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lunes, 27 de junio de 2016

LITERATURA SANTAFESINA Y UNIVERSAL: (Juan José) Saer, el persistente. La vigencia del escritor que creó su propio paisaje A 11 AÑOS DE SU MUERTE. El lanzamiento, esta semana, del Año Saer, en Santa Fe, acompaña un fenómeno que crece: nuevas ediciones, ventas sostenidas, ensayos críticos y adaptaciones de sus obras

















En  una entrevista que dio en 2005, pocos meses antes de su muerte en París, Juan José Saer se preguntaba por qué Cervantes llegó a ser el escritor que fue. Decía: "Para mí sigue siendo un misterio total. ¿Por qué le tocó escribir el Quijote a él, a ese soldado viejo, miserable, manco, que había estado en la cárcel?". Sobre la propia biografía y obra de Saer también podría extrapolarse esa pregunta: ¿por qué él, un hijo de inmigrantes sirios, cuya lengua materna no era necesariamente el castellano, se transformó en el escritor que fue, cuya relevancia traspasó las fronteras locales y lo colocó como uno de los más importantes escritores en lengua española de la segunda mitad del siglo XX?
Aquella entrevista figura en Una forma más real que la del mundo. Conversaciones con Juan José Saer, el libro que acaba de publicar Mansalva junto a Espacio Santafesino Ediciones, en el que Martín Prieto compila algunas de las entrevistas que dio el autor al que no le gustaban para nada las entrevistas. "No tengo nada que decir", afirmó en una de ellas, haciendo culto de un perfil bajo que lo llevaba a poner en primer plano sus textos para que fueran ellos los que hablaran.
Prieto lo conoció en la intimidad familiar. Su padre, el crítico literario y profesor Adolfo Prieto, fallecido recientemente, a quien Saer dedica La mayor, era un amigo cercano del novelista. Pero, además, Martín Prieto es uno de los estudiosos de su obra. A la pregunta "¿por qué él?" agrega: "¿por qué en ese lugar?". Y se refiere a la preponderancia de la geografía en la producción saeriana y a Serodino, en particular, el pueblo a 40 kilómetros de Rosario donde nació el escritor.
Y aún cabe otra pregunta: ¿por qué ahora? A once años de su muerte, con gran vigencia Saer ha ganado nuevos lectores que lo están descubriendo. Sus libros se siguen vendiendo como cuando vivía, se está reeditando en Francia y se continúan produciendo obras críticas y artísticas a partir de su legado.
El miércoles próximo, se inaugurará en el Museo Provincial de Bellas Artes de Santa Fe el Año Saer. Tendrá como escenario esa provincia, donde no han abundado los reconocimientos a su obra. Sin embargo, este programa ambicioso, que durará un año calendario, tiene como objetivo difundirla y celebrarla. Culminará el 28 de junio de 2017, cuando se cumpla el 80° aniversario del nacimiento del escritor.
En ese marco, durante el año se estrenará la película El limonero real, de Gustavo Fontán, y la ópera de Maricel Álvarez, ambas basadas en la novela homónima de 1974; habrá una muestra artística "Saer+Renzi+Espino"; una exposición con manuscritos del autor; fotos y un congreso internacional dedicado a su obra, entre otras actividades culturales.
Este jueves, para empezar, se presentará el libro Zona Saer, de Beatriz Sarlo, publicado por Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile, y el mencionado Una forma más real..., que se suman a los dos libros que salieron el año pasado: El espesor del presente, de Florencia Abbate, y Juan José Saer: la felicidad de la novela, de Rafael Arce.
Escribir sin concesiones
"Saer está más vigente que nunca", dice su editor histórico y amigo Alberto Díaz. Entre 1994 y 2015 lleva vendidos más de 400.000 ejemplares, en 27 ediciones y 123 reimpresiones. "Además de que se sigue vendiendo como cuando estaba vivo, hay que tener en cuenta que estas cifras son muy significativas, sobre todo para un escritor que no escribe para el mercado. Saer analizaba el tema del mercado Saer desde la escritura. Una cosa era 'escribir para' y otra, escribir de acuerdo con cierta estética o ética y fidelidad a una voz propia. Citando a Juani, él decía: 'Lo central, en literatura, es la praxis incierta del escritor que no se concede nada ni concede nada tampoco a sus lectores: ni opiniones coincidentes, ni claridad expositiva, ni buena voluntad, ni pedagogía maquillada. No quiere seducir ni convencer. Escribe lo que se le canta'".
Y él escribió lo que quiso, pero de acuerdo con un metódico plan de escritura. Con la aparición de los borradores inéditos que Díaz publicó en Seix Barral (Papeles de trabajo I, II; a los que siguieron Poemas. Borradores inéditos 3 y Ensayos. Borradores inéditos 4), quedó claro que Saer tenía un proyecto pensado para ser ejecutado. Unos documentos que muestran la cocina de la escritura, el espacio donde las lecturas, las notas, las conversaciones, la imaginación se entremezclan para dar lugar a la palabra. Una intimidad que, lejos de ser una exhibición de lo personal, es estrictamente literaria: la intimidad de un escritor que escribe. Su cuaderno de notas llevado durante 20 años.
Ante la pregunta sobre la vigencia, su hija y albaceas, Clara Saer, explica a la nacion que muchos jóvenes franceses en estos últimos años se mostraron interesados por la obra de su padre: "Una nueva generación de editores en Francia, pero también en otros países de Europa, están recién ahora descubriendo sus libros. Se reeditan en editoriales nuevas, como el Trypode en Francia, que esta por sacar La pesquisa, después de El entenado. Pero también músicos como Ezequiel Menalled trabajan a partir de su obra. Esto prueba que su escritura tiene su propia sonoridad. Y no hablo de la cantidad de jóvenes estudiantes e investigadores que presentan constantemente trabajos por todo el mundo, ya que está traducido hasta al japonés".
Cuando en 1974 se publicó El limonero real, editado por una casa española, la novela pasó inadvertida, salvo por una reseña que Sarlo escribió en la revista Los Libros. Cuarenta y un años después, una película y una ópera están basadas en ella, sólo por mencionar dos manifestaciones que indican que es un texto que sigue leyéndose en varios sentidos.
"Como decía Ezra Pound de los textos clásicos: 'Una novedad que sigue siendo una novedad'. Y eso sí es una sensación creciente respecto de su vigencia. La construcción del mundo Saer hacia los lectores fue de paso muy lento. Fue sólo a principios de los años 80 cuando empezó a ser leído, reconocido y estudiado, a partir de que Susana Zanetti publicó en el Centro Editor de América Latina Narraciones 1 y 2, La mayor,Cicatrices y El limonero real, en tiradas de 12.000 ejemplares que se agotaban en la semana... Y de que María Teresa Gramuglio, en 1984, dedicó su programa de Literatura Argentina del siglo XX en la Universidad de Buenos Aires a Saer (con el agregado de que muchos de los alumnos de la carrera de entonces resultaron críticos y narradores muy influyentes en la literatura argentina). Ahí empezó la cosa", dice Prieto, que estuvo a cargo de la curaduría del Año Saer para el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe.
"Creo que Saer siempre va a tener vigencia porque, por la vastedad de su obra, por su coherencia interna, por la contundencia en la concreción de su proyecto narrativo, por su radicalidad y por su altísimo valor literario y estético, es el novelista argentino más importante de la segunda mitad del siglo XX", dice Florencia Abbate, cuyo libro, publicado por Eduvim, propuso una nueva lectura de las novelas del santafesino como "variaciones imaginativas de la experiencia subjetiva del tiempo" y la historia argentina. "Sus novelas no representan la historia de un modo realista tradicional -explica-, sino a través de formas mucho más complejas, entre las cuales se destaca la construcción de un tiempo subjetivo que tiene características distintas a las del tiempo histórico en el cual se fundamenta la historiografía."
El paisaje como clave
Y a la pregunta sobre el tiempo se suma la pregunta por el espacio. El programa que se presenta esta semana en Santa Fe revisará la obra a partir del vínculo de Saer con el territorio en tres líneas definidas. "Una será la infancia en Serodino, el hecho de que Saer, hijo de inmigrantes sirios (una colectividad pequeña en un pueblo pequeño), en un contexto no extremadamente favorable para el ejercicio de las letras -el padre quería que fuese abogado o que siguiera sus pasos en la tienda-, haya terminado siendo uno de los grandes escritores argentinos cuya obra, además, se asienta sobre virtudes compositivas, sintácticas, prosódicas. Todo esto hace que pueda volcarse sobre Saer la pregunta que el mismo Saer se hacía sobre Cervantes en su poema ?Reales': ¿por qué hubo de ser él?", explica Prieto.
Otras dos líneas analizarán su etapa de formación en Santa Fe y en Rosario, entre 1958 y 1968, cuando partió a París definitivamente. Sus maestros y amigos escritores de entonces: Juan L. Ortiz, Adolfo Prieto, Hugo Gola, Aldo Oliva, unos años mayores, entre los primeros; María Teresa Gramuglio, Hugo Padeletti, Nicolás Rosa, Noemí Ulla, Jorge Conti, Rubén Sevlever, Rafael Ielpi, entre los segundos. Su relación con dos instituciones: el Instituto de Cine de Santa Fe y la Facultad de Filosofía y Letras; en la primera como profesor, en la segunda como estudiante inconsecuente. Y el modo en que ese territorio, ese paisaje (Santa Fe, Colastiné, Rosario, Rincón) se convierten en el magma de su obra. "No sólo de la escrita y publicada antes de su viaje a Francia en 1968, sino de toda su obra. El imaginario de toda su obra", agrega Prieto.
Siempre se sintió un inmigrante en Francia, estuvo siempre de paso. En El río sin orillas, dedicado a sus padres, de algún modo deja claro que él mismo repitió esa historia de inmigración. "Si bien Saer está poco tiempo en la Argentina, todo el imaginario de su obra, inclusive todo lo que escribe en Europa, es el universo de su juventud en Santa Fe, en Rosario, en Colastiné. Esto está claro en las cartas que le manda a la madre y a las hermanas desde que se va en 1968 hasta que se compra un teléfono en 1978. Hay diez años de correspondencia en la que todo el tiempo habla de volver. Compra una casa en Colastiné... vive una vida de inmigrantes. Los primeros tiempos la madre le mandaba encomiendas con ropa para él y su mujer. Su relato se diferencia del viaje mitológico a París que hace Cortázar, en el que cuenta que se la pasaba en el Louvre, en la bohemia del café. Saer no tuvo ese vínculo con París. Se fue quedando. En una entrevista que dio en los años 90 dijo que en París no había surubíes. Estaba todo el tiempo comparando París con Santa Fe y el mundo familiar", relata Prieto.
En el año en que se recuerdan los 30 de la muerte de Borges, un sector de la crítica coloca a Juan José Saer en un lugar de sucesor. Su editor, Díaz, cree que de algún modo lo es. "A partir de Glosa, Ricardo Piglia lo ubica en el canon posborgiano que inventa y repite en sus clases, conferencias y artículos. Ubica a Saer en el polo de la negatividad, junto a Puig, al que vinculaba con la cultura popular, y a Walsh como el escritor de la no ficción. Los tres, en la lectura de Piglia, conforman los vértices de la vanguardia argentina."
Para Prieto, sin embargo, no son mundos dominantes: "Hablando de la generación de Contorno -que decía que no se puede leer a Arlt sin eliminar a Borges-, Saer pensaba que eran mundos diferentes y por lo tanto, compatibles. La literatura argentina después de Borges incluye a Saer, a Puig, a los poetas y también a César Aira. Están además los gustos personales, los textos a los que uno quiere volver. Pero la literatura argentina tiene una dimensión que permite que convivan escritores de sintaxis diferentes. En términos personales es Saer el que más me gusta por la proximidad que siento con su mundo referencial".
En cualquier caso, reeditado, leído desde otras perspectivas (desde el arte, el cine, el teatro, la ópera), formando parte de la bibliografía obligatoria de todas las carreras de Letras del país, la de Saer pareciera ser nuevamente una novedad, volviendo a Pound, lejos de haberse convertido en una pieza de museo.











Año Saer
Apertura. El jueves, a las 18, se abrirá el Año Saer, en Santa Fe. Beatriz Sarlo presentará su libro Zona Saer. Y Guillermo Saavedra, Hinde Pomeraniec y Francisco Garamona lo harán con Una forma más real que la del mundo. A las 21.30, se presentará el unipersonal Sombras sobre un vidrio esmerilado.
Programa anual. Durante el año se estrenará la película El limonero real, de Gustavo Fontán, y una ópera de Maricel Álvarez; se realizará una muestra artística, una de manuscritos y un congreso internacional.

Clara Saer: "Decía que sólo se debe leer por gusto"
Clara Saer nació en Rennes en 1980. Es la hija menor de Juan José Saer. Vive en París donde trabaja como periodista para el diario Metronews escribiendo noticias sobre las grandes ciudades (Lyon, Marsella, Touluse, Niza). Junto a su madre Laurence Gueguen, es la responsable de cualquier decisión que se tome sobre la obra del escritor. Es la primera vez que en lugar de periodista es la entrevistada. Se comunica en castellano, lengua que paradójicamente practicó más con su madre francesa, ya que con su padre solía hablar en francés.
-¿Realiza alguna tarea relacionada con el legado literario de su padre?
-Como sabrá el año pasado murió mi hermano Jerónimo. Desde la muerte de nuestro padre éramos los dos sus albaceas ya que mis padres nunca se casaron. Tengo una sobrina de nueve años, Helia. Todas las decisiones artísticas las discutimos con mi madre; Alberto Díaz, el amigo y editor argentino de mi padre y nuestro agente, Guillermo Schavelzon. Es un deber para respetar a todas las personas que estudian la obra de Saer, a sus lectores y también a Helia, quien nunca conoció a su abuelo pero que hoy es su heredera directa.
-¿Cuál es el primer recuerdo de su padre escribiendo?
-Yo siempre lo vi escribir. La escritura era parte de nuestra vida cotidiana. Él no era una persona que se presentara como "escritor", y menos todavía ante su familia. Así que nunca se quejó del ruido o de la presencia invasiva de sus hijos. Él se adaptaba a nosotros y no lo contrario. De pequeña yo no lo veía mucho escribir porque lo hacía cuando yo estaba en la escuela, o de noche. Después me venía a buscar, me compraba una merienda, preparaba la cena, discutía con nosotros. Cosas de padre con sus hijos. Cuando crecí y no necesité más que se encargara de mí, sí que lo veía escribir en su despacho a la tarde. Pero igual, si estaba con mis amigos, escuchando música o charlando, se conformaba con cerrar la puerta de mi cuarto. El decía "para mis hijos no soy un escritor soy el padre", y así eran las cosas.
-¿De niña entendía cuál era su oficio?
-Yo entendía pero cuando uno lo interrogaba sobre este tema él contestaba que enseñaba, porque también era cierto y porque jamas se presentaba como escritor. En 25 años nunca lo oí referirse a sí mismo como escritor. Le parecía totalmente ridículo. Pero de muy joven yo sabia que él era mucho más escritor que profesor. De pequeña lo oía decir a mi madre: "hoy escribí tanto" u "hoy no pude escribir nada". Sentía que era importante para él. Cuando escribía Glosa yo tenia 5 o 6 años. Siempre me quería sentar en sus rodillas y escribir con la máquina. Un día que él necesitaba un poco de tranquilidad para acabar el libro me dijo. "Mira, necesito la máquina para escribir mi novela, pero a penas la termine te la regalo". Contaba riéndose que fue la peor idea que tuvo porque a partir de este día hasta que terminó Glosa, yo entraba en el despacho a cada rato para preguntarle "¿y para cuándo la máquina?"
-¿Cuál es su libro preferido?
-Por razones sentimentales diría La pesquisa, porque ocurre en París, en el Distrito XI donde vivimos hasta mis 13 años y donde también vivió mi hermano hasta su muerte. Tengo muy buenos recuerdos en ese barrio.
-¿Les inculcó el hábito de la lectura? ¿Les leía a la noche, al irse a dormir?
-A mí me encanta leer. Leo mucho y cosas muy diferentes. Yo creo que viene del hecho de que siempre vi a mis padres leer y que siempre hubo en mi casa un montón de libros. De pequeña, para dormir, él nos inventaba historias (la de un gorrión a quien le gustaban las pizzas... esa me encantaba). También leíamos mucho al lado suyo en el sofá. Como muchos niños mi hermano y yo estábamos un poco obsesionados con las colecciones: Jeronimo, con los comics de Spider Man y yo con los de Tintín. Nuestro padre nos los regalaba y le interesaban mucho las historias que a nosotros nos gustaban. Después creciendo descubrí la literatura norteamericana que me fascina y él me aconsejo la lectura de algunos autores que son muy importantes para mí: Kerouac, Fante, Steinbeck, Salinger y, por supuesto, los clásicos franceses Balzac, Zola. Pero entre estos sus preferencias iban a Proust, a Flaubert y a Faulkner cuyos ejemplares de su propia biblioteca conservo yo.
-¿Recuerda algo que él haya dicho respecto de la literatura?
-Mi padre siempre decia: «la littérature doit rester un plaisir», lo que quiere decir que se debe leer por gusto. Tenía razón. No hay peor cosa que leer por obligación.


Fuente- DIARIO LA NACION - BUENOS AiRES- 26 JUNIO 2016

FOTOS DE INTERNET.

jueves, 21 de marzo de 2013

CIUDAD SANTA FE DE LA VERA CRUZ: HOY JUEVES 21/3 COMIENZA EL SEGUNDO FESTIVAL NACIONAL DE LITERATURA ("FILBA NACIONAL")


La ciudad de Santa Fe será protagonista de una fiesta sin precedentes con la llegada del Segundo Festival de Literatura Filba Nacional, que a partir de mañana y hasta el domingo contará con 30 invitados, 9 sedes y más de 20 actividades culturales que darán cuenta de la enorme producción literaria argentina.

"Es tan importante que el Filba Nacional se organice este año en Santa Fe, no sólo por la lista notoria de escritores contemporáneos que ha nacido en la región, baste con nombrar a Angélica Gorodischer, a Jorge Riestra, a Liliana Bodoc, a Elvio Gandolfo, a Patricia Suárez o al propio Fontanarrosa", señala a Télam Diana Bellesi, poeta argentina nacida en Santa Fe y parte del consejo asesor del festival.

La poeta -autora de "La rebelión del instante"- abordará la presencia del río en la literatura, como socio y como enemigo, junto a Carlos María Domínguez, Damián Ríos y Sonia Scarabelli en el panel "Río revuelto", apunta.
"Aunque dejaré la narrativa de lado, a pesar del gigante del siglo XX que tiene Santa Fe, Juan José Saer, para dedicarme a la poesía que se ha escrito allí, entre ella `El arte de narrar`, del propio Saer", dijo.

"Cuando digo Santa Fe -continúa Bellesi- no me refiero sólo a la ciudad, sino también a Rosario y a todos sus pueblos aledaños de donde surgen poetas de primera magnitud, como José Pedroni (1899-1968), Arturo Fruttero (1909-1963), Irma Peirano (1917-1965), Felipe Aldana (1922-1970), Amelia Biagioni (1916-2000), Aldo Oliva (1927-2000), Hugo Padeletti (1928) y Hugo Gola (1927).

Para la escritora, esos son algunos gigantes, "con la sombra atrás de Juan L. Ortiz (1896-1978) que desde Entre Ríos irradió su poderosa influencia en la poesía de Santa Fe y de toda Argentina".

Según Bellesi, "harían falta muchos Filba para agotar la celebración y el estudio de la literatura de esta región, lo que muestra aquello que los organizadores de este festival tienen en claro: la literatura argentina no se acaba en Buenos Aires".

El escritor Carlos Bernatek, quien nació en Buenos Aires pero vivió muchos años en Santa Fe y se desempeñó como Subsecretario de Gestión Cultural en esa provincia, piensa que "es bueno que el Filba, pese a su nombre, no solo se haga sino que pose su mirada en aquello que se suele llamar `el interior del país`".

"Despojado de cualquier patrioterismo provinciano, creo que la literatura argentina centralizada en Buenos Aires está muy acostumbrada a mirarse el ombligo y, cada tanto, descubre a un autor de provincias, sobre todo cuando llega a Buenos Aires y consigue publicar algo significativo", explica el autor de "Rencores de provincia", quien participará del panel "Tensiones regionales".

Fernando Callero, escritor nacido en Entre Ríos, dice que "es una época interesantísima para la literatura en Santa Fe, ya que desde un tiempo a esta parte proliferaron las librerías de libreros, los proyectos editoriales, los autores jóvenes tienen mayor acceso a formación, intercambios y posibilidades de publicación" Además, "desde hace 8 años la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral viene desarrollando `El argentino de literatura`, un foro de discusión muy saludable", explica el autor de "El espíritu del joven Borja", quien ofrecerá un recital de poesía, junto a Sonia Scarabelli, Mario Ortiz, Beatriz Vignoli, Diana Bellessi y Francisco Bitar.

Por su parte, Francisco Bitar, poeta nacido en Santa Fe, menciona que "esta es una buena oportunidad para volver a una serie de preguntas fundamentales: ¿qué significa producir desde este punto del planeta?, ¿qué me une a otros escritores que, desde este lugar, intentaron hacerlo antes que yo?, ¿cómo se procesa esta producción desde `afuera`, sobre todo desde Buenos Aires?".

Y explica: "creo que estos problemas pueden pensarse a partir de las características de los invitados del Filba que, a grandes rasgos, formarían dos grupos: el de los escritores santafesinos y el de los escritores del resto del país".
"Significa además una gran oportunidad de revisar la `actualidad literaria` y saber en qué andan otros escritores. Pero, sobre todo, creo que se trata de una celebración y confío que lo mejor va a estar en el contacto, en la calle y la trasnoche", sostiene el poeta, quien formará parte del panel "El río en mí".

Por último, la poeta Sonia Scarabelli, nacida en Rosario, cuenta que "la ciudad de Santa Fe siempre tuvo para mí una impronta que me animaría a llamar legendaria, como si fuera una especie de zona de contacto con un imaginario que desde el sur de la provincia, desde Rosario, donde yo crecí y vivo, es de acceso más limitado, un modo de entrar en el tiempo y en un paisaje diferente".

"Creo que por su historia social y política -desde aquella primera fundación abandonada del siglo XVI hasta hoy-, por su ubicación, pero también por su significado cultural y literario, que más tarde se volvió, además, personal", explica la autora de "Celebración de lo invisible".

Y destaca: "leí `Glosa`, de Juan José Saer, en 1987, cuando tenía 18 años: Leerla fue un deslumbramiento que con el tiempo se convirtió en un modo de mirar".

"Esa novela me abrió otro mundo, uno cercano en más de un sentido, y marcó con un sello particular mi relación con la literatura argentina, que creo que tiene como una de sus marcas distintivas la capacidad de poner a dialogar sin mayores dificultades lo universal con lo local", expresa la escritora que participará de varios paneles y lecturas públicas.




Télam

domingo, 1 de enero de 2012

La "Correspondencia" del poeta y ensayista cordobés -rosarino por adopción- Francisco Gandolfo, editada por el también escritor Osvaldo Aguirre


Francisco Gandolfo, o la dignidad del lenguaje


Pablo E. Chacón


La "Correspondencia" del poeta y ensayista cordobés -rosarino por adopción- Francisco Gandolfo, editada por el también escritor Osvaldo Aguirre, y prologada por su hijo Elvio, es una muestra del vigor de la literatura de esa zona del litoral argentino.



Una cantera donde crecieron Juan L. Ortiz, Hugo Gola, Juan José Saer, Enrique Butti, Nicolás Rosa y otros muchos que se nutrieron tanto de Jorge Luis Borges como de Juan Carlos Onetti.


En esta suerte de diario en forma de intercambio epistolar -publicado por Ediciones en Danza- figura entre otros nombres Roberto Jorge Santoro, Irene Gruss, Jorge Aulicino, Luis Luchi, Mario Levrero, Bernardo Verbitsky, Ricardo Zelarrayán, Edgar Bayley, Rodolfo Alonso, Alfredo Veiravé, Raúl Gustavo Aguirre y Horacio Armani; Y por supuesto, Elvio, Sergio y Mario, sus hijos, escritores y dibujantes como su padre.


Gandolfo nació en Hernando el 7 de septiembre de 1921; desde muy joven trabajó como imprentero. A fines de 1948 se instaló en Rosario. En 1963 fundó la imprenta "La Familia", que aún funciona.


Entre 1968 y 1976, junto a su hijo Elvio, dirigió El lagrimal trifurca, una revista de poesía.


De esas lecturas irían a emerger, con el tiempo, los nombres de Daniel García Helder, Oscar Taborda, Martín Prieto, Hugo Padeletti, Mirta Rosenberg y otros más.


Publicó, entre otros libros, "Mitos", "El sicópata", "Poemas joviales", "El sueño de los pronombres", "Plenitud del mito", "Presencia del secreto", "Pesadillas", "Las cartas y el espía", "El búho encantado" y "Versos para despejar la mente". Falleció el 15 de enero de 2008.


En conversación con Télam desde Montevideo, Elvio Gandolfo cuenta que "la idea de la colección fue de Aguirre. Así que decidimos darle al archivo del viejo (que es público) para que trabajara tranquilo. La selección es representativa, de sus diversas épocas y del clima de trabajo, muy feliz hasta 1976".


En la nota preliminar, el autor de "La reina de las nieves", que ya había escrito sobre su padre ("Filial") en "Cuando Lidia vivía se quería morir", reproduce un poema titulado "Dos calles y dos alturas".


"De un leve tirón,/abro la ventana grande/del living un poco/empacada por la humedad./Apoyo los codos/en la madera, me invade/el fresco un poco mojado/del día que arranca/y veo abajo/pasar zumbando/(no es para tanto,/pero así parecen pasar)/los autos rumbo a/las tareas del día./Un agrado flotante,/insidioso y feliz,/me borra los restos/de una noche/de sueños confusos/y desorientantes (…)".


Pero el núcleo duro del libro es la correspondencia, una suerte de educación sentimental y estética in progress, que no termina (que no terminó) jamás para un hombre que no soportaba ni la uniformidad, ni los dogmas, ni la falta de sentido del humor, que cultivó hasta sus últimos días.


"En total, la correspondencia de Gandolfo", cuenta Aguirre a este medio, "se compone de 826 cartas, 749 en su archivo y 77 obtenidas en otros archivos, y unos 200 recortes de publicaciones periódicas", además de las colecciones de revistas que dirigió y los apuntes y los libros publicados.


La carta dirigida a Saer fechada el 26 de enero de 1975, dice: "Vos quizás no me conozcas pero yo te vi por primera vez en una mesa redonda (o cuadrada) de escritores aquí en Rosario, en el salón de actos de Radio Nacional".


"Presidía la mesa el viejo (Luis Arturo) Castellanos y vos, que entonces eras estudiante, tomaste parte como público de la polémica y me acuerdo que tuviste una actuación muy fogosa. Te contradijeron la defensa de Borges, que hoy todo el mundo considera un maestro, y cuando te impidieron seguir hablando te mandaste a mudar (…)".


"Después te volví a ver en un acto de la revista La Ventana, con la prensa de Juan L. Ortiz, que yo veía por primera vez. Cuando al fin el viejo se sentó en un sillón frente al público rodeado por el humo de su boquilla, me pareció el reducido gran mago de una extensa zona: el litoral. Habló un largo rato y después te llamó: ¿Ande está Saer? Venga pa` ca` Saer".


La influencia de César Vallejo es notoria en su producción y así lo dice, tanto como aprecia el empujón de Nicanor Parra, "especialmente en lo que respecta al humor seriamente calibrado dentro de la poesía".


No dejará de llamar la atención en este epistolario la ausencia de agresiones, descalificaciones, justificaciones ideológicas de manual cuando los protagonistas se cruzan con otros escritores. La dignidad del lenguaje es un atributo del poeta. El resto es el ruido de la información convertida en mercancía o propaganda.



http://www.telam.com.ar/nota/10158