedo nombrar aquí pero están en mi biblioteca, están vivos y escribiendo la gran poesía argentina.

—¿Por cuál de sus poemas siente mayor afecto y por qué?

— Por El baño, porque lo escribí en caliente -cosa casi imposible de hacer- tras la muerte de Aldo Oliva, con todo el dolor encima, agujereada, llorando sobre la resma de papel que me llevó escribir lo indecible de esa experiencia de bañar al amigo querido, cuando una nunca lo había visto no sólo en la desnudez del cuerpo sino tampoco en la más púdica que es la de la enfermedad. Y en esa imposibilidad de decir lo indecible, salió el poema como un don de la vida que le debo, no sólo como poeta sino como persona. Aldo fue mi amigo, pero a veces fue mi padre, en mis más duros momentos fue mi padre.

—¿Se podría referir al proceso de corrección al cual somete sus textos?, ¿deja madurar sus poemas mucho tiempo antes de considerarlos publicables?

— Sí, corrijo, pulo los bordes hasta donde las palabras te dejan, porque son las palabras las que te condicionan y no nosotros a ellas. Hay poemas como los tomates u otros frutos que se pueden dejar madurar en el alfeizar de la ventana, al sol. Nunca en un refrigerador, porque eso es forzarlos a ser, y lo forzado nunca es. Hay poemas que los esperé años, como a Punto herético sin letra, tenía dos versos y no podía salir de esos dos versos. Pero tu pregunta se refiere a la publicación, y yo nunca desesperé por publicar nada. Eso contradictoriamente, es público y notorio, todos mis amigos lo saben. Salvo mi antología de las poetas santafesinas, nunca otro libro me quitó el sueño en la ansiedad de publicarlo. Un consejo de Eliot que encontré sobre ese tema hace mucho tiempo, me dijo que no estoy tan desatinada en esa falta de urgencia: “Publique poco”.

—¿En sus composiciones, qué valor le otorga a la métrica?

—El valor que me ha sido legado por la tradición. El que sin darme cuenta elegí. El que Borges y otros poetas le donaron a mi oído. Nunca he contado sílabas. Pero mi voz se ajusta al endecasílabo. Y yo tengo muy buen oído.

—Al pensar en poemas audaces suyos tales como: “Adagio para una perla en cierne”, “La pared” y “La madre”, ¿cuánto trabajo le demanda la elaboración formal de sus versos, ese logrado equilibrio entre emoción y reflexión?

—Adagio lo escribí de un tirón. La pared era una obsesión que logré escribir en un par de noches. La madre me llevó 10 años. Ese equilibrio que vos ves en esos poemas tiene que ver con mi ignorancia absoluta sobre la cuestión estructural en ese bendito momento en el que escribí La pared, porque cuando vi. un estudio estructural de ese poema, me quedé fría. A veces uno hace mejor lo que no sabe hacer. En Adagio tiene que ver con una concepción del espíritu femenino que deviene de la imagen y el ejemplo de vida que fueron para mí mis abuelas. Y La madre comenzó como una idea antropológica que encendió una línea de Aldous Huxley hace muchísimo tiempo. En un punto del poema me puse a pensar cómo los poetas habían tallado en sus poemas a sus madres, llegué hasta Celan y lo abandoné, no sé porqué. Cuando me piden el original de Aria para publicarlo, me senté y lo terminé. No podía publicar el libro sin ese poema y sin El baño. Lo que no hice en años, la pasión me lo dejó hacer en dos o tres meses. Si tengo que definirme de alguna manera, yo soy pasión en el 90 por ciento, y lo que queda para redondear los 100, de razón, y eso siendo taurina se potencia a la enésima. Difícilmente caminaría sobre un alambre tendido en el aire. Así que dejo ese concepto tuyo como algo que sucede sin que uno sepa demasiado sobre el cómo sucede. Pero te voy a contar algo que jamás le dije a nadie: cuando era muy chica adoraba el día que llegaban las carpas de los circos a mi barrio. Mi tía Catalina, la que me enseñó a leer y escribir, se hizo muy amiga de una familia de equilibristas y trapecistas que vivían a una cuadra de mi casa, se llamaban Los Zúñiga y eran muy famosos en esos tiempos. Parecían gitanos o lo eran. Yo iba a verlos ensayar escondida entre las sillas que a modo de butacas rodeaban aquel círculo de la pista, en el centro de la carpa inmensa y me soñaba sobre el trapecio y el alambre. Todavía me recuerdo soñar con eso y me atraviesa aquella felicidad ingenua, genuina y preciosa. La misma felicidad que me produce escribir poesía, aunque desgarre y aunque la fuente de inspiración ya no sea la de mi juventud. Quizás porque no me ha sido dado el don para cumplir mi sueño circense, he sido compensada para moverme en la línea de un verso. Sí es así, me siento agradecida, por que de alguna manera esa línea está tendida en el aire de un equilibrio que sostiene la razón de la poesía, de escribir poesía. Y debajo no hay red.



Bibliografía:

Bertone, Concepción (1973): De la piel hacia adentro, Edición del autor, Rosario.

Bertone, Concepción (1983): El vuelo inmóvil, Ediciones La Cachimba, Rosario.

Bertone, Concepción (1993): Citas, Ediciones Bajo la luna, Buenos Aires-Rosario.

Bertone, Concepción (2006): Aria Da Capo, Ediciones del Dock y Revista La Guacha, Buenos Aires.

Bertone, Concepción/ compiladora (2008): Las 40. Poetas santafesinas (1922-1981), Ediciones Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe.

Fondebrider, Jorge/ compilador (2006): Tres décadas de poesía argentina (1976-2006), Libros del Rojas, Buenos Aires.

Inchauspe, Juan Manuel (1994): Poesía completa, Ediciones Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe.

Oliva, Aldo (2003): Poesía Completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario.

Prieto, Martín (2006): Breve historia de la literatura argentina, Taurus, Buenos Aires.



© Augusto Munaro 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero40/cbertone.html




Lo que se dijo en la presentación de TIEMPO DE ALMENDRAS, poemario de Zunilda Gaite, poeta santafesina.



TIEMPO DE ALMENDRAS
de Zunilda Gaite.

El poeta chileno Gonzalo Rojas, al referirse a la “palabra”, en su intento por revalorizar esa mágica vibración que su eco puede producir en los lectores, la considera como…un aire, un aire nuevo: / no para respirarlo, / sino para vivirlo…

En efecto, el poemario “TIEMPO DE ALMENDRAS”, de Zunilda Gaite, logra despertar en sus destinatarios las más ricas experiencias poéticas: un lirismo enfocado no como mero ejercicio de versificación, sino como un viaje intimista al país de las emociones, sembrado de imágenes sensoriales ricas y variadas. Es por eso tal vez que Oscar Agú, en el mensaje epistolar dirigido a la escritora, que prologa el poemario, afirma: Uno sabe que siempre hay otro pliegue. Siempre hay otra forma de aparecer y otra manera de percibir.

Pero aclaremos que la palabra, esa materia poética maleable y dúctil como arcilla, en los versos de Zunilda Gaite nos plantea un contacto más que estimulante y complejo, quizás porque esta escritora se propone - al igual que en otras de sus producciones literarias - generar lo impredecible, recreando lo conocido y creando lo “nuevo” (ese aire nuevo al que alude Rojas).
Porque no se trata en este caso de suscitar una tarea de simple decodificación lineal y unívoca, sino que focaliza la palabra iluminando sus distintas aristas: no solamente el significado, sino también el significante (si nos remitimos al concepto biplánico del signo lingüístico según Saussure), e incluso aludiendo al objeto que representa (si en cambio adherimos a la concepción tripartita propuesta por Peirce), cuyo ícono se materializa a través de múltiples códigos: lingüístico + gráfico + pictórico.
De todos modos, según el paradigma semiótico, la lingüística subsume los demás lenguajes, los que se vuelven subsidiarios de ella, a efectos de completar su significación (funciones de anclaje y relevo, de las que hablaba R. Barthes), es decir que aquí se erige en reina y señora, su “majestad”: la poesía.

Cabe acotar que el poemario que hoy nos ocupa, fue galardonado con la 3ª Mención en el certamen organizado por la Municipalidad de Santa Fe, en “Premio a la producción local” - año 2 008 - presentado con el seudónimo “Azul”… como azules son las almendras que coronan el arbolito del diseño de tapa, como azules son las letras del título y de la tipografía del poema de la contratapa, rescatado en un atajo del tiempo, donde se cierran las composiciones que la vida enhebrara con sueños, entrelazando los recuerdos, destinados a honrar - como ella confiesa - a quienes me amaron y partieron. A quienes me aman y permanecen. A quienes amé y amo. A quienes vendrán y amaré. La 2ª dedicatoria se dirige puntualmente A todos los escritores cuyas voces presiden, inician, cruzan o finalizan mis poemas.
Esta expresión de deseo conlleva también una doble connotación: por un lado, alude al carácter multívoco que toda composición literaria posee, es decir, a la multiplicidad de voces que se entrecruzan en la trama textual (el “intertexto” al que se refería el filósofo del lenguaje M. Bajtín, y su seguidora, J. Kristeva): Cuando proferimos un enunciado (…) se hacen presentes otras conciencias a través de las voces de otros hablantes”…
Pero por otra parte, Z.G. nos “ahorra” a los lectores la ardua tarea de bucear dentro del inmenso tejido de la literatura universal, ya que hace explícitas las voces que inspiran o motivan la mayoría de sus poemas (ya sea a modo de epígrafe inicial, o introducido en el cuerpo de los mismos, o bien como remate de la composición). Es así como asistimos al desfile de los “figurones” que fueran instauradores de literaturidad: M. Benedetti, A. Storni, J.L. Borges, G.A. Bécquer, O. Orozco, A. Pizarnik, C. Vallejo, R. Alberti, J. Cortázar, D. Agustini, P. Neruda, J. Martí, O. Paz, R. Darío, L. Lugones, A. Nervo, F. García Lorca, J.L. Ortiz, L. Cernuda, J. de Ibarbourou, sin olvidar a los nuestros, los más cercanos en tiempo y espacio: J. Bepré, A.L. Ponzo, L. Carmona, M. Vecchioli, J. Pedroni, R. Malatesta, D. Doyharzábal, Edna Pozzi, A.E. Lahitte, R. Rubio, J. de Burgos, j. Boccanera, O. Portella y Hebe Solves.

Dentro del pequeño - gran universo de este “TIEMPO DE ALMENDRAS”: existen características recurrentes en el planteo lírico de Z. Gaite. Por ejemplo, el hecho de encontrar los títulos inmersos en el cuerpo poético, e integrados también como versos en las composiciones. Pero la escritora le sugiere “pistas” al lector, para que pueda seguir tras esas huellas en constante desplazamiento de las que hablara Barthes; por eso se hallan destacados a través de la tipografía (en negrita mayúscula).
Otra particularidad de su poesía (a la que ya asistimos en “LUNAS DE ABRIL”) es que si hilvanamos los títulos de los “siete umbrales” (que abren cada una de las “almendras” de Z.G., las que al igual que los frutos pueden ser amargas o dulces, según las distintas variedades de plantas, y en este caso, de acuerdo con los diferentes estados de ánimo por el que transita el “yo” lírico), es posible “armar” otro poema (que denominaría el “árbol”, o el “almendro - madre”): Un perfume a hierbas… / …crujientes y fugaces remolinos…/ …en el corazón de octubre. / Pronuncio tu nombre…/…paisaje del silencio. / Cae el crepúsculo…/…por dimensiones exquisitas…
Otra estrategia que Z. Gaite reitera en este poemario es jugar con la versificación, a fin de añadirle un “valor agregado” a las palabras, porque la tipografía y la disposición gráfica de los versos le otorgan una silueta definida, para hacerse eco de la temática sugerida, o ahonda semánticamente en determinados vocablos (por ejemplo, a través del uso de signos gráficos como rayas o barras. Es en esa “geografía” poética tan original, en la que aparecen penínsulas de palabras y bahías de silencios, donde a las escarpadas sierras le suceden remansos de praderas, cuando se justifica plenamente lo que expresara Cacho Agú, preliminarmente, en el texto epistolar, para destacar el valor del silencio como madre de todas las palabras (…) el aparente contrasentido entre silencio y palabras, entre vacío y forma, (que) tamiza toda la lectura (para) ver lo que está detrás de lo que acontece.
Pero como toda producción literaria se completa a través del acto de la lectura, puede haber tantas interpretaciones del mensaje como destinatarios se acerquen al libro (y cada quien con su inevitable y diversa carga de subjetividad, de emociones y creencias, y hasta de inquietudes lúdicas), con lo cual es posible transitar distintos caminos y vivir experiencias tan fértiles y disímiles; por eso, en la Edad Media se le utilizaba la palabra latina “página” para designar el conjunto de “viñedos”, y “legere” (leer), poseía también la connotación de “recolectar los frutos”, de manera que nos acercamos así al sentido productivo de “cosechar” distintos significados , y a la rica interacción con lo simbólico que se produce cuando entramos en contacto con un objeto cultural, tan particular como lo es la poesía.
Es posible seguir los pasos del “yo” literario en el paisaje silencioso, donde invoca un “tú” prácticamente inabarcable, que se diluye sobre el cauce / de las horas…/ por dimensiones / exquisitas… Es el poema “vertebrador” de las siete almendras que abren su sabor desde cada “Umbral”, donde los deliciosos dibujos de Arnoldo Gaite - hermano de la escritora - ofrecen sustento visual a las palabras (pág. 11, 21, 31, 41, 53, 63 y 73).
Y si en “LUNAS DE ABRIL” el número era el 9, ya que aludía a los nueve meses de la gestación, ¡Qué podemos decir del número 7 de “TIEMPO DE ALMENDRAS”: cabalístico por excelencia, aparece reiteradamente en el texto bíblico, padre de todos los libros… En la trama sutil que teje Z.G. es posible advertir otros hilos que hilvanan el poemario: son las páginas que no aparecen inscriptas en el índice (12, 22, 32, 42, 54, 64 y 74). En cierto modo, parece un juego matemático (…).
Pero vayamos a lo literario: si unimos los “hilos” del “hilván”, obtenemos un micro-poema, cuyo título - según la tipografía interna - es “RITUAL”, el que se halla integrado justamente por siete palabras, coincidiendo con las siete almendras azules de la tapa: Danza / azul. / Sabio / RITUAL. / Tiempo / y memoria. Éste sería - como lo denomina la escritora Rafaelita Margarita Beceyro Oliva - un “poenimio”, e incluso lo podríamos llamar “melisma”, tal como considera Fortunato E. Nari estas composiciones, al exhumar el valor ornamental que éstas tenían en los cantos gregorianos…o más bien denominarlos “poemines”, como los que escribió alguna vez nuestro recordado y siempre presente Horacio Rossi, a quien Zunilda le dedica el último poema - migración: “TIEMPO DE ALMENDRAS”, que resulta clave, porque es el que le da título al libro.

¿Será acaso que estos versos mágicos, gracias al eximio poder evocador del lenguaje - “la casa del ser”, según expresara Heidegger - constituyen algo así como la “almendra mística” que en las pinturas medievales orlaba la cabeza de los santos? O tal vez son como los caireles, esas almendras de cristal, que reflejan en sus múltiples facetas los destellos más fugaces del universo, y hasta resultan capaces de tintinear al menor soplo de la brisa…
De lo que estamos seguros es que como manifestara Maturana, los seres humanos existimos como tales en el lenguaje, expresión a la que nosotros agregamos que no sólo es posible dar cuenta del mundo real a través de las palabras, sino que somos capaces de construir otros mundos, más sutiles y exquisitos, como el que Zunilda Gaite logra comunicarnos a través de su “TIEMPO DE ALMENDRAS”.

Prof. Liana Friedrich


POSTAL DE SILENCIADA NOSTALGIA


La poesía siempre, en toda circunstancia, momento o lugar, es asombro, es maravilla, es celebración del espíritu pero sobre todo, celebración de la vida.
Partiendo de uno mismo, aún en la alegría o aún en el dolor, el estado último de contemplación de la realidad y de lo que está más allá de la realidad, nos lleva a la creación poética. No es necesario destejer literalmente esa medición de fuerzas centrífugas y centrípetas - lo que nos impresiona desde afuera del yo y lo que emana del propio ser - para fluir por los caminos que la belleza de la palabra despliega ante nosotros.
En ocasiones, nos quedamos extasiados ante el telón creativo, sin poder aquilatar del todo el trasfondo del producto; en otros, vamos a tientas , reconociendo ideas, pensamientos, asociaciones, hechos , para alcanzar después, en una segunda mirada, el punto de inflexión entre metáfora y mensaje.

“TIEMPO DE ALMENRAS” nos muestra el camino hacia la poesía y sus misterios desde el inicio: “Un ángel / luminoso / abre / el antiguo / PORTAL / de los silencios…” y concluye con
“ … los milenarios / secretos / del poema”.
Rainer María Rilke es el que había escrito aquello de “Para escribir un solo verso es necesario haber sentido cómo vuelan los pájaros y qué movimiento hacen las pequeñas flores abriéndose en la mañana”. ¿Y qué es lo que vemos acá?... Una poeta extasiada, sentada en la ladera de un cerro rodeada de otoño, a la hora del crepúsculo, mirando al mundo y regodeándose con las maravillas de la naturaleza. Dicho así nos faltaría la esencia, la eterna búsqueda interior de transparencias y silencios, de “mundos etéreos” - como nos dice Gaite - en una estructura de orden muy personal. Con particular estilo creativo vuelca el propio placer de contemplar, desde una serenidad de espíritu subrayable, la soledad del hoy, el pasado añorado y nunca olvidado, a través de la mirada nostalgiosa con que nos abren la puerta de los recuerdos: el otoño, el ocaso, el ámbito serrano…

Retoma la temática de “LUNAS DE ABRIL” y esa original diagramación de incluir el título en el corpus poético. No hay estridencias ni alteraciones en los nudos líricos ni en el manejo del idioma, todo el libro se eleva desde una mirada introspectiva “hasta los espacios inexplorados del pasado”.

Así, la tristeza, el tiempo, el olvido, el silencio, desatan vivencias íntimas que abren el camino a la nostalgia y descorre las cortinas que el andar repetido de los días comúnmente ocultan. Pero la riqueza poética recién comienza, ya que todas las alusiones concretas, las referencias a la naturaleza y a objetos cotidianos, caducan al apuntar a la trascendencia del momento, al inexorable sendero del más allá.
“Las VOCES / OCULTAS / del viento / ovillan / los sonidos. / Me roza / cada instante. / En la quietud / del paisaje / late / el corazón / del cedro / bajo la paleta / gris / de los silencios”.
Los sonidos aquietados, adormecidos, están en el ronroneo de las palabras, en el rumor de la llovizna - no lluvia, ni tormenta - sólo pasos leves, rumor de hojas caídas, crujidos de otoño reluciente (…)
“Un ronroneo de escarcha / bajo los pies enrojecidos del alba… (…) limando esquirlas de cuarzo / en cada piedra / tras el CAUCE DEL ASOMBRO / que atrapan los ojos del rocío / en la maleza.”
Hay un ornamento de vocablos bien escogidos, metáforas suavizadas por la transparencia de imágenes referidas a la naturaleza:
“Apenas alcanzo / en mi infinita desmesura, / a vislumbrar el agobio / de la tarde / y retener EN EL ESPEJO DE MIS OJOS / extrañas formas de dolor / reflejadas en el vacío / del mundo.”(…)

Y una personificación total con los elementos naturales, en especial los árboles - símbolos de la vida y el renacimiento de la esperanza - como una forma de desterrar los agobios :
“Llamo al viento del sur / cuando sufre la siesta / y el canto del crespín / desgarra la tristeza. (…) Pronuncio tu nombre / y se desliza desde mis raíces / hasta el gris rugoso de las piedras… / donde la mano del amor golpea. SOY UN ÁRBOL silencioso / corazón de trigo y azucena”.
En ocasiones la palabra poética adquiere un tono de rebeldía frente al dolor imperante, frente a las injusticias de la vida:
Este dolor / que recorre / los ríos / de la sangre / brota / en la desesperanza, / desde las SEMILLAS / DEL OLVIDO / como una garra / - aferrada - / fielmente / a su destino.”
Destaco un poema que me merece más reflexiones, a través del estado contemplativo del alma poética, de una mirada de agazapada sensibilidad. El camino lírico asumido como un sendero de sueño, de hondura creativa para entender el frágil cristal de los días ya vividos. Se descubre la voladura del momento presente hacia atrás (el pasado) y hacia delante (el futuro).
Se puede asociar libremente la intención de la poeta con la concepción de vida del hombre medieval que veía su materialidad como una cárcel, en un poema logrado y profundo:
“La huella de mi paso / avanza sobre el cauce / de las horas. / Cómo prolongar la tarde / atraída por los misterios / de la noche / con su enjambre de sueños / - atrapados - en redes / de CERTERAS ATADURAS. / Cómo volcar hacia / - adentro - la mirada / y respirar entre jazmines / por dimensiones exquisitas / donde se esparcen los añiles. / Cómo vagar en levedad, / deshabitando el cuerpo, / la memoria y el milagro. / Tal vez… siendo luz en la infinita plenitud de otra morada.”

Concluyendo, este nuevo trabajo de Zunilda Gaite, nos remonta a una calma anhelosa de otras horas que, aunque perdidas inexorablemente en el devenir de la vida, guardan el peso, la sustancia y el perfume de lo auténticamente vivenciado. La danza azul de la vida y la poesía, elevadas a la categoría indiscutible de VERDADES que habitan el espacio interior, del “fuego supremo que conjuran los dioses”, como expresa la autora.

Volviendo al comienzo, a las palabras de Rilke, hallamos en esta producción la consustanciación del mundo natural que nos rodea, con la riqueza espiritual y particular del mundo lírico que aquí se recrea.

Belkys Larcher de Tejeda



Nota del Editor: por una 'limitación' tecnica de Blogspot, la foto de arriba fue incluída aquí en tamaño reducido.
La poeta Zunilda Gaite está en el medio, acompañada por las autoras
de los dos textos incluídos en esta entrada.
Lic. Jose Pivín



domingo, 1 de agosto de 2010

Las raíces no se olvidan: Nancy Muñoz Aparo visita nuevamente la ciudad que la vió nacer, Santa Fe de la Vera Cruz

NANCY MUÑOZ APARO



Esta fonoaudióloga santafesina -hoy jubilada- vive desde hace 53 años en Estados Unidos pero nunca olvida sus raíces. La vida la marcó para elegir su profesión y luego le permitió dedicarse plenamente en aquel país. Trabajó para la campaña de Obama en Miami, su actual lugar de residencia.

TEXTOS. MARIANA RIVERA. FOTO. GUILLERMO DI SALVATORE.

TODA UNA VIDA. “Vengo casi todos los años a Santa Fe por más que la dejé hace 53 años (tengo casi 75 años). Vengo porque estoy jubilada y acá está mi familia, y tengo a mis amigas desde el preescolar en la Normal, la Beleno y luego de nuevo en la Normal, hasta que me fui a Buenos Aires. También tengo mis amigas del barrio y la familia. Estudié un profesorado nuevo porque incluía Educación pero también teníamos Anatomía en la Facultad de Medicina y Audiología, Profesorado de sordos y Fonoaudiología. Cuando fui a Estados Unidos hice el master en Fonoaudiología y Sordera, y después hice otro master en español para poder enseñar idioma a los chicos sordos”.

COSAS DEL DESTINO. “Estudié en Estados Unidos y gané una beca Fullbright para seguir estudiando, y nunca volví. Pero el destino fue decidido por el nacimiento de mi hermano. Luis Emilio nació después de una sorpresa muy grande, porque nosotros teníamos 13 y 11 años. Mi madre siempre dijo que no era sordo y no había ninguna escuela para chicos sordos en Santa Fe; sólo dos escuelas nacionales en Buenos Aires para todo el país. Entonces, mi papá dejó casi su trabajo y empezó con una profesora a hacer todas las gestiones en Buenos Aires para crear una escuela, alrededor de 1954. Empezaron en una casa con un patio, en el centro, a nivel público, que tenía cuatro o cinco alumnos. Finalmente, él estudió en el Instituto Oral Modelo que fue fundado por las primeras tres profesoras que fueron de Buenos Aires a Estados Unidos, porque en Santa Fe la escuela no había empezado a funcionar todavía”.

VARIOS RUMBOS. “Cuando terminé la secundaria con el título de maestra normal trabajé seis meses, estudié Abogacía (pero no rendí nada) y después mi papá empezó con el tema de la escuela de sordos y me llamó. Tuve que cambiar y la verdad es que fue mi destino. Me fui a ver qué había sobre el tema en Estados Unidos con una compañera. Desde el día que me recibí me dediqué a algo que en ese momento era una necesidad: profesora de sordos. Trabajé de profesora de fonética en Connecticut, luego en Pittsburg (adonde nació mi hija) y después nos fuimos a Washington en 1965 (donde nació mi hijo) y ahí nos quedamos. Después nos mudamos a la playa, a Delaware, y estuvimos diez años, y después nacieron mis nietos y nos fuimos a Miami para estar con ellos”.

UNIVERSIDAD DE SORDOS. “Me dediqué a la especialidad durante más de 30 años, en Washington, en la única universidad de sordos del mundo. Hay dos sistemas de educación: la oral y la que utiliza la lengua de señas. Yo era oralista y ahí hacían señas. No di clases con señas ni tampoco sin señas sino con otro sistema, algo intermedio entre ambos. También enseñé español y francés a los chicos sordos, una especialidad poco común. Los chicos van con las mamás desde bebés a esta universidad y hasta tienen la posibilidad de hacer un doctorado”.

LEGADO. “Mis hijos -a quienes les enseñé el castellano como primer idioma- son profesores y enseñan el inglés como segundo idioma a los inmigrantes que están en Miami, ella en el nivel primario y él en la universidad. Hay chicos italianos, españoles, hondureños, argentinos y, aunque los padres sean ilegales, los hijos reciben la educación igual”.

LA ELEGIDA. “Fue un comienzo bravo pero como me había dicho mi abuelo, si había alguien que tenía que ir a Estados Unidos, ésa era yo. Fijate que yo me llamo Nancy, mi hermano Lindberg Roosevelt (recientemente fallecido, que vivía en Santa Fe), el otro Luis Emilio (cuando no se permitía poner nombres extranjeros); mi papá era Nicolás y uno de sus hermanos Rafael, pero los otros tíos son Nobel (por el Premio Nobel), Edison y Franklyn. mi abuelo que vino de España siempre decía que no había tenido que venir a la Argentina sino haber ido a Estados Unidos. Entonces, yo fui la que le cumplió el sueño”.

ESTADOS UNIDOS. “Llegué a Estados Unidos y fue mi país, primero porque me enamoré de mi esposo, pero también porque nunca estuve con un pie acá y otro allá, como hacen muchas personas que se van a vivir a otro país. Si sos refugiado político es otra cosa pero estoy hablando de los que eligen irse. Estados Unidos tiene muchos problemas: hemos elegido gobernantes que no resultaron y ahora a mi pobre Obama lo están tratando muy mal. Trabajé para él: me uní a los independientes y como necesitaban personas bilingües en Miami llamaba a todos los de habla hispana en Miami para que votaran por él”.

así soy yo

PRESENCIA EN EL LITORAL

“Pedro Eusebio es amigo de la familia, es como un hermano para mí, y publicó una noticia en El Litoral, en junio de 1958, cuando terminé el master en Estados Unidos. Además, las notas de mis dos familias, Aparo y Muñoz, también fueron publicadas en De Raíces y Abuelos. Referían a mis abuelos españoles y a los otros italianos. La de estos últimos la tengo encuadrada y puesta en una pared de mi casa. Además, leo El Litoral por Internet en Estados Unidos”.

LEGADO FAMILIAR

“Mi mamá era la segunda hija de ocho hermanos; yo soy la mayor de la segunda generación y tengo 23 primos Muñoz-Aparo; mi hija es la mayor de la siguiente generación y mi nieto Brian es el mayor de la posterior. Por eso, estoy muy contenta porque mi hija -que vino en este viaje conmigo, y su hija- está haciendo relaciones con los hijos de mis primos y está plantando la semillita. Le dije que era el último viaje que venía, porque ella tiene que seguir esta tradición”.
fuente: DIARIO EL LITORAL- SUPLEMENTO NOSOTROS-
SANTA FE- ARGENTINA , 31 DE JULIO 2010



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