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viernes, 13 de marzo de 2015
JORGE LUIS BORGES: Nuestro deber es la verosímil esperanza
Yo descreí de la democracia durante mucho tiempo pero el pueblo argentino se ha encargado de demostrarme que estaba equivocado. En 1976, cuando los militares dieron el golpe de Estado, yo pensé: al fin vamos a tener un Gobierno de caballeros. Pero ellos mismos me hicieron cambiar de opinión aunque tarde en tener noticias de los desaparecidos, los crímenes y las atrocidades que cometieron. Un día vinieron a mi casa las madres de Plaza de Mayo a contarme lo que pasaba. Hace poco estuve en el juicio y conocí al fiscal, allí recordé la frase de Almafuerte: "sólo pide justicia, pero será mejor que no pidas nada". Todo esto es muy triste y habría que tratar de olvidarlo. El olvido también es una forma de venganza. Fue un periodo diabólico y hay que tratar de que pertenezca al pasado. Sin embargo, por todo lo que ocurre ahora pienso que hay mucha gente que siente nostalgia por ese pasado. Claro que a mi me resulta fácil decir que debemos olvidar, probablemente si tuviera hijos y hubieran sido secuestrados no pensaría así.
Yo fui comunista, socialista, conservador y ahora soy anarquista. Es decir, yo en el año dieciocho creí en la revolución rusa. Ahora veo que ese es un modo de llegar al imperialismo. Me observo y me veo como a un hombre que cree estar enamorado de una mujer y luego comprueba que ya no lo está. Eso no ha sido una decisión mía. Ha sido algo que me fue revelado. He comprobado eso en mi. Ahora yo querría que hubiera un sólo Estado, que desaparecieran las diversas naciones, pero sé que no estamos maduros para eso. Hay, en este país, algunas circunstancias favorables que se han dado aquí y no en otras repúblicas del continente. Desearía preguntarme por qué no han sido aprovechadas. Tenemos una fuerte clase media, también es ventajosa la inmigración de muchos países. Creo que el nacionalismo es nuestro mal mayor. No considero a Latinoamérica como núcleo generador de nada y no creo que exista nadie que se considere latinoamericano y sienta eso como algo diferenciador. Ser de un país es una actitud de fe. Yo nunca pienso que soy mexicano. ¿Por qué habría de pensarlo, si en realidad soy argentino? Pero nosotros, los argentinos, insistimos en un nacionalismo y en un latinoamericanismo que es absurdo. Hay pocos países que tengan más próceres y aniversarios que el nuestro.
Por suerte no es tan excesiva la carga de pasado. Nietzsche quería que hubiera buenos europeos y quizá nosotros, los americanos, podemos serlo. Desde luego estoy seguro que no somos aborígenes. De la violencia actual tienen la culpa las dos grandes guerras europeas. De lo contrario, Europa podría mantener la hegemonía del mundo. Ahora estamos entre dos países que fomentan la violencia, Estados Unidos y la Unión Soviética.
Soy un hombre que se sabe incapaz de ofrecer sus soluciones, pero creo poder aceptar las de otros. No entiendo de política, mi vida personal no ha sido otra cosa que una serie de errores. Pero estoy condenado a ello. He tratado de ser un hombre ético, aunque quizá sea imposible serlo en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, ya que todos somos cómplices o víctimas, o ambas cosas. Sin embargo, creo en la ética. La ética puede salvarnos personalmente y colectivamente también. Yo, como usted, seguramente, estoy en un estado de resignada desesperación. No veo solución a los problemas que nos aquejan. Y no me refiero sólo a nuestro país, porque lo que aquí sucede es, sin duda, menos importante que lo que ocurre en el mundo entero. Creo que Spengler tenía razón cuando habló de la declinación de Occidente. Esa declinación es general.
Recuerdo que yo estaba en Madison, Wisconsin, hace dos años. Era la noche de Halloween, de las brujas y todos iban disfrazados o con máscaras a la fiesta. Yo estaba invitado a una y me compré una cabeza de lobo que tenía un olor horrible. Entré a la reunión aullando y gritando: homo homini lupus, el hombre es el lobo del hombre. En ese momento siento un tirón en el brazo: era un argentino que me decía "ha ganado Alfonsín". Se había producido el doble milagro, el de ese triunfo y el de que yo me disfrazara. Me sentí muy bien entonces porque habíamos salido de una pesadilla y la confianza de todos era lo que podía salvarnos. Ahora nuestro deber es la esperanza, la probable, la verosímil esperanza.
Jorge Luis Borges
El País, noviembre 3 de 1985.
Palabras de Borges tomadas de una entrevista con Carlos Ares para El País, 3 de noviembre de 1985.
viernes, 26 de diciembre de 2014
JORGE LUIS BORGES Y SU POESIA "LA FAMA".
LA FAMA
Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar.
Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe.
Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón.
Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín.
No haber salído de mi biblioteca.
Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote.
Haber conversado en Palermo con un viejo asesino.
Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafisica.
Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya.
Agradecer el ajedrez y el jazmín, los tigres y el hexámetro.
Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo.
Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino.
Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz.
No ser codicioso de las islas.
Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y (como todos los hombres) de Roma.
Agradecer los dones de la Luna y de Paul Verlaine.
Haber urdido algún endecasílabo.
Haber vuelto a contar antiguas historias.
Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas.
Haber eludido sobornos.
Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara una fama que no acabo de comprender.
Jorge Luis Borges, Buenos Aires, 1979.
Sociedad Mundial de Amigos de Jorge
Luis Borges
...la religión popular que existe en torno a Borges, y que tiene desde luego ciertas causas perfectamente explicables, viene sembrando desde hace tres décadas una triste confusión, aún en algunos estudiosos que podríamos reputar como serios. ... Y en el caso de Borges, son los legos los que parecieran tener una influencia determinante en su valoración, mayor aún que la de los especialistas e incluso mayor que la que debería emanar de los textos mismos.
Juan José Saer
Juan José Saer
La Sociedad Mundial de Amigos de Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto del año 2000, gestada por la larga aspiración de un lector agradecido: abrir un espacio convivial donde puedan fraternizar todas las personas que reconocen una filiación intelectual en la obra de Jorge Luis Borges y deseen compartir con otros contemporáneos los dones civilizadores de la Poesía, la Filosofía y las Artes.
Los Amigos de Borges distnguimos la obra, inmortal y perfecta, del hombre, mortal e imperfecto. Distinguimos J L B de su obra como se distingue la consciencia del inconsciente, o las intenciones de los hechos. No acatamos el culto fetichista de un hombre mejor que su obra, mitomanía que la explotación comercial de los que frecuentaron el individuo y la ignorancia de los muchos, los que miran sin ver ni leer, actualmente promueven en sumisión al pontificado de herederos ilégitimos.
Preferiremos siempre leer, indagar directamente en la obra, en el deseo que la engendró, descubrir sin prejuicios las confesiones ocultas en alguna esquina del texto alertados por las indicaciones dadas por Borges mismo, lector de Poe, a sabiendas que allí donde las dejó para nosotros no las verían quienes no buscan verdad.
Aplicamos así el método de estudio que nos enseñó Borges, sabiendo que la autoría inmortal de la obra es gracia del Espíritu Santo o de la Musa helena o del Inconsciente que descubrió Freud (el mismo año 1899 en que nacía Borges aunque, desde Sófocles, ya había sido anunciado por los poetas ).
Los Amigos de Borges distnguimos la obra, inmortal y perfecta, del hombre, mortal e imperfecto. Distinguimos J L B de su obra como se distingue la consciencia del inconsciente, o las intenciones de los hechos. No acatamos el culto fetichista de un hombre mejor que su obra, mitomanía que la explotación comercial de los que frecuentaron el individuo y la ignorancia de los muchos, los que miran sin ver ni leer, actualmente promueven en sumisión al pontificado de herederos ilégitimos.
Preferiremos siempre leer, indagar directamente en la obra, en el deseo que la engendró, descubrir sin prejuicios las confesiones ocultas en alguna esquina del texto alertados por las indicaciones dadas por Borges mismo, lector de Poe, a sabiendas que allí donde las dejó para nosotros no las verían quienes no buscan verdad.
Aplicamos así el método de estudio que nos enseñó Borges, sabiendo que la autoría inmortal de la obra es gracia del Espíritu Santo o de la Musa helena o del Inconsciente que descubrió Freud (el mismo año 1899 en que nacía Borges aunque, desde Sófocles, ya había sido anunciado por los poetas ).
Por ello tomamos la obra Borges como un hilo de Ariadna para recorrer los laberintos del conocimiento en busca de alguna sabiduría. Estamos persuadidos que Quien leyere una línea de Borges exhuma una biblioteca entera; tal es la densidad de saber y el rigor intelectual que la gracia de su verbo evoca.
Nuestros programas quieren alentar el estudio de Borges para estimular la educación personal y desarrollar las facultades intelectuales del lector y sus talentos creadores. Así, caminando en busca de sabiduría, queremos alentar la adquisición de virtudes socráticas, modelo que Borges preconizó como ideal ético y de transmisión de saber, para forjar ciudadanos responsables de su acción en el mundo.
Nuestros programas quieren alentar el estudio de Borges para estimular la educación personal y desarrollar las facultades intelectuales del lector y sus talentos creadores. Así, caminando en busca de sabiduría, queremos alentar la adquisición de virtudes socráticas, modelo que Borges preconizó como ideal ético y de transmisión de saber, para forjar ciudadanos responsables de su acción en el mundo.
Deseamos que los beneficiarios de nuestra acción educativa y cultural sean en particular las jóvenes generaciones, ya que, entre las posibilidades de su quehacer, les toca la construcción de un futuro mejor para toda la humanidad.
En las páginas de este sector se informa sobre los objetivos de la Sociedad Mundial de Amigos de Jorge Luis Borges, es decir sobre el tamaño de nuestra esperanza y sobre lo que, hasta ahora, hemos podido realizar gracias, exclusivamente, a nuestro amor y trabajos cotidianos, es decir: sin favores del nepotismo que caracterísa hoy los poderes políticos, sin la comodidad salarial de las "autoridades de la cultura" y sin la explotación comercial de obras ajenas.
Las personas comprometidas con la hombría de bien y la amistad ecuménica que nos gobiernan, elogiadas por Borges como las más altas virtudes éticas, serán muy bienvenidas a cooperar en este proyecto surnatural que ocupa el espacio total de mi alma.
Las personas comprometidas con la hombría de bien y la amistad ecuménica que nos gobiernan, elogiadas por Borges como las más altas virtudes éticas, serán muy bienvenidas a cooperar en este proyecto surnatural que ocupa el espacio total de mi alma.
sábado, 11 de octubre de 2014
JORGE LUIS BORGES: uno de los más grandes poetas y escritores argentinos y universales del siglo XX
.
del Anecdotario
Borges
se encuentra con el poeta Carlos Mastronardi y, al ser consultado acerca de su
cuñado, Guillermo de Torre, Borges responde que la relación va cada vez mejor:
“Yo no lo veo y él no me escucha”. De Torre, obviamente, se estaba quedando
sordo.
Fuente: De La Jorge Luis Borges-Facebook.
domingo, 6 de julio de 2014
JORGE LUIS BORGES, UNO DE LOS MAS GRANDES Y TALENTOSOS POETAS Y ESCRITORES ARGENTINOS Y UNIVERSALES- 17 HAIKUS.
Los haikus de
Jorge Luis Borges
Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.
La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.
no es ahora otra cosa
que una fragancia.
¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?
el sueño que olvidé
antes del alba?
Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.
La música sabía
lo que yo siento.
Hoy no me alegran
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.
Oscuramente
libros, láminas, llaves
siguen mi suerte.
libros, láminas, llaves
siguen mi suerte.
Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.
no he movido las piezas
en el tablero.
En el desierto
acontece la aurora.
Alguien lo sabe.
acontece la aurora.
Alguien lo sabe.
La ociosa espada
sueña con sus batallas.
Otro es mi sueño.
sueña con sus batallas.
Otro es mi sueño.
El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.
Ésta es la mano
que alguna vez tocaba
tu cabellera.
que alguna vez tocaba
tu cabellera.
Bajo el alero
el espejo no copia
más que la luna.
el espejo no copia
más que la luna.
Bajo la luna
la sombra que se alarga
es una sola.
la sombra que se alarga
es una sola.
¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?
La luna nueva
ella también la mira
desde otro puerto.
ella también la mira
desde otro puerto.
Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe
que te consuela.
El ruiseñor no sabe
que te consuela.
La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.
sigue trazando versos
para el olvido.
Luego de su viaje a Japón,
el escritor argentino Jorge
Luis Borges publicó en su
libro “La cifra” 17 poemas
haiku que compuso en 1981.
haiku que compuso en 1981.
fuente:
http://pequeniosuniversos.wordpress.com/
literatura/los-haikus-de-jorge-luis-borges/
literatura/los-haikus-de-jorge-luis-borges/
quien los tomó de LA FUNDACION BORGES.
sábado, 25 de enero de 2014
CITAS CITABLES / PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES / FRASES MEMORABLES / HOY; JORGE LUIS BORGES
"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón."
- Jorge Luis Borges
viernes, 20 de diciembre de 2013
CITAS CITABLES / PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES / FRASES MEMORABLES/ HOY: JORGE LUIS BORGES, ARGENTINO Y UNIVERSAL.
“El verbo leer, como el verbo amar y el
verbo soñar, no soporta ‘el modo
imperativo’. Yo siempre les aconsejé a
mis estudiantes que si un libro los
aburre lo dejen; que no lo lean porque
es famoso, que no lean un libro porque
es moderno, que no lean un libro
porque es antiguo.
La lectura debe ser una de las formas
La lectura debe ser una de las formas
de la felicidad y no se puede obligar
a nadie a ser feliz.”
— Jorge Luis Borges
— Jorge Luis Borges
Escritor, poeta, intelectual argentino, tal vez
el más conocido universalmente.
lunes, 18 de marzo de 2013
JORGE LUIS BORGES, maestro de maestros, escritor, poeta, intelectual, uno de los más grandes escritores argentinos, latinoamericanos y universales de todos los tiempos nos regala FUNES EL MEMORIOSO
Jorge Luis Borges
(1899–1986)
Funes El Memorioso
(Artificios, 1944;
Ficciones, 1944)
Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo
sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha
muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha
visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la
noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y
singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos
afiladas de trenzador.
Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre.
Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo —género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño: Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres; “Un Zarathustra cimarrón y vernáculo”; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.
Mi primer
recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o
febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a
veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la
estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era
la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso,
una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba
el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la
esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental.
Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón
que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había
oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé
los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como
por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas,
recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin
límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo?
Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro
mínutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda,
burlona.
Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de
referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi
primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de
mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro.
Me
dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por
algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la
hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo,
María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico
del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del
departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de
los Laureles.
Los años ochenta y cinco y ochenta y seis
veraneamos en la ciudad de Montevideo. El ochenta y siete volví a Fray
Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y,
finalmente, por el “cronométrico Funes”. Me contestaron que lo había
volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado
tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la
noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San
Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo
Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Me
dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en.la higuera del
fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a
la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era
benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la
reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una,
inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la
contemplación de un oloroso gajo de santonina.
No sin
alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico
del latin. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el
Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen
impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue
excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un
pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse
del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y
ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente
fugaz, “del día siete de febrero del año ochenta y cuatro”, ponderaba
los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo
año, “había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de
Ituzaingó”, y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes,
acompañado de un diccionario “para la buena inteligencia del texto
original, porque todavía ignoro el latín”. Prometía devolverlos en buen
estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la
ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, j por g. Al
principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no,
que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o
a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento
que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad
Parnassum de Quicherat. y la obra de Plinio:
El catorce de
febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente,
porque mi padre no estaba “nada bien”. Dios me perdone; el prestigio de
ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a
todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y
el perentorio adverbio, la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo
un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de
dolor. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer
tomo de la Naturalis historia. El “Saturno” zarpaba al día siguiente,
por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes.
Me asombró que la noche fuera no menos pesada que el día.
En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo
estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a
oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la
vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo
patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto
la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que
venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o
plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de
tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el
enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del
vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La
materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut
nihil non usdem verbis redderetur auditum.
Sin el menor
cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando.
Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua
momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté;
repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo,
ahora, al más dificil punto de mi relato. Este (bueno es que ya lo sepa
el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo de hace ya medio
siglo.
No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.
Ireneo empezó por enumerar, en
latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la
Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su
nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que
administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides,
inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir
con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se
maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa
tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son
todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado.
(Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de
nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como
quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi
todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente
era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias
más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido.
El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un
precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.
Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes,
todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía
las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de
mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las
vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con
las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera
de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen
visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía
reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces
había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada
reconstrucción había requerido un día entero.
Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como 1a vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoría, señor, es como vacíadero de basuras. Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.
Esas cosas me dijo; ni entonces ni
después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos
ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie
hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando
todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos
in—mortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y
sabrá todo.
La voz de Funes, desde la oscuridad, seguía hablando..
Me dijo que hacia 1886 había discurrido un sistema original de
numeración y que en muy pocos días había rebasado el veinticuatro mil.
No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía
borrársele. Su primer estímulo, creo, fue el desagrado de que los
treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en
lugar de una sola palabra y un solo signo.
Aplicó luego ese disparatado principio a los otros números. En lugar de siete mil trece, decía (por ejemplo) Máximo Pérez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros números eran Luis Melián Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, gas, 1a caldera, Napoleón, Agustín vedia. En lugar de quinientos, decía nueve. Cada palabra tenía un signo particular, una especie marca; las últimas muy complicadas... Yo traté explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario sistema numeración. Le dije decir 365 tres centenas, seis decenas, cinco unidades; análisis no existe en los “números” El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendió o no quiso entenderme.
Locke, siglo XVII, postuló (y reprobó) idioma imposible en el que cada
cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera nombre
propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por
parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no
sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de
las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una
de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría
luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de
que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó
que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos
los recuerdos de la niñez.
Los dos proyectos que he
indicado (un vocabulario infinito para serie natural de los números, un
inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son
insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan
vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo
olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le
costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos
individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba
que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo
nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente).
Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir.
Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucios y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente.
Había
aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín.
Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar
diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes
no había sino detalles, casi inmediatos.
La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.
Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado.
Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció
monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las
profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que
cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me
entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles.
Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.
martes, 12 de octubre de 2010
Jorge Luis Borges, un Grande de la Literatura Universal, y el más grande de Argentina

“Uno llega a ser grande por
lo que lee y no por lo que escribe.”
Jorge Luis Borges
(Nace:24 de Agosto 1989-Bs.Aires-Argentina
Muere: 14 de Junio 1986, Ginebra-Suiza)
El más Grande Escritor argentino.
Uno de los Grandes escritores universales.
"En 1946, al asumir Perón el gobierno, elegido en elecciones realizadas en ese año, es transferido en julio por el intendente Emilio Siri de su puesto de bibliotecario al de inspector de pollos, gallinas y conejos en las ferias municipales. Se trataba de una humillante venganza por su decidida oposición al peronismo."
Borges renuncia y sigue dando conferencias (siempre vigiladas por policías o pesquisas del gobierno peronista) en el Instituto de Cultura Inglesa para ganarse la vida.
Borges ha sido recompensado en su país y en el extranjero con un gran número de distinciones; entre ellas podemos nombrar:
el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que fue creado especialmente para él; de la cual fue presidente desde 1950 a 1953,
el Primer Premio Nacional de Literatura ( 1956 ),
el Premio Alfonso Reyes de México, el Premio Interamericano de Literatura Matarazzo Sobrinho de Brasil,
en 1965 el embajador de Italia le entrega la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia,
en 1966 recibe de la comuna de Milán el IX Premio Internacional Madonnina,
el 22 de Mayo de 1968 el embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana en el grado de Gran Oficial,
a fines de Agosto de 1976 el gobierno de Chile lo condecora con la orden al mérito Bernardo O' Higgins en el grado de Gran Cruz,
en Agosto de 1979 recibe de la República de Santo Domingo el premio denominado Canoabo de oro,
el 3 de Junio de 1981 recibe en Cambridge (E.E.U.U) el doctorado Honoris de la Universidad de Harvard, a fines del mismo mes se le otorga el Doctorado Honoris Causa en Letras de la Universidad de Puerto Rico,
fue designado doctor " honoris " causa de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad de Michigan (E.E.U.U ), etc.
Desde 1962 fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Su nombre fue propuesto varias veces para el Premio Nobel de Literatura.
Sus obras se han traducido a veintiún idiomas. Como narrador, es considerado uno de los grandes cuentistas de la literatura universal.
Sus obras han influido en escritores de todas las latitudes."
(FUENTE: http://ajedrezyborges.blogspot.com)
"1955-1973 Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges (1899-1986). Considerado el mayor escritor argentino del siglo XX, su obra es por demás conocida, tanto en narrativa como en poesía y ensayo. Se inició en el quehacer bibliotecario en la Biblioteca Miguel Cané, de la que fue empleado desde 1937 a 1946.
Desplazado del cargo por el gobierno peronista que se iniciaba, fue el derrocamiento de éste el que lo condujo a la Biblioteca Nacional, de la que fue nombrado director en 1955.
Las enciclopedias, los catálogos, las taxonomías, cautivaron a menudo la atención literaria de Borges. Más precisamente las bibliotecas, expandidas hasta confundirse con el Universo y con inextricables laberintos, constituyeron una de las obsesiones de la obra literaria de Borges y el tema central de uno de sus cuentos más recordados, "La Biblioteca de Babel".
Su etapa al frente del viejo edificio de la calle México fue percibida por él mismo como una simbólica sucesión de Groussac, sin duda uno de sus maestros, con el que compartió el cargo y la ceguera; así lo transmite en el famoso "Poema de los dones", en el que asimismo confiesa “...me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca...”.
La extensión temporal de su dirección de la BN coincidió con su desempeño como profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Estuvo asimismo cifrada por su inconmovible antiperonismo, ya que convivió con gobiernos de variado carácter y orientación, para abandonar el cargo apenas el movimiento nacido en 1945 retorna finalmente al gobierno.
El nombre y la figura de Borges han quedado ligados de modo indeleble a la Biblioteca Nacional de Argentina.
(Fuente: http://www.bn.gov.ar/galeria-de-directores)
sábado, 8 de mayo de 2010
Jorge Luis Borges: poema "Juan López y Juan Ward

JUAN LÓPEZ Y JUAN WARD
Jorge Luis Borges
Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en diversos países,
cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias,
de un pasado sin duda heroico, de
agravios, de una mitología peculiar, de próceres
de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos.
Esa arbitraría división era favorable a las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río
inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido
revelado en un aula de la calle Viamonte.
Hubieran ido amigos, pero se vieron una sola vez,
cara a cara, en unas islas demasiado famosas,
y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.
El planeta había sido parcelado en diversos países,
cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias,
de un pasado sin duda heroico, de
agravios, de una mitología peculiar, de próceres
de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos.
Esa arbitraría división era favorable a las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río
inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido
revelado en un aula de la calle Viamonte.
Hubieran ido amigos, pero se vieron una sola vez,
cara a cara, en unas islas demasiado famosas,
y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.
La obra de Borges está compuesta fundamentalmente por poesía, aunque también los ensayos y los cuentos cumplen un papel importante.
Si se analiza profundamente la obra de Borges, se pueden distinguir dos etapas:
Primera etapa (1923-1930): se caracteriza por el verso libre, el poema. A este período pertenecen Fervor de Buenos Aires y Cuaderno San Martín, entre otras.
Segunda etapa (1930-1986): se caracteriza por el ensayo breve y la ficción. A éste período pertenecen los ensayos Discusión e Historia de la Eternidad, entre otros. Y los relatos Historia Universal de la Infamia, El Aleph.
ésta lista muestra la en su totalidad la obra de Jorge Luis Borges:
CUENTOS:
•El jardín de senderos que se bifurcan (1941)
•Ficciones (1944)
•El Aleph (1949)
•La Muerte y La Brújula (1951)
•El Informe de Brodie (1970)
•El Libro de Arena (1975)
NO CLASIFICADOS:
•Historia Universal de la Infamia (1935)
•El libro de los seres imaginarios (1968)
•Atlas (1985)
ENSAYOS:
•Inquisiciones (1925)
•El tamaño de mi esperanza (1926)
•El idioma de los Argentinos (1928)
•Evaristo Carriego (1930)
•Discusión (1932)
•Historia de la Eternidad (1936)
•Otras Inquisiciones (1952)
•El Congreso (1971)
•Siete Noches (1980)
•Nueve Ensayos Dantescos (1982)
POESÍA:
•Fervor de Buenos Aires (1923)
•Poemas (1923-1943)
•Luna de enfrente (1925)
•Cuaderno San Martín (1929)
•El hacedor (1960)
•Para las seis cuerdas (1967)
•Elogio de la sombra (1969)
•El otro, el mismo (1969)
•El oro de los tigres (1972)
•Obra poética (1923-1976)
•La Rosa Profunda (1975)
•Historia de la noche (1976)
•La moneda de hierro (1976)
•La Cifra, (1981)
•Los Conjurados, (1985)
ANTOLOGÍAS:
•Antología personal (1961)
•Nueva antología personal (1968).
•Libro de sueños (1976)
GUIONES DE CINE:
•Los orilleros (1939).
•El paraíso de los creyentes (1940).
•El paraíso de los creyentes (1940).
•Invasión (1969).
•Les autres (1972).
OBRAS EN COLABORACIÓN:
· Índice de la poesía americana (1926), antología con Vicente Huidobro y Alberto Hidalgo
· Antología clásica de la literatura argentina (1937), con Pedro Henríquez Ureña
· Antología de la literatura fantástica (1940), con Bioy Casares y Silvina Ocampo
· Antología poética argentina (1941), con Bioy Casares y Silvina Ocampo
· Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), con Bioy Casares
· El compadrito (1945), antología en colaboración con Silvina Bullrich
· Dos fantasías memorables (1946), con Bioy Casares
· Un modelo para la muerte (1946), con Bioy Casares
· Obras escogidas (1948).
· Antiguas literaturas germánicas (México, 1951), con Delia Ingenieros
· El idioma de Buenos Aires (1952), con José Edmundo Clemente
· Obras completas (1953)
· El Martín Fierro (1953), con Margarita Guerrero
· Poesía gauchesca (1955), con Bioy Casares
· Cuentos breves y extraordinarios (1955), con Bioy casares
· El paraíso de los creyentes (1955), con Bioy casares
· Leopoldo Lugones (1955), con Betina Edelberg
· Los orilleros (1955), con Bioy Casares
· La hermana Eloísa (1955), con Luisa Mercedes Levinson
· Manual de zoología fantástica (México, 1957), con Margarita Guerrero
· Los mejores cuentos policiales (1943 y 1956), con Bioy Casares
· Libro del cielo y del infierno (1960), con Bioy Casares
· Introducción a la literatura inglesa (1965), con María Esther Váquez
· Literaturas germánicas medievales (1966), con María Esther Vázquez
· Introducción a la literatura norteamericana (1967), con Estela Zemborain de Torres
· Crónicas de Bustos Domecq (1967), con Bioy Casares.
· El libro de los seres imaginarios (1967), escrito en colaboración con Margarita Guerrero.
· ¿Qué es el budismo? (1976), con Alicia Jurado
· Diálogos (1976), con Ernesto Sábato
· Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977), con Bioy Casares
· Breve antología anglosajona (1978), con María Kodama
FUENTE: PARTE DE UNA MONOGRAFIA SOBRE BORGES
AUTOR:Ulises Wagner
http://www.monografias.com/trabajos65/jorge-luis-borges/jorge-luis-borges2.shtml
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