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viernes, 19 de abril de 2013

En la Ciudad de Santa Fe (Argentina) GUSTAVO VITTORI PRESENTÓ SU LIBRO “BAJO EL CIELO DE ITALIA ” La italianidad que nos habita"


Ante una nutrida concurrencia que colmó las instalaciones de la Bolsa de Comercio fue presentado el nuevo libro. En un ambiente exquisito, se hizo presente el intelecto, acompañado por el buen gusto.


















Gustavo Menéndez, Albor Cantard,
Gustavo Vittori y Enrique Butti 
durante la presentación del libro. 
Foto: LUIS CETRARO

De la redacción de El Litoral
cultura@ellitoral.com


“Bajo el cielo de Italia” es el título del libro que presentó anoche el periodista y miembro del Consejo de Dirección de El Litoral, Gustavo José Vittori. El evento sucedió en las instalaciones de la Bolsa de Comercio -entidad de la que es vicepresidente- y contó con la presencia de un numeroso público conformado por afectos del autor, directivos de LT 10 y diario El Litoral, y funcionarios entre los que se contaron el actual intendente José Corral, el ex gobernador Hermes Binner y su esposa, y la ex vicegobernadora Griselda Tessio además de una numerosísima cantidad de público.

Inauguró la presentación Albor Cantard -rector de la Universidad Nacional del Litoral-, en compañía de Gustavo Menéndez -secretario de Extensión-, quien manifestó satisfacción por la realización del libro por parte de Ediciones UNL. “Quienes caminaron por Roma, Venecia, Florencia... saben que, como dice Vittori, ‘se sienten cosas extrañas’, y él encuentra las palabras para describirlas”, puntualizó Cantard.


La mayor parte de estos textos fueron publicados en El Litoral como notas de viaje, entre 1996 y 2004, y la publicación incluye una inédita y extensa (101 páginas) parte final dedicada a Roma.


En la pantalla las imágenes de Italia comenzaron a transcurrir -las mismas que contiene el libro capturadas en su mayoría por el autor- para dar lugar a los protagónicos de la noche.


El escritor Enrique Butti, prologuista del libro, luego de considerar las reales y calamitosas diferencias entre turistas y viajero, señaló que “escuchamos con estupor y envidia al viajero que estuvo donde estuvo con una presencia capaz de absorber las palpitaciones de un lugar. Gustavo Vittori es uno de ellos y el libro es el testimonio de su lúcida y estudiosa curiosidad”.


Butti mencionó la capacidad del escritor de instalarse en el presente, su mirada humanista, su sensibilidad ante la belleza y su inclinación periodística, tanto en el estudio de los datos certeros como en la reflexión ante los datos inciertos.


“Las crónicas de viajes tienen la capacidad de encantar al lector, de guiarlo como un amistoso cicerone, como sobrevolando, cómodamente instalados en una alfombra mágica”.


Por su lado, el autor se dedicó primero a los agradecimientos, ya que consideró que en parte es una obra colectiva: empezó por la UNL, mencionó los tres años de trabajo y sus ayudantes: Marcelo Soler, el letrista; su mujer y compañera de viajes Claudia Veronese; su amiga Susana Squeff; Enrique Butti; y a Carlos Méndez y Roberto Schneider.

Paseos y nostalgias


El libro y el interés de Vittori por Italia empezaron a gestarse cuando trajinaba las páginas de “Santa Fe en Clave”, en esa constante aparición de la cultura clásica y la civilización romana en los propios patrimonios. Italia es el país al que está vinculado por ascendencias familiares y culturales.


Tenía “una venda en los ojos”, un prejuicio, que se desvaneció cuando la italianidad comenzó a emerger y ese reencuentro lo llevó una y otra vez al país.

“Necesitaba entender y discernir, al menos en forma básica, la diversidad y complejidad de un paisaje, urbano y rural, al que una síntesis milenaria teñía con apariencias de homogeneidad”, escribe.


La presentación de sus miradas expuestas en el papel trasladan al autor a imágenes, historias, recuerdos y nostalgias: en Italia aparece, junto a Borges, Susana Bachini, quien fuera integrante del Consejo de Dirección de El Litoral, ya fallecida, a quien le dedica el capítulo. El viaje lo detiene en otro afecto que dejó de estar: Antonio Félix Francia (Antuco), quien lo empujó para que se anime a la compleja y laberíntica Roma. Y las crónicas, los viajes traen a Silvia Vittori -amiga, compañera, integrante del Consejo de Dirección- que “hacía fácil los viajes, siempre con su sonrisa”
.

En la pantalla y a modo de agasajo al escritor, apareció, casi en directo, bajo el cielo de Italia, Virginia Tola, que envió su saludo, y en su voz vibró “O mio Babbino Caro” de Puccini.

La interioridad



Dice el autor: “Este libro es un registro cargado de subjetividad, en el que el objeto de cada comentario está vinculado con una motivación personal. De modo que la porción, segmento, enfoque o recorte de una realidad -el fragmento elegido- que se procesa en los textos ofrecidos y en las imágenes que los complementan, expresan, a su vez, fragmentos de mi propia interioridad”.



Formas



“Bajo el cielo de Italia” arranca con el prólogo de Enrique Butti; “Fragmentos para compartir” del autor; le sigue “Novena” el texto y la tipografía creados por Marcelo Soler -también a cargo del diseño-, una letra construida en oportunidad de las nueve décadas de El Litoral; y antes del transitar bajo ese trozo de cielo prometido, el autor agradece a los que colaboraron en el nacimiento del libro.


El primer capítulo: “Flor de ciudad” dedicado a Florencia, “con ese exquisito toque de distinción que no se puede comprar”. Sigue “Tres hombres en un convento”: son Cosme de Medici, Giovanni da Fiesole y Jerónimo Savonarola. “El ‘David’, esclavo de su belleza”, “apenas despuntando el siglo XVI y a sus jóvenes 26 años, Miguel Ángel Buonarroti le hizo frente al reto escultórico y, en tres años, lo resolvió a su favor y el de la cultura universal. Capítulo IV: “Cenizas de Dante, rescoldo de pasiones”, “exiliado de Florencia en 1302 por razones políticas, nunca más volvió a su tierra”. En “Vestigios de amor bajo las losas”, “los cuerpos donde vibraron yacen fundidos con el polvo de la tierra, pero una energía indefinible se irradia desde sus tumbas para atraer a muchedumbres que buscan sedientas las fuentes del amor...”. También hay “Aromas de vida”, los que cantan presencias; y “Días de vinos y lirios”, “una ruta atraviesa el corazón de Chianti, la primera zona del mundo que obtuvo para su vino denominación de origen”. Venecia aparece en “Una fantasía colectiva”, “se despliega sobre un conjunto de islotes que asoman, próximos a la costa italiana, sobre aguas del mar Adriático”. “El laberinto de Borges”, Venecia 21 de abril de 1999... “el escritor aguardaba en uno de sus laberintos preferidos: la biblioteca mayor de la ciudad ‘de cristal y crepúsculo’, aquella que espeja en el agua salina su agonía sin tiempo”; “Caras de piedra” en Verona; “Milán, a vuelo de pájaro”, ciudad “grande, dura, orgullosa y monumental”; y allí le siguen “La casa de los hombres grandes” y “Un joyero que hace enmudecer al oro”.


En “Dos ciudades”, el autor traza paralelos entre Turín y Santa Fe. El capítulo XV: “Artesanos de la muerte” nace en el cementerio de la iglesia de Santa María de la Concepción de los Padres Capuchinos, ubicada en el número 27 de la romanísima Via Vittorio Veneto. Luego “Bomarzo”; y “En la casina, un mundo”, en el “complejo monumental de extensos jardines y grandes edificios del Vaticano”; y “Roma, matriz de Occidente”, “la ciudad tres veces milenaria se ha hecho y rehecho con los mismos materiales a través de los siglos”.








La música



La arpista Marcela Méndez y la cellista Gabriela Peirano brindaron un pequeño concierto integrado por las siguientes obras: “Quando m’en vo” de “Boheme” de Puccini; “Solo” de la “Lucia de Lamermoor” de G. Donizetti (ambas para arpa solo); “Andante de Fioroni”; “Sonata Nº 4” de Antonio Vivaldi para cello y arpa; “El Cisne” de Saint Saenz para cello y arpa; “El cisne negro” de Villa Lobos para cello y arpa; “Romance” de Claude Debussy para cello y arpa; “Après un rêve” de Gabriel Fauré para cello y arpa; “Spiegel um Spiegel” de Arvo Part, entre otros de similar jerarquía.






















Gabriela Peirano y Marcela Méndez,
protagonistas de un bello concierto. 
Foto: LUIS CETRARO



viernes, 4 de enero de 2013

SANTA FE DE LA VERA CRUZ: Enrique Butti, periodista, poeta, escritor, cineasta santafesino, argentino y universal

Caperucita Roja despide
los despojos del Lobo Feroz

(poema de Enrique Butti)


“Rerum annihilatio”
Hobbes


Nunca nunca me resignaré
Madre Lobo
al Paraíso Perdido de tu vientre
abuelita y yo
en tu seno generoso.

Madre Lobo
te entregaste a
flores y mieles
para alimentarnos.

La cofia y el camisón de abuelita
ya no los usabas por astucia
sino por felicidad
de encinto.

Tejías, te preparabas tisanas,
te hamacabas mirando el atardecer
te arrebujabas
junto al fuego.

Oh, tirano, quédate un poco quieto
te ordenábamos
abuelita y yo
entre risitas.

Abrazadas
hablábamos como siamesas.

Madre Lobo
que empollabas
la representación de nuestro mundo
fantasma de la oscuridad,
nuestra filosofía de la caverna.

Tirano, no creas a tus ojos
sino al doble seso
de tu estómago.

Dábamos pataditas,
te oíamos gruñir
dulcemente.

El lobo es la mujer
de las mujeres,
te complacía escucharnos
sentenciar.

Tirano,
lo despertábamos en medio de la noche.
¡Tirano!,
le tirábamos palabras
y él se adormecía al arrullo
de nuestro ronroneo.

Después, ya se sabe,
vino el estúpido leñador
mató a mamá lobo
y nos dejó otra vez
a la intemperie.

La primera palada
de tierra
que echaron sobre la fosa
entró en tu pecho
despanzurrado
lobito Pachamama.

Abuelita ya no quiso vivir.

Yo voy por el mundo
sola como un perro
alejándome por los campos
para aullar a la luna:
¿Lobo está?

Escarbando en tu tumba
que está en todas parte
s.
 
 
 










fuente: Piero De Vicari- Facebook

domingo, 13 de mayo de 2012

Comentario sobre la novela "El novio", del autor santafesino Enrique Butti, poeta, escritor, periodista, cineasta


 ENRIQUE BUTTI



El novio absoluto

Flavio Lo Presti
Especial

El novio es una novela extrañísima, tributaria –no siempre con ganancia– de una libertad que, según reclama la voz de su autor hacia el final, los escritores del tercer milenio han perdido.

A un argumento simple y desconcertante suma una ejecución coral compuesta por las voces de un cuadro, un zapato, una casa, una discusión marital, una miríada de mujeres freaks y otros tantos raros puntos de vista que fragmentan el relato, lo hacen extraño y generan el suspenso propio de la falta de un centro: la obligación de preguntarnos, más que por el futuro del relato, por su presente, por la naturaleza de lo que pasa realmente en el medio de todas esas versiones tan distintas.

Las acciones del personaje central son, por otra parte, simultáneamente opacas y transparentes. En el marco de una paranoia colectiva generada por la persecución de los "enclaustrados" (seres melancólicos que abandonan la vida y se encierran) el protagonista de la novela cumple las funciones de empleado de catastro inventariando las edificaciones de los edificios particulares, pero al mismo tiempo lleva adelante una misión encubierta: "censar" por la fuerza a estos enfermos que le han costado al país una cuarentena internacional.

Esta tarea le franquea el acceso al mundo interior de cientos mujeres solitarias, a las que presenta identidades escogidas según su extraordinaria capacidad para la lectura del alma femenina: para unas se llama Ignacio, para una es un delator, para otras tiene una melliza muerta, una pérdida infantil, un desengaño traumático o simplemente un spleen que sólo puede curarse con el remedio de una caminata por la costanera y el paseo de regreso a la casa de la festejada/damnificada, siempre con la expectativa del beso final.

El deseo del novio no tiene un ideal femenino definido: las mujeres son blancas y morochas, jóvenes y viejas, flacas y gordas, pudientes y proletarias, cubren el haz completo de la variedad femenina, y reciben el mismo cortejo y el mismo tratamiento.

Más que preferencias se insinúan aversiones: parecen desagradarle las mujeres que llevan la iniciativa ("la violadora", por ejemplo) o las que cruzan la línea que divide la caza del cazador, como la anciana que, devenida linyera por amor, abandona su casa y se instala enfrente de la pensión del Novio.

Su incansable actividad romántica (que no parece tener fines sexuales explícitos) requiere un meticuloso detalle que lleva con prolijidad en su agenda, un objeto que da el tono de la novela. En su propia voz (la agenda es una de las narradoras de la novela) nos enteramos de que es un producto discontinuado y anacrónico, bastante representativo del mundo completo construido por Butti: un mundo desvaído y agrietado, emparentado, tanto por sensibilidad como por algunas referencias (la Rete Carótida del cuento homónimo, la calle Amalia Jamilis), con el que Elvio Gandolfo compuso con pedazos de Montevideo y Rosario.

A pesar de su pasión omnívora, hacia el final de la novela el novio parece obsesionarse con una casada culona a la que todos los narradores llaman la Gallina, hermana de un pintor talentoso y que murió de "enclaustramiento". Los vaivenes de esta pasión final y una valija de dólares que le pertenece al muerto irán delineando el final grotesco que le corresponde a esta comedia de Butti, autor santafesino que ha merecido tres veces el premio del Fondo Nacional de las Artes, el Premio Alcides Greca para residentes en su provincia y el Premio Mario de Andrade por Indi, una recreación barroca de los años argentinos de Carlo Emilio Gadda.

Novela
"El novio", por Enrique Butti, El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2007, 240 páginas.

http://archivo.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=179229



ENRIQUE M. BUTTI:


Nació en Santa Fe (Argentina) en 1949. Estudió cine en el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral y en el Centro Sperimentale di Cinematografía di Roma.

Residió varios años en Italia y regresó a Santa Fe (Argentina) en 1983.

Trabaja en el diario EL LITORAL, estando a cargo de la sección de Artes y Letras, además es Pro-secretario de Redacción del mismo diario. 

Excelente poeta y escritor, y tambien autor de obras teatrales.



Libros de Enrique Butti:





- Aiaiay, (romanzo) Bs.As., Ed. Sudamericana 1986, pp. 157
- Claroscuro, (racconto) in Ocho cuentistas santafesinos, Santa Fe, Cuadernos de exyension universitaria, Universidad Nacional del Litoral, 1987, pp. 116 [pp. 37-49] (sono presenti racconti di Antognazzi, Balbi, Butti, Catania, Gómez, Herrero, Pagés, Sauco).
- No me digan que no, (romanzo per ragazzi) Bs.As., Ed. Colihue, 1989 e 1994, pp. 115
- Espina de diamante, (teatro) in 1° Concurso de obras teatrales breves, Santa Fe, Diario El Litoral, Editorial Colmegna, Banco BICA, 1990, pp. 58 [pp.47-58] (raccoglie i tre vincitori: Astrada, Suleimen, Butti)
- Del nombrar y de los nombres en la obra deJosé Pedroni, (saggistica), Santa Fe, Editorial Colmegna 1991, pp. 40
- Solfeo, (racconti) México, Editorial Corunda 1993, pp. 108
- La fruta de la perdición (teatro), Ediciones de la Cortada 1994; Concurso de dramaturgía 1993, Premio Fondo Nacional de las Artes 1993, pp. 61
- El Fantasma del Teatro Municipal, (romanzo per ragazzi), Bs.As., Ed. Colihue 1994, pp. 97, ill. di Cuk
- Carnavalito, (romanzo per ragazzi) Bs.As., Ed. Colihue, 1995, pp. 155
- Cuaderno de traducciones, (traduzioni) Santa Fe, Ediciones de la nada, El soplo y el viento n. 26, dicembre 1997, pp. 26
- Latente, (racconto) in XII Premio Max Aub 1998, Fundación Max Aub 1999, pp. 59 [pp. 3-39]. Mención de onor (Butti, Condoño Sánchez)
- Indí. Pasticciaccio argentino (romanzo), Bs.As., Editorial Losada 1998, pp. 212
- Opera omnia en mil volúmenes (racconto), in Nuestros cuentos. Una antología de la narrativa argentina, Ed. no comercial, 1998, pp. 205 [pp. 61-72]. Rist. in Los mejores cuentos del Litoral. Antología a cargo de Jorge Isaías. Ameghino Editora 1999, pp. 234 [49-53]
- Sin cabeza y encapuchados (romanzo per ragazzi), Bs.As., Ed. Colihue 2001, pp. 111, illustraz. di Pablo Zweig
- Despeñadero, Su nombre dorado (racconti) in Octopus II. Narradores argentinos contempóraneos, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral 2002, pp. 187 [pp. 49-51; 52-55] (racconti di Barbieri, Bernatek, Butti, Catania, Gómez, Morán, Pagés, Víttori)
- Porotita pajarona (racconto per bambini), Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral 2003, pp. 15, illustraz. di Istvansch
El Diablo mete la cola, y otros cuentos del Infierno (Cuentos, recreaciones de leyendas, refranes, dichos populares, exorcismos, citas, ejercicios didácticos). Con ilustraciones de María Jesús Alvarez. Rosario, Homo Sapiens Ediciones, Colección La Flor de la Canela, 2006, pp. 80.
Cada casa, un mundo. Novela de aventuras. Ediciones Colihue, colección La Movida. Ilustraciones de Javier A. González. Buenos Aires, Argentina, 2006.
El Novio. (novela) Buenos Aires, Ediciones El cuenco del plata 2007.
Lluvia de astros. Los inagotables mitos griegos. Rosarioes, Homo Sapiens Ediciones 2008.



edizioni italiane


- Aiaiay (romanzo), Roma, Prisma Editori 1989, pp. 125; traduzione di Luigi Maccione, postfazione di Fausto Pederzoli
- Pasticciaccio argentino, Il Saggiatore 1994, pp. 174, traduzione di Angelo Morino
- Una torta al vinavil, Torino, Einaudi 1994, pp. 108, a cura di Clementina Acerbi


altre edizioni
- It can't be too soon for me (racconto), in Hand in hand. Alongside the tracks and Other Stories, London, Constable 1992, pp. 172 [pp. 105-108]; traduzione di Norman Thomas di Giovanni e Susan Ashe


altre traduzioni
- Giuseppe Tomasi de Lampedusa: Los relatos, Bs.As., Perfil Libros, Ficciones Clásicos 1998, pp. 176; traduzione di Enrique Butti


FUENTE: http://www.narratori.org/butti/

domingo, 1 de enero de 2012

La "Correspondencia" del poeta y ensayista cordobés -rosarino por adopción- Francisco Gandolfo, editada por el también escritor Osvaldo Aguirre


Francisco Gandolfo, o la dignidad del lenguaje


Pablo E. Chacón


La "Correspondencia" del poeta y ensayista cordobés -rosarino por adopción- Francisco Gandolfo, editada por el también escritor Osvaldo Aguirre, y prologada por su hijo Elvio, es una muestra del vigor de la literatura de esa zona del litoral argentino.



Una cantera donde crecieron Juan L. Ortiz, Hugo Gola, Juan José Saer, Enrique Butti, Nicolás Rosa y otros muchos que se nutrieron tanto de Jorge Luis Borges como de Juan Carlos Onetti.


En esta suerte de diario en forma de intercambio epistolar -publicado por Ediciones en Danza- figura entre otros nombres Roberto Jorge Santoro, Irene Gruss, Jorge Aulicino, Luis Luchi, Mario Levrero, Bernardo Verbitsky, Ricardo Zelarrayán, Edgar Bayley, Rodolfo Alonso, Alfredo Veiravé, Raúl Gustavo Aguirre y Horacio Armani; Y por supuesto, Elvio, Sergio y Mario, sus hijos, escritores y dibujantes como su padre.


Gandolfo nació en Hernando el 7 de septiembre de 1921; desde muy joven trabajó como imprentero. A fines de 1948 se instaló en Rosario. En 1963 fundó la imprenta "La Familia", que aún funciona.


Entre 1968 y 1976, junto a su hijo Elvio, dirigió El lagrimal trifurca, una revista de poesía.


De esas lecturas irían a emerger, con el tiempo, los nombres de Daniel García Helder, Oscar Taborda, Martín Prieto, Hugo Padeletti, Mirta Rosenberg y otros más.


Publicó, entre otros libros, "Mitos", "El sicópata", "Poemas joviales", "El sueño de los pronombres", "Plenitud del mito", "Presencia del secreto", "Pesadillas", "Las cartas y el espía", "El búho encantado" y "Versos para despejar la mente". Falleció el 15 de enero de 2008.


En conversación con Télam desde Montevideo, Elvio Gandolfo cuenta que "la idea de la colección fue de Aguirre. Así que decidimos darle al archivo del viejo (que es público) para que trabajara tranquilo. La selección es representativa, de sus diversas épocas y del clima de trabajo, muy feliz hasta 1976".


En la nota preliminar, el autor de "La reina de las nieves", que ya había escrito sobre su padre ("Filial") en "Cuando Lidia vivía se quería morir", reproduce un poema titulado "Dos calles y dos alturas".


"De un leve tirón,/abro la ventana grande/del living un poco/empacada por la humedad./Apoyo los codos/en la madera, me invade/el fresco un poco mojado/del día que arranca/y veo abajo/pasar zumbando/(no es para tanto,/pero así parecen pasar)/los autos rumbo a/las tareas del día./Un agrado flotante,/insidioso y feliz,/me borra los restos/de una noche/de sueños confusos/y desorientantes (…)".


Pero el núcleo duro del libro es la correspondencia, una suerte de educación sentimental y estética in progress, que no termina (que no terminó) jamás para un hombre que no soportaba ni la uniformidad, ni los dogmas, ni la falta de sentido del humor, que cultivó hasta sus últimos días.


"En total, la correspondencia de Gandolfo", cuenta Aguirre a este medio, "se compone de 826 cartas, 749 en su archivo y 77 obtenidas en otros archivos, y unos 200 recortes de publicaciones periódicas", además de las colecciones de revistas que dirigió y los apuntes y los libros publicados.


La carta dirigida a Saer fechada el 26 de enero de 1975, dice: "Vos quizás no me conozcas pero yo te vi por primera vez en una mesa redonda (o cuadrada) de escritores aquí en Rosario, en el salón de actos de Radio Nacional".


"Presidía la mesa el viejo (Luis Arturo) Castellanos y vos, que entonces eras estudiante, tomaste parte como público de la polémica y me acuerdo que tuviste una actuación muy fogosa. Te contradijeron la defensa de Borges, que hoy todo el mundo considera un maestro, y cuando te impidieron seguir hablando te mandaste a mudar (…)".


"Después te volví a ver en un acto de la revista La Ventana, con la prensa de Juan L. Ortiz, que yo veía por primera vez. Cuando al fin el viejo se sentó en un sillón frente al público rodeado por el humo de su boquilla, me pareció el reducido gran mago de una extensa zona: el litoral. Habló un largo rato y después te llamó: ¿Ande está Saer? Venga pa` ca` Saer".


La influencia de César Vallejo es notoria en su producción y así lo dice, tanto como aprecia el empujón de Nicanor Parra, "especialmente en lo que respecta al humor seriamente calibrado dentro de la poesía".


No dejará de llamar la atención en este epistolario la ausencia de agresiones, descalificaciones, justificaciones ideológicas de manual cuando los protagonistas se cruzan con otros escritores. La dignidad del lenguaje es un atributo del poeta. El resto es el ruido de la información convertida en mercancía o propaganda.



http://www.telam.com.ar/nota/10158

jueves, 24 de noviembre de 2011

ENRIQUE M.BUTTI, uno de los más prolíficos y talentosos escritores y poetas santafesinos



Enrique Manuel Abondio Butti è nato a Santa Fe (Argentina) il 24 febbraio 1949. Ha studiato cinema nell'ex Instituto de Cine della Universidad Nacional del Litoral e nel Centro Sperimentale di Cinematografia di Roma dove ha creato il laboratorio di animazione. Ha vissuto vari anni in Italia; nel 1983 è tornato a Santa Fe dove risiede e lavora nelle pagine culturali del giornale "El Litoral".

Tra i riconoscimenti ottenuti annovera:
1986: Premio Fondo Nacional de las Artes (per Aiaiay)
1989: Premio Novela Juvenil-Colihue (per No me digan que no)
1990: Premio de Ensayo José Pedroni (per Del nombrar y de los nombres)
1991: Premio Concurso de Obras Breves de Teatro (per Espina de diamante)


Enrique M. Butti

L'intervista

Géneros
¿Qué es lo que al inicio del impulso a la escritura decide que lo que viene es poesía o narrativa? Hay algunos indicios que son los que ya conoce cual-quier adolescente con afición a las letras: si uno está instalado en la taquicardia existencial, aterrado, enamorado, ago-nizante, en levitación, cada palabra nace con tal carga, de plomo, hormona, Historia o desesperación, que es probable que se elija esa rara capacidad de la poesía para apresar y sostener el pronunciamiento del instante, del eterno presente. Esta vehemencia no impide la aplicación artesanal, y quizás la métrica y la rima rigurosas sean en última instancia buenos cimientos con que nos arma la tradición para que, aplacada la taquicardia, persista el estímulo al trabajo y borremos la vergüenza de aquella debilidad primera, la inspiración.

Después, si me gusta leer y escribir novelas es por el sortilegio de entrar a vivir en mundos distintos y paralelos, uno de los cuales dura mientras dura esa escricura o esa lectura, o mientras duran sus resonancias, a veces tan agudas y permeables e indelebles como el mundo cotidiano que permanece en los sueños, o como los sueños que permanecen en la vida cotidiana.

Y en el cuento sucede otra historia, el difícil intento por hacer confluir y concentrar esos dos mundos, o cuantos fueran. Desde la experiencia de la escritura, lo siento como el más gentil, el más misterioso y satisfactorio de los géneros que he trabajado, quizás porque participa de los arrebatos tan distintos de la novela y de la poesía, y porque su vida es más rápidamente independiente e integral.

El punto principal
Los rigores que trataron de imponer los estudios literarios de la segunda mitad del siglo XX para entronizarse en pseudociencia, tuvieron necesariamente que centrarse en el texto, obviando o negando la cuestión del gusto y lo que tuviera que ver con el lector. Con una mística anticipatoria y patética, los logros más concretos de esos estudios terminaron siendo explotados por la industria cibernética y por la mucho menos importante y más mezquina industria de la promoción literaria, tal como la conocemos hoy actuando en suplementos, merchandising, premios y nobeles, construcción de prestigios universitarios, etc. Entretanto, del lector, nada, Y el lector es el punto principal. Podía dejarse de escribir, ya que abunda biblioteca para rato, y si hubiera lector, la literatura sobreviviría. Pero si desaparece el lector, aunque haya quienes escriban (hay tantos escritores que no son lectores), ¿entonces, qué?

Como propuesta de progreso se decidió despreciar y anunciar la muerte del lector inocente, no del estúpido, sino del que no se remitiera a una lectura exclusivamente estética, como si desde los inicios de la literatura no se supiera que todo temblor de ella se origina fatalmente a través de la expresión. Conozco pocos escritores como la gente, pero nunca conocí un buen lector que por más jodido que fuese no valiera compartir toda la vida a su lado.

La historia del lector básicamente tiene que ver con la soledad. Me figuro que hay dos tipos de lectores: el que llega a los libros por los caminos de la soledad, y el que llega a la soledad por la frecuentación de los libros. La soledad de uno es sólo aparente: abandona antiguas o futuras compañías por otros, mejores amigos. La soledad del segundo es irreversible: no encuentra a nadie en los libros; él es autor de todo lo que lee.

Destronando las órdenes
Hay un ensayo, una confesión de Carlo Emilio Gadda, que se titula “Cómo no trabajo”, porque el texto que sigue es una irrupción de rabia y lamento contra los vates y demagogos de su tiempo. Y ahí Gadda habla de la carga de palabras que hay que echar a puñados, como a las gallinas maíces, como Colón echaba cuentas de vidrios a los indios para deslumbrarlos, ya que su reverencia Colón esperaba como contrapartida granos, patatas de oro. Y enseguida Gadda se planta y clama: “¡Ay de mí, yo no soy escritor colombófilo. No busco gallinas para echarles perlas vítreas. No quiero pepitas, ni patatas. No tengo indios bajo mi poder. No quiero tenerlos.”

No, ni indios ni esclavos. Pero de vez en cuando uno pública, y por algo será, por alguien. Seducción y no cadenas, entonces; si hay que llevarlo al lector, página a página, que sea con la sopapa de un beso, que dure del inicio al fin, sin aliento. Pero antes, claro, habrá que buscar un lugar de encuentro. Desbrozar, abrirse paso en la página en blanco, que bien vista es negra, como te decía, destronando las órdenes que exigen, amenazan, prometen, chantajean, de los puercos Judas besando el cuentero Homero, a la pequeña Sherezade, al pequeño Rimbaud, de los cerdos acordando voz de mando a fuerza de Expulsiones, estacas en el corazón, golpes en los nudillos para que aprendan, para que aprendamos, los aprendices de escritor, a emular sus malditas devastaciones e impotencias premiadas y reverenciadas, prometiéndonos futuras entronizaciones y vasallos genuflexos, gallinas, indios, esclavos.

No tuve maestros literarios. No quise tenerlos. Desconfié enseguida de sus maíces, de sus cuentas de colores, y aprendí que los artistas supremos se los encuentra en otro lado. Los específicamente literarios, en las bibliotecas; los vivientes, en las calles del mundo, si es que uno tiene ganas y sabe vagabundear.

intervista di Enrique Butti a Javier Adúriz,
in “OMERO poesía”, dicembre 2002, anno 4 / n. 9



- Aiaiay, (romanzo) Bs.As., Ed. Sudamericana 1986, pp. 157

- Claroscuro, (racconto) in Ocho cuentistas santafesinos, Santa Fe, Cuadernos de exyension universitaria, Universidad Nacional del Litoral, 1987, pp. 116 [pp. 37-49] (sono presenti racconti di Antognazzi, Balbi, Butti, Catania, Gómez, Herrero, Pagés, Sauco).

- No me digan que no, (romanzo per ragazzi) Bs.As., Ed. Colihue, 1989 e 1994, pp. 115

- Espina de diamante, (teatro) in 1° Concurso de obras teatrales breves, Santa Fe, Diario El Litoral, Editorial Colmegna, Banco BICA, 1990, pp. 58 [pp.47-58] (raccoglie i tre vincitori: Astrada, Suleimen, Butti)

- Del nombrar y de los nombres en la obra deJosé Pedroni, (saggistica), Santa Fe, Editorial Colmegna 1991, pp. 40

- Solfeo, (racconti) México, Editorial Corunda 1993, pp. 108

- La fruta de la perdición (teatro), Ediciones de la Cortada 1994; Concurso de dramaturgía 1993, Premio Fondo Nacional de las Artes 1993, pp. 61

- El Fantasma del Teatro Municipal, (romanzo per ragazzi), Bs.As., Ed. Colihue 1994, pp. 97, ill. di Cuk

- Carnavalito, (romanzo per ragazzi) Bs.As., Ed. Colihue, 1995, pp. 155

- Cuaderno de traducciones, (traduzioni) Santa Fe, Ediciones de la nada, El soplo y el viento n. 26, dicembre 1997, pp. 26

- Latente, (racconto) in XII Premio Max Aub 1998, Fundación Max Aub 1999, pp. 59 [pp. 3-39]. Mención de onor (Butti, Condoño Sánchez)

- Indí. Pasticciaccio argentino (romanzo), Bs.As., Editorial Losada 1998, pp. 212

- Opera omnia en mil volúmenes (racconto), in Nuestros cuentos. Una antología de la narrativa argentina, Ed. no comercial, 1998, pp. 205 [pp. 61-72]. Rist. in Los mejores cuentos del Litoral. Antología a cargo de Jorge Isaías. Ameghino Editora 1999, pp. 234 [49-53]

- Sin cabeza y encapuchados (romanzo per ragazzi), Bs.As., Ed. Colihue 2001, pp. 111, illustraz. di Pablo Zweig

- Despeñadero, Su nombre dorado (racconti) in Octopus II. Narradores argentinos contempóraneos, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral 2002, pp. 187 [pp. 49-51; 52-55] (racconti di Barbieri, Bernatek, Butti, Catania, Gómez, Morán, Pagés, Víttori)

- Porotita pajarona (racconto per bambini), Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral 2003, pp. 15, illustraz. di Istvansch

El Diablo mete la cola, y otros cuentos del Infierno (Cuentos, recreaciones de leyendas, refranes, dichos populares, exorcismos, citas, ejercicios didácticos). Con ilustraciones de María Jesús Alvarez. Rosario, Homo Sapiens Ediciones, Colección La Flor de la Canela, 2006, pp. 80.

Cada casa, un mundo. Novela de aventuras. Ediciones Colihue, colección La Movida. Ilustraciones de Javier A. González. Buenos Aires, Argentina, 2006.

El Novio. (novela) Buenos Aires, Ediciones El cuenco del plata 2007.

Lluvia de astros. Los inagotables mitos griegos. Rosarioes, Homo Sapiens Ediciones 2008.

edizioni italiane

- Aiaiay (romanzo), Roma, Prisma Editori 1989, pp. 125; traduzione di Luigi Maccione, postfazione di Fausto Pederzoli

- Pasticciaccio argentino, Il Saggiatore 1994, pp. 174, traduzione di Angelo Morino

- Una torta al vinavil, Torino, Einaudi 1994, pp. 108, a cura di Clementina Acerbi

altre edizioni

- It can't be too soon for me (racconto), in Hand in hand. Alongside the tracks and Other Stories, London, Constable 1992, pp. 172 [pp. 105-108]; traduzione di Norman Thomas di Giovanni e Susan Ashe

altre traduzioni

- Giuseppe Tomasi de Lampedusa: Los relatos, Bs.As., Perfil Libros, Ficciones Clásicos 1998, pp. 176; traduzione di Enrique Butti

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fuente: http://www.narratori.org/butti/index.php